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Y DIGO YO

Horas de vértigo para nada: elecciones

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 17 de septiembre de 2019, 21:03h
Actualizado el: 18/09/2019 01:13h

El día se presentaba movido. El Rey debía certificar este martes si habría nuevas elecciones o si se podía producir a última hora un desbloqueo de la nociva situación política que actualmente martiriza a España. Y el día fue de locos. Sobre todo por lo inútil.

Después del anuncio este lunes por sorpresa de Ciudadanos de su disposición a abstenerse en una nueva votación de investidura si el presidente en funciones se comprometía a cumplir una serie de condiciones y quedar, por enésima vez, meridianamente claro que Pedro Sánchez no tiene ninguna intención de pactar con nadie nada, el propio jefe del Ejecutivo anunciaba, "puenteando" al Rey, que llamaría por teléfono a los líderes de Podemos, PP y Ciudadanos para conocer sus posiciones finales. Postureo mediocre y vanal al que ya nos tiene acostumbrado porque ya sabía lo que le iban a contestar.

Las noticias se sucedían sin parar. La formación de Albert Rivera adquiría un protagonismo inesperado y alguien llegó a pensar que quizá el presidente en funciones tomara en serio su propuesta. Mientras, el líder de Vox, Santiago Abascal, comunicaba a Felipe VI su negativa a investir al presidente del Gobierno en funciones después de que su portavoz parlamentario, Iván Espinosa de los Monteros, afirmara un día antes que no se sumarían a la oferta de Cs de abstenerse, de la mano con el PP, para facilitar un nuevo gobierno. Era de esperar, pero era otro no.

El que sí llegó a tener la mosca detrás de la oreja fue el líder de Podemos, que informaba al Rey de que ya había trasladado a Pedro Sánchez su misma oferta de un ejecutivo de coalición de los últimos meses, pero veía que la oferta de Ciudadanía podía encandilar al presidente todavía en funciones. Como si de un ataque de cuernos se tratara, Pablo Iglesias temía "que se fuera con otra". Medio en serio y medio en broma apuntaba que Sánchez tenía dos opciones, pero que su "tendencia natural" era "la derecha".

¡Qué equivocado, su tendencia natural es solo él!

Aprovechaba la algaravía informativa y el desconcierto de anuncios y propuestas el ministro del Interior también en funciones, Fernando Grande-Marlaska, que arremetía contra el líder de Ciudadanos porque, según su criterio, la ciudadanía quiere políticos “serios” que trabajen en todo momento “y no a última hora”. No deja de tener gracia lo pronto que olvida el ministro la patética imagen de “su jefe” negociando desde el propio estrado del Congreso de los Diputados con Pablo Iglesias a escasos minutos de votar la fallida investidura.

Y continuaba el frenesí informativo. Poco después, el líder del PP trasladaba telefónicamente al presidente en funciones su ‘no’ a la investidura del socialista. Al menos, eso es lo que confirmaban fuentes del PSOE porque las del PP aseguraban que el ‘popular’ no había informado del contenido de la conversación, algo que ha dejado para después de la audiencia con el Rey. Pero algo similar sucedía más tarde entre las fuentes de Moncloa y las de Zarzuela. Finalmente, la Casa del Rey aseguraba que Felipe VI no había barajado en ningún momento aplazar unos días su decisión sobre la investidura tras la ronda de consultas con los partidos, algo que sí habían filtrado desde el Gobierno.

Entre tanta filtración interesada, también hemos escuchado a un desconsolado Iglesias asegurando que le había dicho al Rey que su disponibilidad seguía "vigente” si el PSOE quiere “compartir responsabilidades”. El líder de Unidas Podemos probablemente sabía ya que el objeto de sus desvelos se desvanecía y que cada minuto era más difícil su objetivo. La formación morada calcula ya cómo de grande puede ser el agujero por el que se pierden los votos y buscarán la forma de remendarlo.

Como fuere, las respuestas que los distintos líderes a Sánchez y después al Rey Felipe alejaban según se acababa el día aún más las opciones de que hubiera investidura porque en realidad nada ha cambiado desde el pasado mes de julio. Y como todo sigue igual, hasta la administradora única provisional de RTVE puesta a dedo por Sánchez, Rosa María Mateo, había enviado ya a los líderes políticos una “carta de cortesía” invitándoles al debate electoral. Sorprendente el descaro. ¡Para qué esconderse!

El resultado final, el esperado, el que Pedro Sánchez ha buscado con todas las artimañanas a su alcance desde el mes de julio: nuevas elecciones. Más gasto, más campaña, más hartazgo, más descontento, desafección... ¿Subirá mucho la abstención o al final nos convencerán de nuevo con el cuento de la "fiesta de la democracia"?

La historia se repite, ¿le sorprende a alguien?

Javier Cámara

Periodista

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