Comienza el primer acto de campaña camino a las nuevas elecciones: las trescientas medidas de Pedro Sánchez, presentadas a doble espacio y con espiral, no tienen otra finalidad. Pablo Iglesias dice estar harto de “soportar humillaciones” y evitará a toda costa que a su partido se le humille más; el gratis total para Iglesias por su apoyo es vergonzoso, quieren de él casi un Contrato de Adhesión, el que firmamos por la luz o el agua, donde nadie discute nada. Vergonzoso. El error lo formuló Jesús Maraña muy atinado: “El último con quien se habla es el primero que se necesita”. Ahora da igual. Lo dicen en las tabernas de tinto recio y azulejos brillantes: “Nunca podrán ponerse de acuerdo porque se odian demasiado”. La desconfianza afecta a los temas medulares y, el fantasma de un gobierno dentro del Gobierno, descentra a los socialistas. La gente sensata como Carlos Cue se pregunta: “¿Por qué dos personas normales tienen que estar de acuerdo en todo? En Portugal la Izquierda portuguesa y el Socialismo no lo están y pactan”. Ya, amigo, pero no se odian.
Seguimos por el río, uno detrás de otro, la vereda de José Luis Ábalos, que es la dibujada por Iván Redondo: pactar primero el qué, luego el quiénes, finalmente el cómo. ¿El socio preferente? El mayor engaño. Están convencidos de los 150 diputados y no salen de ahí. Ábalos mezcla filosofía barata como ceremonia de la confusión (“Cuando uno anticipa el fracaso acaba cumpliéndolo. No queremos la disolución de Las Cortes”) con bromas muy pesadas (“No estar en el Gobierno da mucha libertad. Podemos puede ser así más libre”). Digámoslo con todas las letras: No hay Pacto de Legislatura y si éste sabroso Primer Acto de Campaña. Trescientas medidas –pleno programa- que buscan la reunión de los equipos negociadores antes de los mandos en plaza. Cooperación, sí, la palabra estrella, no Coalición, lo que traducido a román paladino es que Podemos apoye o firme gratis. Las nuevas elecciones traerán el bipartidismo, según los cálculos cuadrados de Redondo, Podemos con presencia cercana a la que tuvo en su día Izquierda Unida, y Casado menos todavía con toda la mierda que brota de la alcantarilla mal cerrada, ahora con Esperanza Aguirre, Cifuentes, lo de siempre, etc. La banda entera.
Los poetas tienen el discurso de los locos: “Debe empezar Sánchez en diferido y, a los dos años o por ahí, unirse los de Iglesias”. Tremendo. ¿Esto es retomar el diálogo de manera integral? La irresponsabilidad es mayúscula, el papelón resulta interminable, cada uno va a lo suyo –joder al otro- antes que a ningún diálogo posible o visible. Los obreros me lo dicen entre chirigotas: “Verás como para subir impuestos se ponen de acuerdo rápido”. Quien tiene más riesgo de bajar –según la calculadora de Redondo- es Podemos y a eso vamos. Qué, quiénes y cómo: sí pero ningún calendario de “ejecución” de propuestas –cuándo y no qué van a hacer- y tampoco negociación alguna con respecto a los cargos intermedios –quienes cortan el bacalao de hacer o no algo-. Precioso. Los poetas siguen con su pregunta para entretener a las masas, mirar al cielo, y seguir contando cuervos: “¿Por qué la derecha se ha partido en tres: Ciudadanos, PP, Vox? Esa es la cuestión principal”. Muy entrañable.
La desconfianza es incurable. Todos quieren bipartidismo como una forma de tener más llena el corral. “Hemos tenido en el poder a los presidentes más longevos de Europa, salvo Alemania, y eso se acabó”, explican los médiums. Otros profetas siguen con el incienso, el humo, la nube de interrogantes, todo eso tan rentable: “Rivera, en lo privado, se llevaba fatal con Rajoy y pactaron. Da igual cómo se lleve la gente mientras pacte”. Las discrepancias, querido amigo, es sobre contenidos y no personas. Sánchez Ferlosio participó en varias tertulias literarias en su barrio de la Prosperidad, en el café Comercial, en mil y un lugares. Todas las dejó por el mismo motivo: “Aquí se habla de personas y no de asuntos, y yo no he venido para eso”. El odio se manifiesta en el chismorreo, poner a caer de un burro a Fulano o Mengano, pero hablar de ideas requiere “hacerse una cultura”, hablar desde unas ideas, algo muy complejo y largo sin tirachinas. Seguimos en la nada, que es blanca y echa pus por las paredes, que busca los 150 diputados y ríe de lado. Feliz nada, para todos. Lo mejor para esas trescientas medidas es freír un huevo encima. Un Contrato de Adhesión –la luz o el agua- no es ni puede llegar a ser Pacto de Gobierno. Todo saltará por los aires pronto.