El gobierno actual, cuya victoria electoral fue conmemorada por todo lo alto a principios de esta semana en una exultante fiesta en la Plaza Mayor de la Ciudad de México, inauguró un día antes la Guardia Nacional, un amasijo de policías mezclados con marinos y soldados, con disciplina castrense e inspiración militar, cuyos primeros días se tiñeron con la sombra de una protesta masiva de los policías federales forzadamente adscritos a sus filas, sin reconocimiento a sus derechos y atropellados con la dulzura de una leva.
Por eso todo comienza con un motín.
Pero si en el actual gobierno hubiera un mínimo de sensibilidad para tratar como termas sociales todos los asuntos relacionados con grupos ajenos a su tradicional clientela quejicosa (ninis, campesinos, agitadores, luchadores sociales, ocupas, invasores, maestros de la CNTE y demás), el conflicto de la Policía Federal debería reconocerse como un tema de derechos sociales y hasta humanos.
Esos derechos sobre los cuales –dicen-- se asienta la legitimidad moral de la IV-T. Por lo pronto, el “Día del Policía Federal” (instituido por Decreto de 2009), deber desaparecer del calendario cívico. Ya no habrá ni cuerpo federal, ni policías. Por las buenas o por las malas.
Pero el verdadero problema es este: a los elementos de la PF se les ha trata como semovientes; no como personas.
Y no se trata únicamente de las majaderías (majadería viene de majada), del impresentable señor Garduño --el jefe de Migración a quien le mandaron elementos provisionales y los vejó--, sino de una idea más profunda: como todo vestigio del pasado –incluido el Ejército tan prescindible cuando más se le utiliza-- es obligadamente materia de desprecio y anulación.
Es la vocación extintora del nuevo régimen. O al menos del nuevo gobierno o la nueva forma de gobernar, entre tercera y home.
En la mente de los funcionarios relacionados con la (in) seguridad pública, se trata de indisciplinados y corruptos quienes no admiten ser evaluados por la Secretaría de las Defensa Nacional como si se pudieran medir las toronjas con el rasero de las granadas.
La “evaluación castrense” necesitaría un poeta para consagrarla como una evaluación “punitiva”, como hicieron los demagogos con los exámenes magisteriales. Los “centeístas” (aliados electorales de la IV-T) no querían la evaluación y desaparecieron al Instituto responsable de hacerla. Así, de un plumazo.
Los policías, apolíticos --o al menos no militantes en bloque--, no tiene salida: serán sometidos y abusados. Serán sometidos en bloque.
Hoy los policías pelean por su empleo, su seguridad social su antigüedad, sus derechos laborales y su protesta es calificada como la obra ruin de una indefinida mano negra. ¿De quién?
Si se conoce la existencia de una mano negra; bien valdría la pena, con base en la enorme cantidad de información disponible en el Palacio Nacional, exhibir al manipulador oscuro. ¿Quién es el negro de la mano negra?
Por ahí se debería comenzar en la necesaria despigmentación de la identidad misteriosa. Todo lo demás es la célebre y muy recurrida teoría del complot, justificación para cualquier otra acción en el campo político, y de la cual el propio secretario trazo da un indicio: Felipe Calderón, el ex presidente, ha sido propuesto como o representante de los rebeldes,
Por eso las palabras de Alfonso Durazo, ayer al mediodía hacen inútil cualquier intento de negociar: acudan a las vías institucionales, es decir, no chillen, no rasguen camisas, no bloqueen calles. No se computen como luchadores sociales. Eso no es para ustedes. Y sobre todo, devuelvan las armas y los vehículos ahora en su poder.
Sea como sea la Guardia Nacional nace con un obstáculo de origen. Se resuelva como sea este episodio, ya lleva en su interior el huevo de la inconformidad. Poco a poco se irá desarrollando, ahora como un aviso, después, quizá, como un tumor.