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TRIBUNA

In Memoriam Franco

martes 08 de octubre de 2019, 20:05h

Si, yo defiendo la memoria de Franco, defiendo la no exhumación de sus restos, defiendo su recuerdo y por encima de todo defiendo la memoria de su legado. Porque no se debe olvidar nada, ni de Franco, ni del franquismo, ni de los franquistas. Pues solo conociendo y recordando lo que fue el franquismo se podrá fundar una España radicalmente opuesta a la España de Franco, a la España sin libertad, a la España de hoy.

Cuarenta años lleva muerto y sin embargo toda la clase política española vive pendiente de Franco. Unos, acomplejados por su origen, y otros condenándolo, pero todos manteniendo y viviendo de su legado ¿cuál?, el asalto del Estado al pueblo español. Aún recuerdo las palabras del emérito rey en el documental del cineasta francés Miguel Courtois, titulado: Yo, Juan Carlos I Rey de España, cuando el monarca cuenta que en una ocasión le espetó al dictador: “- Mi General, debería abrir un poco la mano…-” y Franco le responde “- Yo no, eso tendrá que hacerlo usted…yo no lo puedo hacer…yo no puedo cambiar-”. Palabras seleccionadas para favorecer la venta del monarca como gran demócrata, pero que encierran en forma de desliz una siniestra confesión. Y es que Franco sabía que a su muerte todos sus acólitos, sus partidarios, incluso su propio heredero, tendrían que renegar públicamente de él y su imagen, ¿Para qué?, para mantener intacta la estructura de su régimen mediante un barniz de libertades individuales. Las cuales son lo único que la constitución de 1978 ha cambiado de la España de Franco a la de hoy, la capacidad de todo individuo de poder expresarse, transitar o actuar como quiera, pero, negándole la verdadera libertad de la cual debe nacer todo derecho individual, la capacidad para elegir a sus dirigentes y representantes: la libertad política colectiva. Porque sin esta, todo derecho que el poder da, según le pueda convenir y así ha sucedido, el poder quita.

Y así fue, el emérito rey, triscando dinásticamente sobre su padre, tomó los poderes absolutos del Estado y se los entregó a quienes le pusieron, y, por ende, a quienes le podían quitar, los jefes de los partidos políticos. Y así hemos ido de las cortes donde los diputados los ponía el caudillo de un solo partido, a las cortes donde los ponen los caudillos de cuatro o cinco.

No existe nada digno de ser honrado ni enaltecido de la dictadura franquista, razón por la cual su recuerdo debe permanecer intacto. Y recuerdo al lector, que solamente los implicados en el crimen vuelven más tarde al lugar de los hechos para borrar las huellas que los incriminan. Y con ello me refiero directamente al PSOE, el partido que liquidó la posibilidad de la ruptura con el franquismo aceptando junto con Santiago Carrillo pactar con el régimen franquista presidido por Carlos Arias, para constituir la oligarquía política que tenemos hoy. No sin que antes Fraga Iribarne como ministro del Interior hubiera encarcelado a Marcelino Camacho, Nazario Aguado, Antonio Garcia-Trevijano y todo líder político que abogara por la ruptura con el franquismo y la apertura de un proceso pacifico de libertad constituyente. Con razón un auténtico revolucionario como Lenin bautizó al socialismo como el partido de los liquidadores, de los que no dudan en traicionar todo principio revolucionario con tal de participar del poder.

Así pues, y con una transición y constitución marcada con las líneas maestras de Torcuato Fernández Miranda, expresidente del gobierno a la muerte de Carrero Blanco, es decir, bajo Franco, y mentor de Juan Carlos I; Solo me queda advertir al lector que, al igual que yo, desprecie todo totalitarismo y luche por la llegada a España de una verdadera democracia, que solo un acomplejado por su pasado franquista puede preocuparse por borrar los vestigios del franquismo. Del mismo modo que los acólitos de Stalin le sacaron del mausoleo de Lenin ocho años después de su muerte para desmarcarse de su legado y mantener su modelo de Estado intacto, hoy el PSOE quiere borrar el franquismo para que los españoles pierdan la referencia de los problemas institucionales que se manifiestan ya agonizantes a día de hoy, por una estructura del poder que lleva intacta desde 1939 y se mantiene.

Ante todo lo expuesto, termino alentando al lector a condenar todo intento de honrar la memoria de un dictador que ha privado a nuestros padres y abuelos de libertad, y cuyos herederos nos la siguen negando hoy. Y del mismo modo condenar a todo aquel que quiera borrar las huellas de dicho período. El valle de los caídos debe ser un Auswitch español, donde llevar a los escolares, empezando por los de Catalunya, para que sean testigos de cómo el totalitarismo y el nacionalismo son, bajo el pretexto de liberación de las naciones, el peor enemigo de la libertad de todo pueblo.

Porque es cierto que el franquismo sigue vivo y en vigor y sus restos están en las instituciones de esta partitocracia con metástasis en forma de autonomías, lo del valle de los caídos solo son huesos. Mientras esta verdad incontestable no se extienda y los ciudadanos no den la espalda a los partidos del Estado mediante una abstención acompañada de una desobediencia civil pacífica que reclame un periodo de libertad constituyente, todo habrá quedado efectivamente atado y bien atado.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    10460 | Piruleto - 15/10/2019 @ 18:25:12 (GMT+1)
    Estoy de acuerdo en todo. Excepto, de culpabilizar al nacionalismo (el amor a la patria) de ser el peor enemigo de libertad de todo pueblo.

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