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Ensayo

Christophe Guilluy: No society: el fin de la clase media occidental

domingo 21 de julio de 2019, 16:20h
Christophe Guilluy: No society: el fin de la clase media occidental

Traducción de Ignacio Vidal-Folch Balanzo. Taurus. Barcelona, 2019. 224 páginas. 18,90 €

Por Alfredo Crespo Alcázar

El geógrafo francés Christophe Guilluy nos presenta en No society: el fin de la clase media occidental una obra valiente y sorprendente que, con total seguridad, no agradará a las elites políticas, económicas e intelectuales tanto europeas como norteamericanas, cuya supuesta superioridad moral cuestiona de manera transversal a lo largo del libro.

Como objeto de estudio, el autor alude al ocaso de la clase media occidental, situando su inicio en las políticas diseñadas por Margaret Thatcher, asumidas posteriormente como propias por la socialdemocracia, cuyas repercusiones se aceleraron con la globalización. Como resultado de esta cadena de acontecimientos, la otrora poderosa clase media se ha visto reemplazada y marginada, a través de una revolución sin violencia, por una burguesía vinculada esencialmente al mundo de las finanzas, ubicada en las grandes ciudades y alejada tanto geográfica como emocionalmente de las preocupaciones del resto del país.

En este sentido, Guilluy privilegia dos escenarios donde dicho fenómeno se ha manifestado con intensidad, aunque el resultado a día de hoy difiere (la Francia de Macron vs los Estados Unidos de Donald Trump). Sin embargo, ambos casos ilustran que el antiguo enfrentamiento electoral entre derecha e izquierda ha sido suplido por otro más amplio y complejo: ganadores frente a perdedores de la globalización.

A partir de aquí, llegan las “sorpresas” en cuanto al mensaje que nos transmite Guilluy. En efecto, todo haría pensar que nos hallamos ante un defensor a ultranza de ciertos postulados, patrocinados por algunos sectores de la izquierda en los últimos años, caracterizados por un adanismo imposible de ocultar. Nada más lejos de la realidad, aunque sí es cierto que cuando emplea el término populismo lo despoja de todo significado negativo, insistiendo en que la ola populista que venimos observando supone la reacción a las reformas económicas implementadas en las décadas finales del siglo pasado.

Para Guilluy, hoy en día las clases populares se muestran impenetrables al dogma emitido por los medios de comunicación y por los intelectuales, añadiendo que Trump, el Frente Nacional y el Movimiento 5 estrellas son, antes que nada, creaciones de las clases populares estadounidenses, francesas e italianas” (p. 174). Como respuesta, se han proyectado una serie de estereotipos tan tranquilizadores como falsos, identificando a los miembros de esos “nuevos” movimientos con aquella parte de la reciente historia europea que más bochorno suscita en el Viejo Continente (los gobiernos de Mussolini, el III Reich alemán o el racismo británico). Dicho con otras palabras: la burguesía dominante y su tupida red de apoyos mediáticos se han autoproclamado los abanderados de una cruzada antifascista, algo que para el autor no es creíble.

El protagonismo de estas clases populares ha colocado sobre el tapete su agenda de intereses, con los que autor parece comulgar: rechazo del multiculturalismo, defensa del proteccionismo y necesidad de regular la inmigración. Sobre el primero de los aspectos, Guilluy se muestra contundente, considerando que se trata de una ideología que divide y debilita. En lo relativo al proteccionismo, no solo formó parte del programa de Trump sino también del credo de Jean-Luc Mélenchon o Bernie Sanders, lo que convirtió a ambos en figuras aceptables para un determinado perfil de votante. Finalmente, cuando aborda el fenómeno migratorio, subraya que la sociedad en su conjunto exige una regulación más estricta. Sin embargo, también advierte que la “clase dominante” ha transformado una cuestión estrictamente política en otra moral y racial, lo que le facilita ridiculizar a su adversario.

En definitiva, Guilluy ofrece una interpretación muy sugerente del panorama político y social que se observa actualmente a ambos lados del Atlántico. Para exponer y verificar sus ideas, ofrece argumentos, con los que se podrá estar o no de acuerdo, pero en ningún caso recurre a los tópicos ni a descalificar a quienes piensan de manera opuesta a la suya. Reivindica la vigencia de la clase media, si bien maneja un concepto excesivamente amplio de aquélla, lo que en ocasiones le lleva a incurrir en generalizaciones un tanto ambiguas.

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