www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

La Luna ante la Historia

sábado 20 de julio de 2019, 19:36h

En memoria del gran Carlos Sanz (1903-1979), en el cuarenta aniversario de su fallecimiento.

Las últimas consecuencias del Descubrimiento de América no las conoceremos jamás. He aquí un rótulo para hoy, quincuagésimo aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Lo sentenció el 12 de octubre de 1929, en Nueva York, el eminente jurista James Brown Scott, en un discurso que asentaba la contribución española a los modernos fundamentos del Derecho Internacional. Poco imaginaba entonces, el ilustre profesor estadounidense, que cuarenta años después tres compatriotas suyos llegarían a la Luna, un 20 de julio de 1969. Pero lo que no le habría extrañado es que dichos astronautas iniciaran su gira europea en España, depositando una corona de laurel ante el monumento al descubridor de América. Como así lo hicieron Armstrong Aldrin y Collins en la Plaza de Colón de Madrid, el 7 de octubre de 1969, tras ser recibidos por Don Gregorio Marañón, entonces director del Instituto de Cultura Hispánica.

España fue, lógicamente, el primer destino de los astronautas en sus fastos por Europa. Pues conocida es la excelente ejecutoria española en la carrera espacial estadounidense desde su inicio. Recordemos que si la NASA se había fundado en 1958, entre 1961-67 en España se pusieron en marcha cuatro estaciones de seguimiento (una en Canarias, otra en Ávila y dos en Madrid), y que hacia 1972 ya se había completado la sustitución de personal estadounidense por técnicos españoles. Fueron años de vértigo para la astronáutica. Había que superar la iniciativa soviética y así lo consiguió la misión Apolo XI. Cuyas maniobras lunares de aterrizaje y despegue fueron controladas desde la estación de Fresnedillas. Como dijo el propio Armstrong en la fecha de su citada recepción española:

“Sin las vitales comunicaciones mantenidas entre el Apolo XI y la estación espacial de Fresnedillas, podemos afirmar que nuestro aterrizaje en la Luna no hubiera sido posible”. A lo que añadió: “Nos sentimos doblemente satisfechos de venir a España, nación cuya historia está llena de descubrimientos de tierras desconocidas y que hoy en día, animados de aquel espíritu, tanto nos ha ayudado a dar este paso gigantesco para la humanidad”. Palabras que Aldrin amplió, refiriéndose a la acción exploradora de España durante el siglo XVI, la era plenaria de los grandes descubrimientos geográficos.

Una comparación inevitable. Pero que conviene ponderar. La llegada del hombre a la Luna emocionó al mundo, sí, pero no lo conmocionó. No hizo temblar sus cimientos ni lo desvió de la trayectoria de su reunificación universal marcada desde el Descubrimiento de América. Dicho de otro modo. Para equilibrar las consecuencias de la gesta lunar con las de la irrupción de América en la Historia, el 20 de julio de 1969 tendría que haber sucedido lo siguiente:

Que los cosmonautas estadounidenses se hubieran topado, en su camino hacia la Luna, con un planeta ignorado y jamás imaginado hasta entonces por el hombre, aunque siempre hubiese estado allí. Dos. Que dicho planeta fuese habitable, grandioso y trufado a simple vista de innumerables recursos. Tres. Que además de habitable ya estuviera habitado por naturales primitivos pero inteligentes y susceptibles de incorporación a la marcha del progreso humano. Y cuatro. Que dicho astro se convirtiera, desde entonces y al menos por los cinco siglos siguientes, en el eje vertebral de la Historia, desencadenando una transformación científica equivalente al giro copernicano, y una era expansiva de reunificación cosmográfica en todos los órdenes. Es decir, más o menos lo que mismo entrañó para los contemporáneos de Colón el anuncio un Mundo Nuevo.

Nos descubrimos, obviamente, ante el camino al infinito que supone la conquista del espacio. Era iniciada por los soviéticos, sobrepasada por los estadounidenses y amigada ya hace tiempo desde la cooperación internacional. Como escribió el gran historiador de la Era de los Descubrimientos, Don Carlos Sanz, el 11 de octubre de 1969: “Todo, absolutamente todo, lo esperamos ya de quienes pueden calcular en fracciones de segundo la trayectoria de una nave que va y viene de un cuerpo celeste a otro, como si se tratara de un carruaje gobernado por el auriga”.

Aunque como recordaba el militar e ingeniero aeronáutico, Manuel Bautista Aranda, máximo responsable para la NASA en España durante la misión Apolo XI, en el perspicaz prólogo de su libro A las puertas del espacio. Camino al infinito: una apasionante aventura técnico-científica (2000): “Los avances conseguidos en algunos campos de la ciencia gracias al empleo de vehículos espaciales han sido realmente espectaculares (…) Pero me temo que el pedestal en que se sitúa a la ciencia es excesivamente alto (…) Los problemas más importantes de la humanidad no son sólo materiales y no los resolverá la ciencia (…) Se resolverán cuando se conquisten las cualidades morales del ser humano”.

Mientras tanto y sea como fuere, hoy, a cincuenta años de la aventura lunar y a quinientos de emprenderse desde Sevilla la primera circunnavegación de nuestro planeta, aún podemos decir que el 20 de julio de 1969 sigue siendo la última gran consecuencia conocida de “La mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo crió”, como justamente apreció López de Gómara, en su Historia de Indias (1553), el sin par acontecimiento del 12 de octubre de 1492. Cuyas últimas consecuencias confiamos no haber visto todavía.

Imágenes

1.- Bodegón bibliográfico con los materiales de las imágenes 2, 3 y 4.

2.- “Los hombres del Apolo aterrizaron ayer en Madrid” (ABC, 7 de octubre de 1969).

3.- Facsímil de la primera impresión española de la Carta de Colón (P. Posa, BCN, 1493).

4.- Manuel Bautista: En las puertas del espacio… (McGraw-Hill, Madrid 2000).

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (11)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.