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TRIBUNA

Los liberticidas

Natalia K. Denisova
sábado 10 de agosto de 2019, 19:40h

La guerra comercial entre los Estados Unidos y China ha marcado esta semana de agosto. ¡Quién sabe cuántas semanas más estaremos afectados por este conflicto! Pero ya tenemos algunas cosas bien claras, por ejemplo, los “liberales” se han retratado de sobra en las tertulias radiofónicas y televisivas. Los analistas, moderados y hasta sensatos en otras ocasiones, en este caso se habrán servido de los diccionarios para juntar la mayor cantidad de términos ofensivos contra Trump: un bufón, ridículo, oligarca… Toda esta corriente de insultos está dirigida contra el presidente de los EEUU, legítimamente elegido en 2016, que no cobra su salario correspondiente, y que ha conseguido desde su elección el crecimiento del PIB, estancado con Obama. Además, el desempleo que variaba de 8 a 5,5% entre 2012 y 2016, en junio de 2019 bajó a 3,8%. Pero estos logros, que con otro serían un milagro económico, con Trump no cuentan, porque son “unas mejoras insignificantes” según los economistas de laissez faire.

Por un lado, los insultos y desprecios que cosecha Trump se deben a las envidias que provoca cualquier persona que tiene éxito, encima en una economía tan competitiva como la de Estados Unidos. Además, los EEUU llevan décadas de críticas algo exacerbadas a causa de su gran influencia en la política y economía mundiales. Mas el desprecio a Trump es tan unánime, casi omnipresente, que suscita varias sospechas sobre la imparcialidad de los analistas. Si las decisiones de Trump son totalmente inaceptables, ¿qué políticas defienden los liberales de laissez faire en el conflicto entre China y EEUU? Resulta muy curioso que los “liberales” defienden al sátrapa de China, que manipula el yuan para perjudicar a Norteamérica y asustar a los actores del mercado mundial. Hay otro detalle que merece atención: según los participantes de las negociaciones con China, éstos últimos hacen todo lo posible para agotar a los participantes. Esta costumbre viene de lejos. Por ejemplo, Wendy Cutler, quien negoció la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio, recuerda como ellos apostaban al agotamiento y a la confusión para manipular la toma de decisiones. Las tácticas de intimidación también se usaban; en efecto, era una de las formas más sencillas para guardar silencio y mirar fijamente a cualquiera que se atreviese a a comentar o preguntar al “jefe” chino sobre su ponencia o discurso. Pocos, hasta los más curtidos o curiosos diplomáticos, se sentían con ganas de pedir aclaraciones. Seguramente, estas políticas, poco apropiadas para la negociación trasparente, son muy eficaces: con suma frecuencia China alcanza sus objetivos por mera rendición de sus contrarios.

Pero, por fortuna y por vez en la historia reciente de EEUU, Trump usó una táctica distinta con los chinos: las medidas directas, la acción. El resultado es todavía incierto. Sin embargo, nos ha enseñado una cosa obvia: el comportamiento pueril de los liberales españoles que antes se ponen a defender a un dictador asiático, que buscar explicación a la actuación de Trump. Hace meses, había ciertas voces que apuntaban que China tiene mucho más que perder en esta guerra comercial. Y si vemos que el 78 % de los que se dedican al sector agrario votan a Trump, ¿se atrevería el presidente a poner en peligro sus intereses y peligrar el apoyo que le presten? ¿Hasta qué punto les perjudica el rechazo de China a comprar sus productos? Estas son las cuestiones por indagar.

Trump, en fin, está haciendo una política económica diferente, distinta, pero con un objetivo preciso: no quiere que el ciudadano de EEUU sea un esclavo como el de China. ¿Por qué no quieren ver esto los medrosos liberales españoles?, ¿no será que hablan en “politiqué” sin tener idea de lo que hay detrás de las políticas de Trump contra la dictadura China?

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