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TRIBUNA

El peligro de extinción

Natalia K. Denisova
sábado 28 de septiembre de 2019, 19:39h

La manifestación ecologista del viernes llenó de multitudes un par de calles colindantes con la Puerta del Sol. La muchedumbre, variopinta y estrambótica, proclamaba el derecho a un planeta limpio con los carteles de plástico y papel, muchos de los cuales acabaron tirados por las calles. No hay duda de que muchas especies están en peligro de extinción, pero esta manifestación muestra la agonía del hombre sapiens, o mejor dicho, del hombre mínimamente racional.

Negar el grave impacto de la industrialización actual sobre la naturaleza es engañarse. Pero, esto no debería llevar al fundamentalismo ecologista, que dominó el viernes las calles y domina los medios de comunicación todos los días. Los fundamentalismos no traen nada bueno… Hace tiempo que nos informan sobre las organizaciones mundiales y sus menús ecológicos para la humanidad, donde la carne debe ser sustituida por las verduras para luchar con el calentamiento global. Ridículos. Sí, son algo ridículas estas medidas elaboradas desde el despacho, que se ha vuelto más impermeable a la realidad que una torre de cristal. Si las organizaciones como la ONU tuviesen más decoro intelectual, podrían emprender alguna negociación con los países que más contaminan a nivel mundial: China, los EEUU, quizá también con India, Rusia y Japón. Los 28 países de la Unión Europea, el paraíso del ecologismo dogmático, contaminan igual que India y tres veces menos que China que sigue siendo un líder insuperable con su contribución de 30% del dióxido de carbono mundial. ¿No sería mayor acierto organizar una manifestación “verde” en China? ¿O Greenpeace, en el fondo, prefiere ser una organización regional? En cualquier caso, los datos muestran que los manifestantes no eligen bien su lugar de protesta. Este personal no ha elegido bien el campo de batalla.

El buenismo irreflexivo e irracional se ha instalado no sólo a nivel internacional, las autoridades nacionales y municipales no les han ido a la zaga. En Madrid vivimos años al borde de una catástrofe ecológica inminente, según los informes de la ex-alcaldesa Carmena. A pesar de esto, durante esos mismos años Madrid figura, en el informe de Greenpeace sobre la calidad del aire, como una de las ciudades menos contaminadas del mundo y, por supuesto, con una calidad de aire mucho mejor que París, Londres, Berlín, Lisboa, Bruselas, Viena y Praga. ¿Es necesario crear una falsa alarma a los ciudadanos e impedir que la vida cotidiana transcurra tranquilamente? ¿Para qué medidas precipitadas e ineficaces sobre la disminución de la velocidad de los vehículos? ¿Será más provechoso incrementar las multas que financiar los vehículos menos contaminantes para el transporte público?

En fin, las fotos de la manifestación de ayer muestran a los menores con pancartas, algunos atrevidos como Iglesias y Montero con sus bebes de pecho, refleja la politización extrema de lo que podrá ser una protesta legítima contra los países más contaminantes del mundo.

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