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CATALUÑA EN LA FRONTERA DEL TERRORISMO

viernes 27 de septiembre de 2019, 13:00h
¿Pero es que alguien con la cabeza sobre los hombros esperaba otra cosa del actual Parlamento de...

¿Pero es que alguien con la cabeza sobre los hombros esperaba otra cosa del actual Parlamento de Cataluña? Joaquín Torra, el presidente marioneta de la Generalidad, es carne de presidio y en la cárcel debería estar si se aplicara con eficacia lo que la Constitución española exige.

Sería un error, sin embargo, urgir ahora al Gobierno a que ponga en marcha el artículo 155 de la Constitución, interviniendo a la Generalidad. Hay que esperar a que pasen las elecciones generales por razones de prudencia y de eficacia. Parece claro que durante el mes de noviembre resultará obligado intervenir Cataluña, conforme a la Constitución, para evitar la deriva antidemocrática de aquella Autonomía que ha cruzado todas las líneas rojas. Los secesionistas tienen todo el derecho a serlo, pero no a desobedecer las leyes y mucho menos a justificar presuntas actuaciones violentas e, incluso, terroristas.

En Cataluña existe ya una batasuna encubierta y una Eta a la expectativa. Un sector del secesionismo piensa que la fórmula para doblegar al Estado es la violencia. Pidieron armas largas para convertir la Policía autonómica en un Ejército. Exigen la salida de la Guardia Civil de Cataluña y se agitan ya algunos comandos fabricando explosivos, cuyo objetivo no es otro que los atentados contra edificios públicos del Estado.

La gran política consiste en prevenir, no en curar. La Guardia Civil, sorteando a las autoridades catalanas secesionistas, ha detenido con las manos en la masa a un comando presuntamente terrorista. La reacción de los políticos que rigen el separatismo ha sido fulminante y desproporcionada. Claro que sería conveniente el diálogo y la solución pacífica de la situación. Pero una parte del secesionismo catalán está ya en otra cosa: en la violencia y en el alba del terrorismo.