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TRIBUNA

Dylan

miércoles 26 de junio de 2019, 20:10h

La literatura es un juego de convenciones tácitas. Transgredir sus normas para que una composición cobre originalidad es acaso el propósito más anhelado por quienes escriben. Algunos, tocados por la vara de la virtud, lo logran naturalmente sin el mayor esfuerzo; otros, con trabajo e insistencia, consiguen aproximarse a lo que podemos llamar “un texto literario. Como toda forma estética, aunque el objetivo es siempre lograr belleza, suscita un universo de conceptos y preconceptos; discutibles, por supuesto. Para muchos es “el arte de la manifestación verbal”​ (entendiéndose como tal todo aquello que involucra a la palabra, o se sirve de esta​) y, por consiguiente, abarca tanto lo escrito como lo hablado; espacio que ocupa la literatura oral, que se desenvuelve y se acepta en un sentido más restringido. Todos coincidimos, sin embargo, que en el principio fue la poesía y que las primeras obras literarias fueron compuestas para ser cantadas y/o recitadas). El término literatura designa también al conjunto de producciones escritas en una lengua, e involucran a una nación, una época e incluso a los géneros, estudiadas por la teoría literaria.

En su libro ¿Qué es la literatura?, el profesor y académico Raúl H. Castagnino, indaga sobre el concepto y su extensión hacia otras formas estéticas. Según Castagnino, la palabra “literatura” adquiere a veces el valor de nombre colectivo cuando refiere un conjunto de producciones; o bien es una teoría o una reflexión sobre la obra literaria, o es la suma de conocimientos adquiridos mediante su estudio. Otros conceptos más libertarios, como el de Paul Verlaine (valga el ejemplo), apuntan a la literatura como algo superfluo y acartonado, aplicable a la creación estética pura. Más cerca de nosotros, Claude Mauriac propuso el término “aliteratura” en contraposición al sentido despectivo que le daba Verlaine. Todas estas especificaciones hacen del arte de la literatura una propuesta que depende de la perspectiva que la enfoque. Podemos concluir entonces que los intentos de delimitar el significado de “literatura”, más que una definición, constituyen una suma de adjetivaciones limitadoras y específicas.

Compleja polémica suscitada al concederse el máximo galardón de la literatura universal al trovador folk Bob Dylan, que los miembros de Academia Sueca, reconocen “como un valioso poeta contemporáneo y una de las figuras más prolíficas e influyentes en la música popular del siglo XX y de comienzos del siglo XXI.”

Vi a un recién nacido rodeado de lobos salvajes

Vi una autopista de diamantes que nadie usaba

Vi una rama negra goteando sangre fresca

Vi una habitación llena de hombres cuyos martillos sangraban

Vi una escalera blanca cubierta de agua

Vi diez mil oradores de lenguas rotas

Vi pistolas y espadas en manos de niños pequeños

Y es dura, dura, dura

Muy dura la lluvia que va a caer…

Empecemos por decir que Bob Dylan no es un literato en el estricto sentido de la palabra, ni jamás le interesó serlo. Oriundo del estado de Minnesota, nació en 1941 en el seno de una familia judía, y fue registrado como Robert Allen Zimmerman. Su carrera musical se inició en la década de 1960 y se dio a conocer como cantautor folk, con composiciones de protesta social. Luego, al dejar atrás ese modo musical, Dylan evolucionó hasta modificar en mucho el sentido de la música popular en el álbum titulado: “Highway 61 Revisited”, uno de los trabajos de composición más influyentes del siglo XX,​ en el que combinó la música rock con temas complejos y literarios influidos por cierta imaginería surrealista.​

Al evocar su infancia, que lo marcó de por vida, Dylan lo ha relatado en estos términos: “El pueblo en el que crecí estaba totalmente apartado del centro de la cultura. Yo tenía todo el espacio para vagabundear. Simplemente había bosques, cielo, ríos y corrientes; también invierno, verano, primavera y otoño. La cultura se basaba fundamentalmente en circos y carnavales, predicadores y vendedores ambulantes, espectáculos para leñadores y cómicos, bandas de música y programas de radio excepcionales”.

