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Flash último e incienso para Pepe Oneto

martes 08 de octubre de 2019, 20:07h

Es un secreto? Hubo una vez, queridos amigos, niños y grandes, en que el PSOE dejó de ser de Izquierdas. Ahí surgieron fenómenos dignos de estudio: la "Beatitul People", la gente guapa, caviar y rosas, vinos caros y trapos de lujo, coches blindados y reservados en los mejores sitios (José Luis, Lhardy, Jockey…). Lo dijo Francisco Umbral mucho antes de ese fenómeno como gran visionario que era en los libros de la época (La Derechona, El Socialfelipismo): "A Felipe le gustaba mucho la pasta, se notaba enseguida; la roja ella era, Carmen Romero, entre vinos negros y lecturas de Machado en su Sevilla natal". Sí, queridos, el gusto por la pasta es como la tos, no se puede evitar, el esputo sale aunque uno muerda o apriete los carrillos, ponga un pañuelo delante o la mano abierta como sábana o mordaza. Los ojos se ponen como platos y la gula, siempre, delata.

Pepe Oneto sube a los Cielos, gemelos de oro y antes imperdible macizo bajo los cuellos de la corbata, mucho flequillo de lord o por ahí, mucho cuello blanco y la camisa en otro quiebro, colores estridentes y dandy al final, apariciones minerales a la bajada y subida de los taxis grandilocuentes, genio y figura, aparición y susto, pantalones con mariposas dibujadas y cosa por el estilo. Quiso ser el columnista diario de La Razón, y Luis María Anson que nada, que cero, y la familia Lara venga a empujar, dueños de la cabecera, y Luis María jamás le recibió. Siempre intelectual orgánico del Partido, entre Felipe y no Felipe hasta llegar a su joya más sabrosa (¿A dónde va Felipe?, 1983), que leímos sin saber si era abrazo o de cicuta, en gotas, para todo el clan, porque los capítulos de sus libros y los artículos eran casi lo mismo, el libro a trocitos o lonchitas, Paco igual. ¿A dónde vamos Felipe y yo?, también podría haber sido, en plan risa.

Al principio fue otra cosa –sospecho- menos corbatas o camisas amarillas, menos americanas rosas y verde pistacho, cronista del “tejerazo” en libros muy corales: Comando Madrid (1987), La noche de Tejero (1981), Los últimos días de un presidente (1981), La verdad sobre el caso Tejero (1982) y por ahí, a doble espacio, todo seguido. Empezó, sí, en un periodista de investigación, cercano a la letra de la política, luz y taquígrafos, y acabó en un dandy de lo ya dicho, sin demasiados riegos, el partido “pagatodo” y “pagafantas” por delante, en completa barra libre. Algo había de delicia en la escenificación: periodismo de firma, de autor, columna y nombradía, ajeno al flequillo como hachazo en mitad de la sonrisa de dientes grandes.

Le veo a rayas, si hago un esfuerzo, look americanoide, mucha raya grande en camisas y trajes, el periódico vendido de antemano, la revista gubernamental (Tiempo, etc), colorín y confeti último de las fiestas Made in La Bodeguilla. Luego el PSOE volvió a ser de Izquierdas –o vive ardiente ahí su deseo primero- y a interesarse por la lucha obrera –Marcelino Camacho frente a Podemos-, y a creer en la trinchera sindical, y a dejarse de disfraces y balcones blasonados en hortera o pachanguita nacional con pólvora ajena o del Rey. Así no volvimos a saber del gaditano, señor Oneto, directivo de Telemadrid (1996-1998; para después Consejero Delegado, 2016) en chanclas o escarpines a lo Baudelaire, con la medalla puesta de haber retransmitido el suicidio del tetrapléjico Ramón Sampedro, en contra de sus jefes, lo que presuntamente le costó poltrona, mando y corona.

El escritor de “libros políticos, melómano y escéptico”, según alguna carátula acabó en lo que estuvo siempre, el diario político: La República de las Ideas. Miguel Ángel Aguilar contaba en alguna parte algo muy simpático sobre Cuco Cerecedo, en una entrevista con el entonces Presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, empezó loándolo, riada interminable de adjetivos y cuando acabó, sin levantarse ni dejarle espacio, le dijo muy bajito: “Ahora te toca a ti conmigo, Presidente. ¡Dame incienso!”. Existieron y existen ese tipo de firmas, primero mucho botafumeiro y, luego, sospecho, nada, porque meterse ahí es perder el tiempo. El poder tuvo sus altavoces, y las revistas políticas socialistas de Felipe (Tiempo, Cambio16, etc), todo el Grupo Zeta, echaba la patética humorada azul a diario, un poco donde empezamos, la “Beatitul People”: Boyer y la Preysler, Juan Guerra y otros multimillonarios, todo aquellos tan ricos hoy por el sumidero.

Interviú me parece era la diferencia de Zeta, teta buena y grande, sonrisa vaginal y firmas sin socialismo, Cela y Umbral, apuntes carpetovetónicos y lirismo, otro rollo distinto al del telediario del partido que manda, vamos. Del grupo Zeta era muy divertida Ana María Moix, viajando en avión sin dinero, con la gran curda, y todos los del grupo (Ediciones B, etc) a pie de escalera en el destino para socorrerla. Presentó mi novela Tapa el sol con el pulgar en el Café Gijón, rodó como una pelota por las escaleras con la gran curda y allí apareció toda la cúpula de Zeta Madrid mientras ella repetía al dueño: “¡Que no te voy a denunciar, hombre, déjame en paz! ¡Es un chinchón y no pasa nada!”. El Samur, a la puerta, solo en busca de una radiografía. Me parece que hoy hay pocas perras, ay, para americanas pistacho o aquellos copazos bravos –tipo balón- a estribor y con dolor.

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