Muy a mi pesar, salgo del cine más que satisfecho con lo que Amenábar ha logrado en Mientras dure la guerra. El director de Tesis ha resquebrajado mis prejuicios con una película elegante, poliédrica y que rehúye los maniqueísmos propios de la España de la memoria histórica. El mayor logro del filme es, sin embargo, la representación de Miguel de Unamuno, apoyada en una soberbia actuación del camaleónico Karra Elejalde, vitoriano para el que la selección “es lo primero”.
Amenábar logra plasmar la profundidad psicológica de un pensador tan lúcido como contradictorio. Entre sus muchas contrariedades nunca estuvo, sin embargo, la de ser vasco y español: “Somos los vascos, por ser vascos, dos veces españoles y en español está lo que hemos hecho de duradero”.
Mientras Unamuno llega a Los Ángeles para representarnos en los Oscar, el nacionalismo vasco tira al monte. Concretamente, al llano de Foronda, donde el PNV celebra el Alderdi Eguna -“Día del partido”-. Ahí, Ortuzar cree ser Séneca con sus proclamas de gudari de herriko taberna, que le llevan a decir que él no es español “ni por el forro”. El sermón dominguero continúa con la acusación al Estado de minar las cuotas de bienestar en Euskadi, lo que hace las delicias de los feligreses jeltzales, que reciben la confirmación en su pobre y difuso mundo espiritual, que consiste en ser -al mismo tiempo- autónomo y chupóptero.
Y es que al entrañable Andoni, con más pinta de pastorcillo de Abanto-Zierbena que de líder político, le cuelgan más de un par de prejuicios. Su arenga cojonudista, que conmovería al ínclito Sabino Arana, nos recuerda que el nacionalismo vasco se olvida del RH negativo cuando está bien comido -como parece ser el caso del presi peneuvista-.
Cuando piensa en vascos cojonudos, Ortuzar no piensa en Juan de Acurio (Bermeo), en Juan de Arratia (Bilbao) ni en Juan de Zubileta (Baracaldo). Tres avezados marineros que hace 500 años dieron la vuelta al mundo a las órdenes de Elcano -guetariense, por cierto- y bajo bandera española. No lo hace porque el PNV se pone de acuerdo con Bildu, Podemos y PSE en las Juntas Generales de Vizcaya para impedir su homenaje.
Mientras escribo estas líneas, Álvaro de Marichalar me manda un correo -él no utiliza Whatsapp- para decirme que su circunnavegación en honor a Elcano y sus hombres marcha bien, pese a la bravura de la mar; que hay que honrar siempre a nuestros héroes y no ceder al chantaje de quienes azuzan desde dentro el odio a todo lo español.
Mientras dura la guerra en Cataluña y los CDR se siguen borrokizando, el PNV necesita volver al victimismo de las pequeñas tribus puras. Aunque su discurso resulte ya inverosímil y obsoleto. El bueno de Andoni, cojonero como sus predecesores, ha hecho un cursus honorum a base de estar en misa y repicando. No en vano, viene a sacar pecho -en su caso, barriga- de su hispanofobia a la vez que mendiga el cupo.