En 1959, cuando aún se lo conocía como Robert Allen Zimmerman, se trasladó a Minneapolis para matricularse en la Universidad de Minnesota. Durante esta época, su inicial interés por el rock and roll dejó paso a un mayor acercamiento al folk estadounidense y acompañado por guitarra y flauta se atrevió a dar a conocer sus canciones rodeado de otros alumnos. “Lo que pasaba con el rock and roll es que para mí, de todos modos, no era suficiente. Aunque había muy buenas frases pegadizas y un ritmo contagioso, las canciones no eran serias o no reflejaban la vida de un modo objetivo. Cuando empecé a indagar en la música folk, entendí que era una cosa más seria y más afín a mi modo de pensar. Esas canciones yo las interpretaba para mis amigos y condiscípulos y estaban llenas de tristeza, de triunfo, de fe en lo sobrenatural, y sus sentimientos eran más profundos y comprometidos”. Fue así que durante su estancia en Minneapolis, empezó también a tocar en el Ten O'Clock Scholar, una cafetería a pocos bloques del campus universitario, y se involucró activamente en el circuito local de música folk.

Durante esos días Zimmerman cambió su nombre por el de Bob Dillon, pero luego su admiración por el poeta Dylan Thomas lo llevó a cambiarlo definitivamente por el del Bob Dylan. En 1961 abandonó la Universidad de Minnesota para viajar a Nueva York con la esperanza de ver al músico y cantautor folk Woody Guthrie, que estaba gravemente enfermo en un hospital psiquiátrico. Guthrie había sido una revelación para Dylan y fue su mayor influencia en su primera etapa musical. Trabaron una amistad que se interrumpió con la temprana muerte de Woody. Describiendo esa conmoción, Dylan escribió: “Las canciones en sí tenían el barrido infinito de la humanidad... Él era la verdadera voz del espíritu norteamericano. Yo me dije a mí mismo que iba a ser el discípulo más grande de este maestro. Desde ese momento toda mi poesía y mi música apuntaron en esa dirección”.​

Desde 1961, Bob Dylan comenzó a tocar en varios clubes de Greenwich Village, y fue por esa época cuando se conocieron con Joan Báez, que ya había publicado su primer álbum y había sido aclamada como la “Reina del folk”.​ Sucedió en una presentación en el escenario del Newport Folk Festival, la noche que Joan invitó a Bob para que subiera a acompañarla; a partir de ese momento empezaron a cantar en dúo. La prensa no demoró en hacer circular el rumor de una relación más allá de lo profesional; pero, poco después, Dylan desmintió esa relación al contraer matrimonio con la ex-modelo Sara Lownd, con la que tuvo cuatro hijos, permaneciendo a su lado hasta 1982. Se casó luego, en 1986, con la corista Carolyn Dennis. ​ Actualmente, cuando no está de gira, Dylan reside con su familia en Malibú (California).​

Ya consagrado, en su país y en buena parte de Europa, Bob Dylan empezó la década de 1970 publicando Self Portrait, un doble álbum con versiones de otros artistas; temas instrumentales y canciones interpretadas por él. Se retiró después por una larga temporada para dedicarse “a escribir y reordenar su música y su poesía”. Inmerso en una vida hogareña con su familia y casi alejado de los escenarios. Justificó entonces que el objetivo era en ese momento publicar sus trabajos para consolidar una línea estética destinada a los que lo consideraban “portavoz de una generación” y a quienes esperaban de él que encabezara un movimiento contracultural de esa década.

Aunque alcanzó una notable popularidad en el Reino Unido, las críticas no le fueron para nada favorables, hasta el punto que la revista Rolling Stone lo atacó en un artículo titulado “What is this shit?”, algo que se podría traducir en español como: “¿Qué es esta mierda?”.

