Casado, extraordinario; Rivera, excelente; Iglesias, contundente, y Abascal, eficaz desde su punto de vista, acorralaron...
Casado, extraordinario; Rivera, excelente; Iglesias, contundente, y Abascal, eficaz desde su punto de vista, acorralaron a un Pedro Sánchez desconcertado.
Naturalmente, lo que de verdad interesaba no era el tema del debate: la relación con Europa. Aparte de pasajes menores, los principales oradores, directa o indirectamente, terminaron denunciando al presidente en funciones como responsable de la fractura de la negociación con Podemos y del desastre que supone llevar de nuevo al pueblo español a elecciones generales el próximo 10 de noviembre.
Como es habitual, destacó la calidad oratoria y la capacidad dialéctica de Pablo Iglesias, si bien tanto Casado como Rivera y Abascal, desde sus diversos puntos de vista, tuvieron intervenciones eficaces. El más agresivo fue Abascal, que, además de descalificar al presidente en funciones, agredió al Partido Popular y a Ciudadanos, acusándolos de formar frente común con el PSOE y los que apoyan la actual Europa a la deriva.
Los partidos menores, salvo el PNV, reiteraron sus habituales lugares comunes.
Tras seis meses de funcionamiento tuerto y cojo del Congreso de los Diputados, el debate ha parecido más un trámite que el reflejo de la alarmante política española. Se comprende la opinión del pueblo español sobre los partidos políticos, cada vez peor considerados.
Claro que a Pedro Sánchez todo eso le trae sin cuidado. Ande yo caliente y ríase la gente. Pedro Sánchez prolonga su estancia en funciones en Moncloa y hará todo lo que le convenga para permanecer sentado en la silla curul monclovita. A algunos españoles les llena de vergüenza la actual situación; a otros les produce indignación; a los más, profundo asco.
Pedro Sánchez, en fin, dio golletazo al debate con una atolondrada intervención, discurso que se puede resumir así: que no haya elecciones no depende del PSOE, depende de que Podemos apoye o de que Ciudadanos y PP se abstengan. Sus diputados, mansurrones y lanares como siempre, le han aplaudido a rabiar. Las réplicas a esta intervención por parte de Casado, Rivera y Abascal acentuaron el desconcierto del presidente en funciones, que en la contrarréplica se limitó a cumplir el trámite, reiterando sus argumentos esgrimidos una vez más sin nuevos matices.