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TENIS

WTA. Barty, la nueva mejor jugadora del mundo, confiesa sus problemas mentales

lunes 24 de junio de 2019, 22:54h
La australiana se ha convertido en número 1 de la WTA contra todo pronóstico.

Ashleigh Barty es la nueva número uno del teis femenino. La australiana ha acabado por liderar el ránking de la WTA después de haber despegado en 2018 y de coronar su evolución precoz en 2019 con el título de Roalnd Garros, su primer Grand Slam. Esta semana pasada comenzó su participación en el torneo de Birmingham sabiendo que la baja de Naomi Osaka -anterior mejor jugadora del planeta- le ponía el cetro de este deporte en bandeja. Tenía que ganar el trofeo inglés.

Y luciría en la hierba hasta el punto de vencer con una lesión en el hombro que se ha conocido este lunes. El domingo despachó a la alemana Julia Goerges por 6-3 y 7-5, cosechando la gloria en la final y, de paso, convirtiéndose en la segunda australiana que es número uno en la historia del tenis femenino -la otra es Evonne Goolagong, quien sostuvo el honor durante dos semanas en 1976-. Así, con solvencia e ilusión, esta competidora confirmó su irrupción en al élite de la mejor manera.

Ella y la japonesa Osaka protagonizan la pujanza de la nueva generación que está abocando al rol de extra a otrora gigantes como Serena Williams. Barty, de 23 años, empezó su cosecha profesional individual en 2017, cuando se hizo con el torneo de Kuala Lumpur. En 2018 amontonaría éxitos (Nottingham y el Élite Trophy de la WTA) y en esta temporada avisó coronándose en el torneo de Miami, antes de alzar los brazos en París y en Birmingham. Su recorrido le ha deparado la condición de puntera del circuito femenino en un trabajoso esfuerzo.

Y es que esta australiana llamada a mandar en más de un Grand Slam -ya había ganado el US Open de 2018, en su versión de dobles- tiene una historia muy particular. Porque comenzó a ejercer de doblista consumada en 2013 (ganando en Birmingham, precisamente), pero cuando lo intentó en el plano individual sufrió un descreimiento en su tenis terrible. Tras se eliminada en la primera ronda del US Open de 2014 tiró la toalla y tomó la decisión de pasarse al profesionalismo en el cricket. Una postura que la alejó del tenis durante dos años. Colgó la raqueta con 18 años. Parecía que su existencia iba a avanzar lejos de las pistas.

En cambio, en 2016 volvió a familiarizarse con las sensaciones como tenista y ya no lo dejaría. Se implicó más que nunca y retomó sus éxitos como doblista para dar el salto definitivo al circuito femenino en individuales. Un impulso que le ha deparado un éxito inesperado y que le ha conllevado algún que otro problema de tipo mental. En una charla con el diario británico The Telegraph, ha confesado las dificultades que se le han presentado al aterrizar y asentarse en la élite del tenis internacional.

Los problemas empezaron cuando se proclamó campeona junior en Wimbledon, en 2011. "Aquello fue lo mejor y lo peor que me ha pasado. Nunca lo cambiaría por nada, nunca. Todavía guardo algunos de los mejores recuerdos de mi vida en aquella semana. Pero sigo pensando que todo sucedió demasiado pronto. Recuerdo jugar mi primera partido en la Pista 4 y ya sentirme favorita. Nunca había estado tan nerviosa, aunque luego fui ganando en comodidad".

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La presión temprana le ha hecho mella. "La hierba siempre me ha parecido la superficie más natural, incluso ahora. Volver al Parque Aorangi y ver mi nombre escrito en la pizarra es muy agradable”, continuó, antes de confirmar que "no fue exactamente después de ganar Wimbledon, pero sí tuve un período de mi vida donde realmente luché por mi salud mental. A los 16, 17 y 18 años. Para mí era importante trabajar en esto, pero creo que era todavía más importante tomarme un tiempo lejos del tenis". Le costaba viajar tanto como el exige la vida de una tenista de éxito y apostó por el cricket como una suerte de tiempo para volver a enamorarse de la lógica de la raqueta.

"Esta parte del año conlleva estar fuera de casa cerca de dos meses y medio. Cada vez que me voy me resulta más difícil irme. Desde luego, de no estar en una pista de tenis, el lugar donde elegiría estar es en casa con mi familia, aunque sé que siempre me están viendo. Hablo con ellos todos los días, pero sigue siendo la parte más difícil de mi trabajo. Por suerte, tengo a gente a mi alrededor que me ayuda a lidiar con eso pero, ciertamente, no es más fácil ahora que cuando comencé", admitió.

Esta australiana sin par, que menciona a la también tenista australiana Casey Dellacqua y Jim Joyce como sus pilares en los momentos difíciles, concluyó su reflexión valiente y sincera de ese modo. "Rodearme de las mejores personas posibles es la mejor decisión que he tomado en mi carrera. Mi victoria en París fue tanto para Jim (Joyce), como para mí, como para Casey, las personas que han estado conmigo en los momentos más difíciles. Ahora que he ganado un Grand Slam, puedo asegurar que no me siento diferente en absoluto. Fue una gran experiencia pero eso no me va a cambiar como persona, sigo siendo la misma Ashleigh Barty". Eso sí, a partir de este lunes ya sabe lo que es estar en la cima. Con toda una vida deportiva por delante para llegar hasta donde quiera.

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