En 1974, Bob Dylan regresó a los escenarios europeos con una gira que incluyó más de veinte presentaciones con enorme concurrencia de público. El éxito lo llevó a vender millones de copias discográficas. Durante el viaje, en un “cuaderno de tapas rojas” había escrito sus poemas, que se publicaron luego en un volumen con palabras de Allen Ginsberg, que lo consideró junto a Jack Kerouak y William S. Burroughs, como un integrante más de la Beat Generation. Ese año fue, además, su regreso a los escenarios de su país con casi cincuenta conciertos de costa a costa, que fue documentado en Before the Flood, el primer álbum en directo del trovador.

Ustedes, que fabrican las grandes armas

Ustedes, que construyen los aviones de la muerte

Ustedes, que construyen todas las bombas

Ustedes, que se esconden tras los muros

Ustedes, que se esconden detrás de escritorios

Sólo quiero que sepan

Que puedo verlos a través de sus máscaras...

Se ha ubicado a Bob Dylan como una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo desde el punto de vista musical y cultural, a tal punto de ser incluido en The Most Important People of the Century, donde fue definido como “maestro y poeta, cantautor, crítico social e intrépido espíritu guía de la llamada generación contracultural”.​ En 2004, se le elevó a la segunda posición de la lista de los mejores artistas de todos los tiempos en diversos medios internacionales. En 2012, el ex presidente Barack Obama afirmó en un homenaje que se le hizo en la Casa Blanca que “No hay un mayor gigante en la historia de la música norteamericana”.​

Durante muchos años, varios académicos hicieron campaña para que se le concediera el Premio Nobel de Literatura, que finalmente le fue otorgado en 2016,​ convirtiendo a Bob Dylan en el primer músico y cantautor en recibirlo.​ Los miembros del comité sueco, describieron con las siguientes palabras el lugar de Dylan en la historia literaria: “Un artista que merece un lugar junto a los bardos griegos, junto a Ovidio, junto a los visionarios románticos, junto a los reyes y las reinas del blues, junto a los maestros olvidados de brillantes estándares musicales.”

Polémica resolución, por supuesto. En un espléndido documental que le dedica, Martin Scorsese, no duda en definir a Bob Dylan como un auténtico revolucionario del arte de la poesía y la canción, que podemos descubrir si tan sólo escuchamos sus mensajes.

¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre

Antes de que lo llamemos hombre?

¿Cuántos mares debe surcar la blanca paloma

Antes de dormir sobre la arena?

¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón

Antes de ser prohibidas para siempre?

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,

La respuesta está flotando en el viento…

Su actividad, que él mismo reinventó más de una vez por necesidad o por gusto, ha dejado una protestar que la comunica de manera efectiva a través de sus canciones. “Bob no necesita estar contra un gobierno, o un sistema para señalarnos un camino, logra despertarnos en más de una forma y debemos estar agradecidos por ello -enfatizó Joan Baez al conocer la noticia-. To live outside the law you must be honest… (Hay que ser honesto para vivir fuera de la ley…), es uno de sus mensajes que yo más valoro”.

Las canciones de este trovador folk han dado la vuelta al mundo y siguen dándola, pero la polémica no ha concluido y, para muchos, el Premio es menos una consagración que un escándalo. ¿Es justa esta decisión o la literatura pasa por otro lado y lo de Bob Dylan es otra cosa? Inmutable, la secretaria del comité del Nobel de Literatura recomienda para entender sus mensajes, que escuchen el album “Blonde on Blonde”, donde se encuentra la definitiva respuesta.

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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    9831 | Iuri Izrastzoff - 27/06/2019 @ 18:51:06 (GMT+1)
    Que buena incursión, Roberto! Y Bob Dylan es casi un milagro, no sé si corresponde el premio de Literatura, pero si existiera uno a la música ya lo hubiera ganado por Blonde on Blonde, Blood in the tracks, y y varios otros. Un abrazo y te extrañamos ayer en la presentación del libro de Fervor x Buenos Aires.
    9829 | María Alicia Farsetti - 27/06/2019 @ 01:12:21 (GMT+1)
    Muy bueno el artículo de Roberto. Creo que estamos en un momento en que se premia todo lo que causa efecto, lo más anti-convencional posible, Una historia que no sabemos adónde irá a parar. Que la Academia sueca lo premie como Nobel, me parece algo disparatado.

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