www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Ensayo

Ken Wilber: Trump y la posverdad

domingo 30 de junio de 2019, 19:09h
Ken Wilber: Trump y la posverdad

Traducción de David González Raga. Kairós. Barcelona, 2018. 208 páginas. 16 €

Por Alfredo Crespo Alcázar

El escritor estadounidense Ken Wilber nos presenta un ensayo vertebrado a partir de dos de las palabras que más han aparecido en los buscadores de internet en los últimos tiempos: posverdad y Trump. En función de estos ingredientes, el lector potencial podría estar tentado a creer que se topará con un libro que impute al actual inquilino de la Casa Blanca todos los males de la humanidad. De hecho, posiblemente actuar así sea garantía del éxito en forma de aplauso fácil y presencia mediática. Sin embargo, nuestro autor hace todo lo contrario, proporcionando una reflexión sosegada, nada alarmista y ajena a cualquier adanismo.

Como buen conocedor del panorama político y social de Estados Unidos, Wilber analiza sesudamente qué viene ocurriendo en su país en las últimas décadas, no solo desde noviembre de 2016. Este modus operandi no está reñido con afirmaciones como la que subraya que la victoria de Trump generará unas conclusiones globales. Sin embargo, éstas últimas nada tienen que ver con una renuncia a la democracia, como arguyen los detractores del político republicano.

En consecuencia, de una manera muy valiente el autor se desmarca de los parámetros de la corrección política, sin convertirse por ello en un groupie del Trumpismo, cuya manera de funcionar rechaza, en particular su tendencia a mentir con descaro, empleando expresiones justificadoras ambiguas y polisémicas tales como “hechos alternativos” (p. 45). En este sentido, como bien puntualiza Wilber, Trump simplemente asumió y rentabilizó el eslogan posmodernista por excelencia, esto es, aquél que niega la existencia de la verdad. Se trata de un paradigma que hunde sus raíces en las construcciones teóricas de los Lacan, Foucault o Derrida. Todos ellos rechazaron no solo el aludido carácter absoluto de la verdad sino también que haya una jerarquía de valores.

Para Wilber esto supuso una oda al relativismo y al narcisismo, cuyas repercusiones (igualitarismo hipersensible, defensa a ultranza de las políticas de la identidad e imposibilidad de reírse de algo o de alguien) se multiplicaron con el discurrir de los años y encontraron en el Partido Demócrata a su gran abanderado y defensor. Los resultados no pueden ser más visibles: los obreros menos cualificados dejaron de votar a la citada formación al comprobar que no les representaba, un fenómeno que Trump advirtió y del que se benefició: Se dirigió de un modo muy etnocéntrico a ese grupo, protegiendo el empleo, castigando a las empresas que se desplazasen al extranjero, aumentando los impuestos a los productos procedentes del exterior” (p. 75).

El gran ejemplo fue su lema de campaña (Hacer grande a América de nuevo), un mensaje que recibió la aceptación de segmentos sociales tan diferentes entre sí como las mujeres con estudios universitarios, los grupos de extrema religiosidad y los parados de larga duración que valoraron (o más bien mitificaron, cabe precisar) la experiencia de Trump en el mundo de los negocios. El nexo que unía semejante heterogeneidad era el resentimiento: Nunca antes una postura “anti” había movilizado a tantos estratos de la población, porque nunca antes la vanguardia había fracasado de un modo tan estrepitoso” (p. 84).

Por tanto, lo que a continuación conviene preguntarse es ¿se produjo algún tipo de autocrítica entre los derrotados? Solo una parte entonó el mea culpa, modificando su postura hacia los votantes de Trump a los que había subestimado, como certifica Jeremy Floyd a quien cita Wilber: El desprecio por las comunidades blancas y rurales forma parte del tejido mismo del léxico liberal moderno […] Y luego, cuando llamamos a sus puertas buscando votos, esperamos que no se hayan dado cuenta” (p. 173).

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios