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FINAL

Wimbledon. Halep arrasa a Serena Williams y alcanza la gloria

sábado 13 de julio de 2019, 16:09h
La rumana dominó a la leyenda por completo, con autoridad, y ganó por un doble 6-2.

Simona Halep se ha consagrado este sábado como una referencia del tenis mundial. Lo ha hecho al proclamarse campeona de Wimbledon, tras asestar una lección de juego a la histórica Serena Williams. Ambas comparecieron en la pista central del All England Club, pero sobre la hierba sólo se vislumbraría la calidad y capacidad defensiva y física de la jugadora rumana. Venció por 6-2 y 6-2, empleando sólo 56 minutos. Para cosechar su segundo Grand Slam.

En la previa de esta final, la tenista nacida en Constanza hablada de este modo sobre su planteamiento del enfrentamiento venidero ante la gigantesca estadounidense: "He jugado muchos partidos contra ella. Muchos de ellos fueron muy parejos. He aprendido que tengo una oportunidad contra ella y cuando nos enfrentemos creeré que tengo la oportunidad de ganar. Por supuesto que respeto mucho lo que ha hecho y lo que está haciendo".

Y le fue cuestionada la receta de su mejoría en hierba, pues nunca había llegado tan lejos en el torneo londinense. "He cambiado un poco mi juego. Tiro algunas dejadas, uso más el cortado, el servicio me está ayudando. Ahora, cuando la bola viene hacia mí, sé lo que hacer con ella. Quizás ese sea el porqué, quizás tenga más confianza y ya no esté asustada por el bote de la bola. También me siento muy estable de piernas que eso es muy importante en hierba", analizó, sin querer guardarse nada.

Esa misma sinceridad fue la que hizo descarrilar a una Serena que perdió su cuarta oportunidad para igualar el récord de 24 títulos del Grand Slam de la australiana Margaret Court. La estrella norteamericana sigue, además, trabajando para poder demostrar que puede volver a triunfar desde su maternidad. Pero lo cierto es que ha perdido siete finales desde que ganara el Abierto de Australia en 2017. A sus 38 años, en esta jornada simplemente no fue rival de la frescura y calidad de Halep.

La rumana se convertiría en la duodécima ganadora de Wimbledon que toca el trofeo en su primera final. Logró esta gesta con autoridad, desesperando al estilo agresivo y directo de Serena desde una defensa pegajosa, que limitó sus errores no forzados al mínimo (sólo cometió tres). Todo lo contrario que una imprecisa Williams, que se iría precipitando cada vez más, con el paso de los juegos y, sobre todo, toda vez que perdió de paliza el set inicial.

Nunca levantaría el vuelo la americana. O, más bien, la europea no se lo permitió. Con un rendimiento industrial, repleto de concentración, consistencia y regularidad, Halep maravillaría a la grada y constriñó a Serena a quedarse al borde de la orilla por segundo curso consecutivo en Inglaterra -en 2018 cayó ante la alemana Angelique Kerber-. La jugadora de Constanza, que ya tenía Roland Garros en sus vitrinas, pasará del séptimo al cuarto puesto de la WTA. Y subiendo. Su objetivo es volver a ser la número uno del circuito femenino.

Ninguna de las dos finalistas había podido alzar un título en 2019, una curiosidad llamativa, debido a la categoría de ambas. Sólo explicable desde el vacío de poder y el empuje de la nueva generación de tenistas. "Nunca he jugado tan bien en hierba. Ha sido mi mejor partido. Serena siempre nos ha inspirado así que, gracias por eso", avanzó la europea en la entrevista concedida a la organización, antes de recibir el trofeo y la membresía vitalicia del pomposo club de tenis londinense.

"Tenía nervios, mi estómago no estaba muy bien, pero me concentré para hacer lo mejor posible. Era el sueño de mi madre. Ella me dijo cuando yo tenía 10 años, que si quería hacer algo en el mundo del tenis, tenía que jugar la final de Wimbledon", confesaría, mirando a su progenitora, que lloraba desde el graderío. Y, entusiasmada, bromeó de esta forma: "Al principio del torneo, dije en el vestuario que si ganaba el torneo, sería miembro por vida de este club, y eso ha sido una de mis motivaciones, por eso estoy feliz".

Serena, elegante en la derrota, admitió que Halep "jugó como una loca". "Cuando alguien lo hace tan bien, tienes que quitarte el sombrero y decir 'bien hecho'", añadiría la estadounidense, impotente. Y comentó que "tengo que seguir intentándolo, seguir luchando y disfrutando del deporte. Me encanta venir aquí y jugar delante de ustedes. Siempre es divertido". Aunque, frustrada durante el partido se perdió mentalmente en el asombroso acierto de los golpes de su rival.

No le ayudaría la presencia en la tribuna de su amiga Megham Markle, duquesa de Sussex. Batallaba contra ella misma, en cada error. Y no estuvo en condiciones de ganar esa pelea, mientras que la rumana amortizaba cada oportunidad. Y cedería su saque a las primeras de cambio, teniendo que esperar 13 minutos para sumar su primer juego, ya con 4-1 desfavorable en el marcador. Pronto supo que el servicio de Halep iba resultar inaccesible.

Williams no pasaría del rol de sujeto pasivo. Halep volaba en la pista y sus pelotazos, más. La compatriota Virginia Ruzici, campeona de Roland Garros en 1978, era mucho mejor y competía con mayor ferocidad y soltura. Y esa dinámica no viraría en una segunda manga en la que, impulsada por otros dos breaks, zanjaría su victoria por la vía rápida. Corrió la paisana de Ilie Nastase a unas revoluciones inalcanzables para la americana. La estadística no engaño: antes de la final una acumulaba 11.781 metros, por los 7.249 metros de la perdedora. Rumanía tiene ya a su nuevo icono deportivo.

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