Siempre ha existido un amplio número de desacuerdos fundamentales en la Ciencia económica, lo cual origina la falta de una base sólida y unificada en la investigación y el conocimiento de esta ciencia. Una de las salidas a este estancamiento científico puede consistir fundamentalmente en una búsqueda de nuevas coordenadas para la Ciencia económica, y la conveniencia de un desarrollo extensivo, esto es, extendiendo sus miras, sus horizontes y sus ámbitos de actuación a otras perspectivas y coordenadas científicas. Es por lo tanto necesario buscar una orientación multidisciplinar al desarrollo de la Ciencia económica. No es ésta una idea nueva en absoluto sino que ya la han mencionado muy distintos autores, economistas o no, a lo largo del tiempo. Por ejemplo, Stuart Miller decía que una persona no será probablemente un buen economista sino es más que eso. Con esta misma orientación multidisciplinar, el propio Keynes manifestaba que todo economista debería ser en cierta medida matemático, historiador, hombre de Estado y filósofo.
Se trata, en definitiva, de que los economistas e investigadores en ciencia económica pudiéramos cambiar nuestras coordenadas de pensamiento y pensemos de forma distinta a la que hemos venido pensando hasta el momento. En este contexto cabe recordar por ejemplo, la opinión de un científico tan universal como Einstein, que aseguraba que una buena parte de sus éxitos se debía a que se dedicaba a pensar media hora al día de forma distinta a los demás. Pues bien, algo similar deberíamos aplicar los investigadores económicos, es decir, necesitamos un cambio de ejes o “cambio de fase” que denominan los físicos, o un “punto de bifurcación” (expresión de las teorías del caos), que reoriente y añada unas nuevas coordenadas a la ciencia económica. Para conseguir este desarrollo extensivo e ir ampliando, extendiendo los postulados, pensando nuevos axiomas y nuevos replanteamientos, será necesario partir en algunos ámbitos prácticamente desde cero.
Vamos a explicitar a continuación un ejemplo de análisis científico en clave multidisciplinar, como es el que se proyecta sobre una interrelación entre la Medicina y la Economía. En este sentido, uno de los ejes a considerar en el actual avance y desarrollo de la Ciencia Económica lo constituye la necesaria ampliación de sus miras en el terreno conceptual y metodológico y una orientación proyectada hacia la Medicina, en los términos que tratamos de poner de manifiesto en las siguientes líneas.
Dentro de esa apertura disciplinar que propugnamos, la Economía debería en nuestra opinión adoptar planteamientos similares a los que utiliza la Medicina, en la que se ha venido llamando en estos últimos años Medicina basada en la evidencia (MBE). El rasgo fundamental de esta nueva disciplina es el tránsito desde la Experiencia a la Evidencia, esto es, dejar de utilizar la experiencia personal y conocimientos de cada uno de los médicos como base de las decisiones, para pasar a utilizar la evidencia científica, utilizada sobre todo por los epidemiólogos. Así, mientras que los investigadores médicos intentan conocer el mecanismo de cada una de las enfermedades, los epidemiólogos tratan de conocer a un nivel colectivo las causas y los factores de riesgo de dichas enfermedades, de cara al consiguiente control de las mismas, y ello con una dimensión comunitaria o global.
De una forma similar, la Economía basada en la evidencia, trataría de formular sus postulados en base a la evidencia científica, más que en las ideas personales o experiencias investigadoras individuales de uno o varios economistas. Resulta cada vez más necesaria en Economía una sustantiva aplicación de la evidencia, tanto en el espacio, como en el tiempo, de cara a poder formular modelos o concepciones metodológicas mínimamente coherentes. En este sentido, los decisores económicos, tanto en el terreno de la macro como en el ámbito microeconómico (empresas y entidades públicas) deberían en lo posible tomar sus decisiones basadas en la evidencia, cosa que en general no ocurre.
Igual que la Medicina basada en la evidencia trata de conocer, controlar y solucionar el problema de los enfermos, la Economía basada en la evidencia deberá proyectarse sobre las causas y soluciones de los enfermos económicos, esto es, todos aquellos que no disponen de defensas o unos mínimos recursos para subsistir dignamente. La EBE debería buscar sistemáticamente toda clase de estudios empíricos, experiencias, y en definitiva evidencias, de las cuales se puedan extraer algún tipo de conclusiones o patrones válidos, contrastados y razonablemente aceptables como factores explicativos de las correspondientes hipótesis o realidades. Es necesario formular para ello preguntas nuevas, y buscar después de forma sistemática las mejores evidencias. En todo caso, este proceso resultará en buena medida estéril sin una adecuada contrastación, ordenación y análisis crítico de todas y cada una de las evidencias seleccionadas.
A nivel metodológico en la EBE será conveniente seguir varias etapas: 1) Formulación de aquellas preguntas más adecuadas sobre una determinada hipótesis económica. 2) Búsqueda de la mejor evidencia empírica. 3) Valoración crítica de la importancia y la validez de esta evidencia. 4) Aplicación ulterior a la realidad económica. Un ejemplo de pregunta en el contexto de la EBE sería: ¿Existe algún tipo de relación o correlación -probada y permanente- entre la variación de los tipos de interés y el índice de inflación de una economía?
Un importante desafío en este contexto sería la elaboración de un protocolo básico para la EBE, que permitiera de una forma mínimamente reglada la generación de nuevos y consistentes conocimientos sobre la realidad económica en cualquiera de sus niveles, obteniendo además resultados que fuesen generalizables. De esta forma se podría llegar a reducir sustantivamente el alto nivel actual de entropía económica, reduciendo de paso el nivel de entropía en el propio acervo colectivo de conocimientos económicos.
En cualquier caso, un paso previo e importante para una Economía basada en la evidencia será la delimitación y posterior sistematización del enorme universo de datos e información económica existente, así como de los medios o instrumentos para acceder a la misma (Internet, bases de datos, bases bibliográficas, etc.); a tal efecto resultaría conveniente hacer una exploración masiva de todos los trabajos empíricos en economía, (en artículos, libros, tesis doctorales, proyectos de investigación, papers de congresos, etc.) y una sistematización de los mismos. De esta forma, y mediante una formación de los gestores bibliotecarios que incluyera la búsqueda y valoración de evidencias, se podrían llegar a crear verdaderas bibliotecas de evidencias científicas en economía, que podrían incluir un archivo abierto y de libre acceso público con aquellos estudios, resúmenes, y bases colectivas de información sobre las mejores evidencias obtenidas. Con ello se generaría un verdadero capital intelectual universalizado, que podría autoalimentar un desarrollo eficaz de la EBE, una mejora de los paradigmas y del nivel de predicitibilidad en economía, lo cual constituiría una aportación real al progreso en la situación socioeconómica del conjunto de los ciudadanos.
En resumen, parece evidente que hoy día es necesario un cierto resurgimiento o renacimiento de la Economía, creando nuevas rutas conceptuales y metodológicas como la que aquí nos hemos permitido exponer. En todo caso, la cuestión básica fundamental estriba en que los economistas busquemos con cierta valentía esas nuevas coordenadas por las que ha de discurrir este importante y necesario cambio de ejes (expresión equivalente al cambio de fase, o al punto de bifurcación, que se utilizan en la Física). Y éste es uno de nuestros principales retos científicos y sociales.