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TRIBUNA

La embestida del biopoder

Fernando Zamora Castellanos
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fzamoraabogadosorcr/7/7/16/19
lunes 01 de julio de 2019, 20:27h

El filósofo Michel Foucalt funda el concepto del “biopoder” circunscribiéndolo a su particular doctrina sobre la sexualidad humana. No entraré a referirme a ese particular concepto de “biopolítica”, ni a la posterior idea que, al respecto, otros pensadores han hecho desde otras perspectivas filosóficas. Me referiré al concepto de biopoder que amenaza al constitucionalismo democrático en latinoamérica.

El biopoder, o la biopolítica, también pueden entenderse como el control que el poder político y la sociedad de mercado ejercen sobre el proceso de nacimiento, reproducción, condiciones genéticas y muerte del ser humano. En otras palabras, la biopolítica tiene por finalidad estratégica, la gestión total de la vida humana. En su portentoso tratado de bioética, el erudito Elio Sgreccia nos recuerda que el biopoder esencialmente tiene dos grandes vertientes. Una de ellas lúcida, irrestrictamente centrada en la dignidad humana. La segunda es una vertiente tenebrosa, pues es utilitarista y su premisa básica es, por una parte, el del simple cálculo de las consecuencias de la acción con base en la relación costo-beneficio, y por otra, la que pretende deslindar el hecho natural de toda consideración moral.

Ahora bien, el biopoder surgió a partir del ejercicio de tres tipos de control a saber. El primero de ellos es el control eugenésico. Como es sabido la eugenesia tuvo un claro fundamento racista. Se inicia a finales del siglo XIX, al difundirse teorías como la de Cesare Lombroso (1835-1909) -que sostenía la existencia de un origen genético en la vocación criminal-, o la del antropólogo Francis Galton (1822-1911), que establece principios para una “ciencia del bien nacido”. A partir de esas tesis, Indiana decreta en 1907 la primera ley eugenésica, que posteriormente se propagaría en muchos otros Estados. Esta ley aprobaba entonces la esterilización de quienes fueran considerados anormales, esto según el criterio final de un equipo de “especialistas”. En ese usual arrebato “progresista” del Estado de California, éste definió la esterilización como una medida profiláctica que defendía la salud pública y mitigaba la amenaza de los "inadaptados" y los "débiles mentales". Así en 1927, la Corte Suprema de los Estados Unidos declaró constitucional el estatuto sobre esterilización de Virginia en el caso Buck versus Bell, aceptando la esterilización en nombre de la “salud colectiva” de la ciudadanía. Así inició una campaña de esterilización cuyo pico fue entre 1927 y 1963, y en donde se esterilizaron cerca de 70 mil personas con propósitos eugenésicos.

En esta misma línea destaca la pérfida Margarita Sanger, quien sobre la base de que debía favorecerse la vida entre los “mejor dotados” e impedir la natalidad de aquellos con “peor patrimonio genético”, abrió en 1916 su primera clínica para el control de la natalidad, abrazando el lema “los seres ineptos deben abstenerse de procrear”. Dentro de ese concepto eugenésico racista, en los años de la década de 1930, centró sus actividades y campañas en barrios pobres de minorías raciales negras y latinas, para mantener a raya el control natal allí. Su empresa de “limpieza genética” va adquiriendo éxito, hasta convertirse en la tristemente célebre organización Planned Parenthood.

El segundo tipo de control que ejerce el biopoder es el control mercantil sobre la vida. Esto incluye múltiples prácticas genéticas y reproductivas comercialmente rentables. Aquí dos ejemplos. El primer gran escándalo se da en Estados Unidos en 1993, cuando una empresa solicitó patentar un carácter genético útil proveniente de una mujer guaimí de Panamá, sin siquiera solicitarle a ella la autorización. O bien la práctica de autorizar a solteros que compran óvulos y encargan el trabajo de gestación a una tercera mujer, mediante espurios contratos de maternidad sustituta. La madre sustituta recibe el óvulo fecundado o dona el ovulo que será fertilizado con el semen del contratante, quien se limita a vender, ya sea su semen si es hombre, o su vientre u óvulo si mujer, evadiendo así todo el sentido ético que conlleva ser progenitor de una creatura. Igualmente el caso implementado en Europa de alquiler de úteros. La madre que ha sustituido, convertida en “bien comercial” y la vida del menor, en un simple objeto de comercio. Un brutal atentado contra el derecho del menor a su propia identidad y a disfrutar un hogar y una familia.

El tercer tipo de control que ejerce el biopoder es sobre la longevidad humana. Esta tendencia a controlar la longevidad de las personas e incluso acelerar el proceso de muerte, tiene esencialmente su raíz en la confluencia de dos factores: por una parte, los bajísimos índices de natalidad en los países ricos de Europa, lo que ha provocado una dramática disminución de población joven que otrora enriquecía la actividad productiva incorporándose masivamente a ella, y por otra, el envejecimiento de la población. Ambos fenómenos han generado un colapso de lo que se llamaba el welfare state o estado promotor de bienestar social, y así también la caída de la autosostenibilidad de los sistemas de seguridad social, jubilatorios, y de prestaciones complementarias. En respuesta a esta realidad, la lógica utilitarista posmoderna, resolvió el asunto con estrategias como la eutanasia, iniciada en Holanda en el año 2002, en donde se autoriza provocar la muerte a los ancianos sin que ésta aún haya llegado de forma natural. Curiosamente, a pesar de que con los avances de la actual medicina paliativa es posible controlar y mitigar los dolores que produce el estertor de la muerte. No por casualidad, especialistas en medicina terminal, como la experimentada Dra. Lisbeth Quesada Tristán, directora del Instituto de Cuidados Paliativos por más de 30 años en Costa Rica, le hacen serios cuestionamientos a tal práctica. En esencia, la filosofía de la eutanasia radica en un concepto contrario a la tradición del constitucionalismo occidental, pues según la tradición histórica del constitucionalismo defensor del derecho a la vida, ésta tiene un valor intrínseco que está fuera del ámbito de control estatal y también fuera del capricho humano, o sea, que es independiente de la esfera de potestad del hombre y del Estado. En sentido contrario, la biopolítica utilitaria y contraconstitucional considera que la vida está supeditada al ámbito de decisión de los hombres. La raíz esencial de la ideología de la eutanasia es que la vida es propiedad del ser humano o del Estado y a la inversa, la filosofía contra la eutanasia, es que no. Y aún menos del Estado.

Fernando Zamora Castellanos

Abogado

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