No era demasiado difícil prever el éxito de Pablo Casado. Cuando casi nadie contaba con él, escribí en...
No era demasiado difícil prever el éxito de Pablo Casado. Cuando casi nadie contaba con él, escribí en el diario El Mundo, el 3 de marzo del año 2016: “El nombre emergente es el de Pablo Casado. Político que descarga día a día su estimulante equipaje universitario y político a pesar de la juventud, todavía no ha cumplido los cuarenta años, Pablo Casado es hombre de simpatía contagiosa, excelente comunicador, con las ideas muy claras. Sabe exponerlas sin tapujos ni veladuras. Representa para muchos la regeneración del PP, desde el respeto a lo mucho que el partido ha sumado en la democracia española. Nadie o casi nadie se atreve a decirlo pero en Casado está el sucesor que presentaría la cara más votable del centro derecha español. Apostar por él es apostar por el futuro, por un futuro de eficacia, de firmeza, de moderación y prudencia. Quienes conocen a fondo el Partido Popular, lo saben, aunque no se atrevan a decirlo en público por miedo a quedar excluidos de la foto”
Mariano Rajoy había hecho una excelente gestión económica. Zapatero le dejó un déficit que rozaba los dos dígitos; una prima de riesgo instalada en los 638 puntos; y la amenaza de un desplome económica general, con Bruselas esgrimiendo el tridente agresivo de la troika y la inmediata intervención. Rajoy se enfrentó a la amenaza y resanó la vida económica española con una certera reforma laboral. Se equivocó, sin embargo, en la política catalana. Su lenidad y su cachaza subrayaron el inmenso error que cometió y que, en definitiva, supusieron su derrumbe personal.
Pablo Casado evitó que, con el PP de Rajoy, ocurriera lo que pasó con la UCD de Calvo-Sotelo. Bordeó el abismo pero consiguió 67 diputados que le han permitido continuar. Si Pedro Sánchez se decide por nuevas elecciones el 10 de noviembre, Pablo Casado parece dispuesto a recuperar una parte de los votos perdidos por los errores políticos de Mariano Rajoy.