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Poesía

Olalla Castro: Bajo la luz, el cepo

domingo 11 de agosto de 2019, 14:23h
Olalla Castro: Bajo la luz, el cepo

XXII Premio Internacional de Poesía “Antonio Machado en Baeza”. Madrid. Hiperión, 2018. 84 págs. 10 €.

Por Inmaculada Lergo

Comenzando por el título, bastante bien elegido para lo que ofrece en el interior, Bajo la luz, el cepo es uno de esos libros que se quedan instalados, queramos o no, en todos los intersticios de nuestra mente y de nuestras emociones. Quizá la mejor definición de lo que el poemario refiere y recrea esté en la cita que incluye de Federico García Lorca: “Y sé del horror de unos ojos despiertos”.

Porque Bajo la luz, el cepo, el poemario de Olalla Castro (Granada 1979) que mereció el XXII Premio Internacional de Poesía “Antonio Machado en Baeza” en su última edición, nos relata, con voz femenina, cuatro historias que algunas mujeres han afrontado en situaciones extremas y desoladoras. La primera, bajo el título “La expedición perdida de Franklin (1845-1848)”, remite al tristemente célebre viaje al Ártico de 1845, en el que murieron los 128 expedicionarios, entre los cuales, de incógnito -según el análisis de ADN de los huesos encontrados-, pudo haber alguna mujer (“Me mantienen viva unos paños de tela: / los mismos bajo los que aprieto mis pechos / para guardar el secreto / de sus formas convexas”), quizá, como en el poema, queriéndose alejar del destino que le marcaba su condición (“Me embarqué en el Erebus / huyendo de mi sexo esponjoso: papá quería casarme con un señor enjuto / al que le temblaban en la lengua las palabras. El asco fue rotundo en sus señales”).

En “Por la ruta de Siskiyou (1848-1855)”, una voz de niña es la que narra la trágica locura de la llamada fiebre del oro que tuvo lugar en California (“Avanza la caravana / bajo un manto de polvo. / Vamos hacia esa tierra áspera / que no nos necesita. […] Después dormiremos abrazados a un rifle, / preservando esta nada que trajimos”). Es la única que parece darse cuenta de la vacuidad de ese sueño y esa ambición a la que se ha visto arrastrada (“Tampoco brillará mañana. / Pero volveremos al porque / cuando caiga la tarde, / a cantar y bailar sobre este miedo, / mientras mamá cuece el pan que nos sostiene”), y solo le cabe contemplar, pasiva y fielmente, la muerte de los suyos, en espera de la propia: “Todos rezan a los pies de esta tumba / demasiado pequeña. / Pero yo solo oigo el crujir de mis tripas / partiéndome por dentro”.

En el cuarto capítulo, Olalla Castro nos lleva a la leprosería Molokai, en la isla de Hawái, donde entre 1866-1869 fueron apartados los enfermos de lepra, que van perdiendo su identidad a la vez que sus carnes: “También mi cara fue lechosa. Y llana. / Me duermo acariciando esa tersura. / Me duermo prometiéndome que, / mientras sea capaz de recordar lo suave, / esta áspera verdad no podrá contagiarme”. Pero el capítulo más sobrecogedor sin duda es el de “Las histéricas de La Salpêtrière (1862-1867)”. En dicho hospital de París, el doctor Charcot realizó “estudios”, experimentos y “tratamientos”, para determinar la “enfermedad” femenina de la histeria. Hubo un momento en que había más de 4.500 mujeres entre sus muros. “Nos arrastraron a esta negra calesa / donde lo peor no es el miedo / agarrándose al pecho, sino sentir cómo trepa / buscando la garganta”; “Los hombres de blanco / dicen que nuestra locura se aloja / entre las piernas. / Por eso nos sientan en estas sillas largas / y, armados con mangueras a presión, / disparan agua helada a nuestros sexos”; “Hoy no hubo palo entre los dientes. / Es la manera que tienen de advertirme / que incluso mi dolor les pertenece”.

Las cuatro partes del libro están cronológicamente encadenadas, en una estructura muy cuidada que le proporciona una sólida unidad. Junto a ella hay que destacar la fuerza de las imágenes y el poderoso cierre de los poemas, logros considerables en la obra.

En el espacio de solo unos meses, junto a los anteriores que ya poseía, Castro ha recogido un nuevo premio, El Unicaja de Poesía, por Inventar el hueso, que será publicado por Pre-Textos. Esperamos su salida. De momento, la felicito por este espléndido libro, Bajo la luz, el cepo, que muestra lo que es y debe ser la poesía: trabajo riguroso y emoción hasta los huesos.

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