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CONTRA LA APOLOGÍA DEL TERRORISMO, LA LEY

jueves 08 de agosto de 2019, 12:50h
La mayor humillación que puede recaer sobre las víctimas del terrorismo es que se homenajee a los verdugos...

La mayor humillación que puede recaer sobre las víctimas del terrorismo es que se homenajee a los verdugos al salir de la cárcel. Las pocas víctimas que están vivas y los familiares de los asesinados, que son muchos, se enfrentan a una situación kafkiana. Los criminales salen de la cárcel en olor de multitud y se esponjan impunemente entre los honores que les rinden los proetarras.

La apología del terrorismo está perseguida por la ley. Pero tal vez no lo suficiente. Habría que plantear en el Congreso de los Diputados una proposición de ley que de forma específica sancionara con penas de cárcel y multas cuantiosas a los que, aprovechando la salida de prisión de los criminales etarras, organizan homenajes populares. No se trata de una especulación. Esos honores públicos se han producido ya y Otegui ha anunciado en televisión que se celebrarán al menos 250 homenajes multitudinarios más cuando los 250 asesinos que están en la cárcel cumplan sus condenas y abandonen la prisión. Hay que odiar el delito y compadecer al delincuente. Pero una cosa es compadecer a los asesinos de Eta y otra muy diferente rendirles homenajes. En una democracia, para evitar dislate semejante, está la ley derivada de la voluntad general libremente expresada. Corresponde al Congreso de los Diputados y al Senado impedir por ley la vergonzosa indignidad de que la ciudadanía contemple homenajes populares a los que regaron de sangre las calles y plazas de muchas ciudades españolas. Es necesario impedir que fructifiquen las siembras de Caín. Y como más vale prevenir que curar, no hay tiempo que perder. Los legisladores, enfrascados hoy en la parafernalia de las investiduras y las coaliciones, tienen el deber de enfrentarse ya con el anuncio que Arnaldo Otegui ha hecho de forma descarada y a los cuatro vientos en las pantallas de televisión.