URIBE EN LA CIMA DE LA POPULARIDAD
jueves 07 de agosto de 2008, 21:47h
Álvaro Uribe ha cumplido seis años como Presidente de Colombia en el momento en que su mandato alcanza el mayor nivel de popularidad, con más del 80% de la aprobación. El Presidente puede contar con el récord histórico de popularidad en virtud de sus éxitos en temas de seguridad y lucha contra las FARC: al tiempo que Colombia parece un país más seguro, como confirman los indicadores de homicidios y secuestros en evidente descenso, los éxitos mayores en la gestión presidencial pertenecen a la lucha contra las FARC. Si los años entre el 2002 y el 2006, se caracterizaron por la actuación del Plan Colombia y el Plan Patriota que empujaron a la guerrilla hacia la selva, en el bienio 2007-2008 de su segundo mandato se registran golpes demoledores contra a las FARC, como la espectacular liberación de Ingrid Betancourt o la muerte de Raúl Reyes. La estrategia de Uribe está obligando las FARC a plantear un cambio de estrategia de un conflicto que, aún lejos de concluirse, si parece más cerca a su final.
Sin embargo, Uribe afronta los dos años de mandato que le restan con algunas incógnitas de gran importancia para el país: en primer lugar, cómo enfrentarse a la situación económica local que, después el acelerado crecimiento de los últimos años, se prepara a una fuerte desaceleración debido a la crisis mundial, a la subida de la inflación y a la revaluación de la moneda local, con consecuencias negativas sobre las exportaciones. El Presidente deberá tener en cuenta que, como es frecuente en está área del mundo, la otra cara del crecimiento queda oscurecida por el aumento de la desigualdad en la distribución de la riqueza y el constante aumento de la inflación. Además, en Colombia más del 30% de la población sigue viviendo en condición de pobreza y la tasa de paro se está disparando.
Secundariamente, otra prioridad de su mandato debe ser el restablecimiento de relaciones con los países fronterizos. De momento, la política exterior de Uribe ha provocado una especie de “aislamiento regional”: Colombia se encuentra rodeada de países contrarios a su gestión presidencial. Mientras, Ecuador, Venezuela y Nicaragua sigan constituyendo el frente amenazador de la diplomacia colombiana, Uribe debería procurar acercarse a países más afines -y menos extremistas ideológicamente- como el Brasil de Lula, el México de Calderón o la Argentina de Fernández. Especialmente con México, la participación en el Plan Puebla-Panamá podría representar una manera para reforzar la presencia colombiana en Centroamérica. Respeto a EE.UU., mucho depende de las elecciones del próximo noviembre, donde McCain –comprometido con la liberalización e integración económica americana- representa la carta de Uribe.
Sin embargo, su mandato no se caracteriza sólo por los éxitos: el acentuado presidencialismo de Uribe ha determinado que los partidos parezcan debilitados y el Congreso carente de poderes, mientras la política nacional gira exclusivamente en torno a su figura. Además, la pelea con la corte de justicia está dañando el Estado de derecho. Finalmente, antes de despejar la incógnita sobre si tratará de presentarse a una nueva reelección, Uribe tendrá que aclarar su relación con la justicia, realizar las reformas económicas y políticas que el país necesita y elaborar una nueva política exterior animada por el deseo de establecer nuevas relaciones de “buena vecindad”.