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Las chapuzas salen caras

miércoles 06 de agosto de 2008, 21:48h
Decía una profesora de alemán que tuve hace algunos años que lo que más le llamaba la atención de los españoles era su falta de previsión. Se había trasladado a Madrid enamorada de un español a quien conoció en sus vacaciones en Canarias y como, al principio, no tenía amigos ni trabajo se pasaba las horas sentada frente a la ventana observando la calle. Y, desde luego, no se aburría. Contaba que en menos de tres meses, operarios de distintas compañías se habían ocupado de abrir y volver a cerrar el asfalto de la vía en cuestión. Unos tras otros. Primero los del agua para instalar nuevas tuberías, pocas semanas después, los del gas para adaptar las canalizaciones y, por fin, los de telefónica para un nuevo y moderno cableado. Y la alemana se preguntaba: ¿Por qué demonios no han aprovechado que estaba abierto para realizar todas las operaciones? Nunca supe qué contestarle. Claro, que ella era de Munich y estaba acostumbrada a una eficacia y a una organización que hacía que los raíles destruidos por las bombas nocturnas de los aliados estuvieran en uso a la mañana siguiente. Por lo menos, eso decía.

Nadie duda de que con los años, las instalaciones, las calles y las carreteras envejecen y se quedan pequeñas, pero cuando las reformas afectan a obras públicas que tan sólo hace cinco años que se han terminado, parece de locos volver a ponerlas patas arriba para hacer lo que ya estaba claro, desde el principio, que se tenía que haber hecho. Este verano, es decir, ya mismo, comienzan las obras para alargar el subterráneo de Santa María de la Cabeza. El que fue el túnel urbano más grande de España hasta que llegaron los de la M-30, se quedó corto desde el mismo día de su inauguración y, ya entonces, los vecinos protestaron por lo que ellos denominaron una chapuza que dejaba incomunicada a una parte del barrio sin accesos peatonales. Al final, a algún responsable se le debió encender la bombilla y comprobó que, efectivamente, aquello era una solemne chapuza. Así es que en 2006, se aprobó un proyecto para adelantar la actual salida del túnel que está a la altura de las calles Peñuelas y Cáceres hasta el cruce con el paseo de la Esperanza para facilitar el lógico tráfico de peatones.

Pero tampoco entonces se inició la necesaria reforma. Pensó el regidor, con razón, que bastantes obras había ya en la ciudad con la M-30 llena de socavones y tuneladoras. Lo que ocurre es que si hace dos años el presupuesto para la ejecución del proyecto era de 9 millones, ahora costará a las arcas municipales 16,5. Un completo despilfarro y, encima, en los tiempos que corren.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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