Según cuentan, a Iván Redondo, más que estratega político, se le conoce como el embaucador de La Moncloa. En realidad, se dedica a colarse cual topo en los partidos políticos, a meter caballos de Troya en aquellas formaciones que puedan cuestionar el liderazgo del gran jefe. Un día, por ejemplo, se fue a París y de pronto apareció en Barcelona Manuel Valls. En realidad, huyó de Francia antes de que le lincharan sus compañeros socialistas por destruir el partido. Pero Albert Rivera, desde su imaginario centro del centro, se lanzó a por él para que fuera su candidato al Ayuntamiento de Barcelona. Gracias a esta hábil operación, Ciudadanos, después de arrasar en las autonómicas con la histórica victoria de Inés Arrimadas, se estrelló en las elecciones municipales quedando en cuarto lugar en la capital catalana. Ahora, el PSOE gobierna en coalición con Ada Colau gracias al voto del simpático político galo. Y es que cuando entra en un partido no deja piedra sobre piedra.
Otro día, Iván Redondo se encontró a Santiago Abascal paseando cabizbajo por El Retiro y suplicando una subvención para poner en marcha Vox. Inmediatamente, le prestó unos milloncejos y, de paso, le regaló unos eslóganes patrioteros. Luego avisó a Rosa María Mateo para que le sacara en portada cada vez que soltaba un exabrupto. Esto es; todos los días. Agitó también a los incontables tertulianos de la cuerda socialista y populista para que le tacharan de ultra a diario. El PP se quedó en 66 escaños y el PSOE ganó las elecciones.
Íñigo Errejón es el último y gran fichaje del asesor monclovita. Pedro Sánchez, harto de que Pablo Iglesias le chuleara, encargó a Redondo que se reuniera con el líder de Más Madrid (ahora, Más País) ¡Qué más da! Moncloa puso a su servicio todo el aparataje gubernamental, con TVE al frente, le pagó la operación de la vista para que se quitara las gafas y no pareciera tan repipi (esto no lo ha conseguido), pero le subvencionó, a cargo del presupuesto, cualquier gasto para desplazarse por todos los rincones de España y dejar Podemos en los huesos. El mayor traidor de la política española, como le bautizó Isabel Díaz Ayuso, sabe que para ser ministro del PSOE tiene que acabar antes con Pablo Iglesias. Y a ello se dedica en cuerpo y alma.
La eficacia de Iván Redondo no reside en sus consejos a Pedro Sánchez. El presidente en funciones prefiere que le regale los oídos Tezanos con sus psicodélicos cálculos demoscópicos para convocar elecciones y prolongar su estancia en el Palacio de La Moncloa. Redondo, en realidad, se dedica destruir a los partidos que amenazan la hegemonía del PSOE. Y, la verdad, que donde pone el ojo, pone la bala. Manuel Valls se ha ido con Colau después de insultar a Albert Rivera por no apoyar a Pedro Sánchez y pactar con Vox. Santiago Abascal se ha portado como un patriota de pelo en pecho para que el PSOE pudiera acusar de fascistas al PP y a Ciudadanos. E Íñigo Errejón lleva meses dando a Pablo Iglesias puñaladas por la espalda. Últimamente, en el hígado.
Mientras, Pedro Sánchez alardea en Nueva York de la exhumación de Franco e intenta explicar su transición ecológica. Tampoco allí le entienden, pero él ni se entera. Duerme tranquilo, pues sabe que Iván Redondo ejecuta a sus adversarios en silencio, sin piedad y sin dejar huellas.