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POR LIBRE

Mientras dure la guerra

domingo 22 de septiembre de 2019, 19:11h

La nueva película de Amenábar, que se presenta al Festival de Cine de San Sebastián, refleja el fanatismo que imperaba en España hace 80 años y que condujo a la contienda fratricida. El odio entre los republicanos y los nacionales terminó a cañonazos. Ahora ha resucitado entre nuestros políticos ese fanatismo comunista y fascista que se había olvidado; por suerte, en lugar de con dinamita, intentamos resolver las diferencias con elecciones generales. Una al año. De momento. No es la guerra civil, pero a veces huele a pólvora.

Por sus ideologías radicales y anacrónicas, tanto Podemos como Vox despliegan su fanatismo sin pudor. Lo llevan en el ADN. Pero es Pedro Sánchez y su cuadrilla los que atizan las brasas para reavivar el fuego. El PSOE quiere quedarse solo en el escenario político y ataca a Podemos por ser un partido extremista y populista, que no le dejaría dormir si formara parte de su Gobierno y luego hace un mejunje con el PP, Ciudadanos y Vox para tacharlos de una tacada de fascistas. En definitiva, el único partido demócrata, moderado y con sentido de Estado es el PSOE. El resto, basura comunista o fascista. Y olé.

No es fácil averiguar si Pedro Sánchez lo dice porque lo piensa o porque se lo susurra Iván Redondo y demás gurús para triturar a toda la oposición de golpe. El PSOE, no obstante, no le hace ascos a pactar con Bildu, y si lo necesita con Podemos. Esos pactos, por ejemplo, han llevado a Baleares y a la Comunidad Valenciana a suspirar por integrase en los mal llamados países catalanes. Y a Navarra, en el País Vasco. Por ahí andan los consejeros de Educación manipulando libros y prohibiendo hablar en castellano a los niños; igual que Quim Torra, el que otrora fuera el Le Pen español.

El 10-N puede ocurrir cualquier cosa. Pero lo más probable es que si el PSOE y el PP sumaran sus escaños, lo que ahora resulta imposible con Pedro Sánchez, podrían pactar y formar un gobierno. Esa gran coalición sería la solución al atasco y al fanatismo desbordado para afrontar los coletazos de los independentistas y reformar la Constitución y, entre otras cosas, la ley electoral para evitar que nuestra nación se bloquee ante la incapacidad de llegar a acuerdos de los dirigentes políticos. Que tienen más ombligo que cerebro. El gran peligro de España se producirá si en las próximas elecciones se mantiene el bloqueo por la dispersión del voto y la intransigencia de los candidatos.

Porque Pedro Sánchez es el problema, como ya han dicho Pablo Iglesias, Pablo Casado y Albert Rivera. El presidente en funciones aspira a gobernar en solitario, pero no podrá si no obtiene la mayoría absoluta.Y eso no ocurrirá. Más bien lo contrario. Se puede dar un trastazo histórico, pues ya sabe toda España quien ha sido el responsable de volver a las urnas, por mucho que intenten disimularlo Rosa María Mateo desde TVE y las muchas televisiones amigas. Por mucho que abuse de las Instituciones, de todos los Ministerios y del dinero público para costear su campaña. No se puede descartar que ante el guirigay electoral y los muchos vetos cruzados haya que repetir elecciones. Y así "ad eternum". Así, mientras dure la guerra. Así, mientras dure Pedro Sánchez en el PSOE, en realidad, el más fanático de todos. El gran problema.

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