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TRIBUNA

Errejón, otro motivo para no dormir

jueves 26 de septiembre de 2019, 20:37h

Huele a azufre en Galapagar, que diría el comandante. El salto de Íñigo Errejón a la política nacional ha convertido definitivamente a Pablo Iglesias en un cadáver político, un eremita que se pregunta desde la soledad de su mansión qué hizo mal para que su otrora amigo le haya abandonado: ¿Tu quoque, Íñigo?

En La ‘Complu’ se ha instalado el luto. Catedráticos decadentes y conversos de libro lloran mientras la chimenea de la Facultad de Ciencias Políticas exhala una fumata nera que, por primera vez, no es causada por el tabaco negro francés de Verstrynge. La división de la

-extrema- izquierda duele en la necrópolis del librepensamiento. En una de sus aulas, Juan Carlos Monedero se desnuda y confiesa que nunca confió en Errejón; que a través de sus gafas trotskistas siempre vio en él una ambición desmedida, una ambición que solo le consiente a Pablo, su alumno predilecto.

Los romances y las traiciones en Podemos dan para varias temporadas de un culebrón venezolano de media tarde. Uno de esos en los que cada giro de guión resulta previsible. El último lo vio venir Monedero, Bescansa, Kichi, Teresa y hasta Equo. Errejón sabe bien que lo que llevó a las mareas a acampar en Sol no casa con lo que hoy defiende el partido morado, convertido en sustento de una Izquierda Unida que agoniza desde el primer infarto de Anguita.

Hace tiempo que se jodió el Perú. Y no a la altura de Galapagar, como dijo Escudier. El engaño se destapó con las alcaldías del cambio; las mismas que entregaron el bastón de mando a Bildu en Pamplona y sustituyeron a Melchor por una drag queen en Madrid. La nueva política, oigan.

Y es que en eso de asaltar los cielos, Iglesias se equivocó de camino. Se empecinó en hacerlo con un lazo amarillo, de la mano de los comunistas y con la demagogia por bandera. Y todo ello con el respaldo de los españoles, por su recio convencimiento de que sí se puede estar en misa y repicando.

Errejón viene a cubrir un espacio vacío. Una izquierda pragmática, alternativa al comunismo podemita y al sanchismo vacuo y maquiavélico. Una izquierda hipster, aseada y que no es alérgica a la rojigualda -de puertas para afuera-. El 10N determinará cómo de grande es su nicho en una España tan polarizada.

Errejón está listo para dar el paso. Esta vez sin beca, gracias a su condición cuasi divina de adalid de la izquierda, conseguida a base de besos en campaña con la que fuere entrañable abuelita de los madrileños -de unos más que otros-. Se equivoca el PSOE en celebrar el paso adelante del exdirigente de Podemos. No solo porque el 28A nos enseñó que la fragmentación puede ser letal para un bloque; también porque Pedro Sánchez va a encontrar en Errejón un rival político astuto, sagaz y con mayor poso ideológico que Iglesias. Sánchez tiene otro motivo para no dormir. Y sospecho que los españoles también.

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