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Los porros y retretes limpios de Peter Handke

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
viernes 11 de octubre de 2019, 20:01h

La Academia Sueca descansó el año pasado, y éste hizo doblete, con un gran campanazo: Peter Handke, Premio Nobel de Literatura 2019. La gente más rara que conocí en mi vida iba con sus libros: bohemios de barba franciscana donde asomaban los ojos saltamontes verdes y libélulas violetas, mendas del vino peleón y de batalla, jipis de chanclas durante todo el año, músicos ambulantes con guitarra y paraguas abierto, travestís de tacones doblados y mandíbula caballar, artesanos que llevaban el mapa de la hierba en la cara como los apaches, poetas de gorrita marinera, rubias de bote y pelirrojas insolentes, políticos siempre en alguna poltrona como pavos reales, etc. Tardé en enterarme pero sus libros son algo así como un Valium.

En lengua alemana ya es un clásico, medio centenar de novelas que no son novelas y obras de teatro, y toda una clase de literatura híbrida. Durante un tiempo hablaba mucho de cuartos de baño, de retretes, pero no en plan Heny Miller, repletos de suciedad y vértigo, sino en el clima y onda existencialista, angustia del mondongo, ascesis y unión con uno mismo. La Academia, según sus papeles, premia a un místico, que tuvo su duelo al natural con Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, aquí en España, y de ahí sale un poco su pensamiento silencioso, ofidio, escurridizo: Ensayo sobre el Lugar Silencioso, Ensayo sobre el loco de las setas, La doctrina de Sainte-Victoire, etc. Handke tiene un estilo minimalista, sus frases son cuchillas de afeitar o navajas de Albacete, y su novedad quiere ser la esencialidad, el hombre despojado de atributos, el héroe en soledad e incomunicación, libros breves en la hoguera siempre de la idea, del pensamiento, poco lírico: La mujer zurda, Desgracia impeorable, La repetición, La gran caída, El miedo del portero al penalti, etc.

Es un Beckett gélido, en alemán, con más huerta que calle. Estuvo a favor de los serbios en la guerra yugoslava y la extrema derecha siempre tuvo en él a un enemigo frontal. Lo curioso es que fue un apestado para buena parte de la izquierda europea, y tal vez tuvo que ver el discurso que echó en el funeral de Milosevic, olvidándose después de tirar de la cadena con todas las consecuencias. Dice en alguna parte: “La historia trágica de los yugoslavos es la visión de Kafka trasladada del individuo a la población. La Historia no es optimista, no se dirige hacia lo positivo ni hacia las soluciones, sino a la tragedia. Es Kafka”. Esa literatura atormentada, de retrete, donde uno no sabe si cortarse las venas o dejárselas largas, es más muerte hacia dentro que hacia fuera.

Su madre se suicida (1971) y eso le persigue, de algún modo, durante toda la vida. Es un fotógrafo de la ruina, donde va armándose un relato íntimo y personal, sean en los Balcanes o el Danubio. Puede ser Valium, no lo niego, pero es mucho más una prosa de la incomodidad, donde la reflexión es esquinada y volátil, donde no hay ninguna conclusión, donde la ausencia de definición debilita toda la arquitectura, algo que también le sucede a su cine. Es más un pensador, en mi opinión, que un literato, y desde Sartre/Camus la novela filosófica es algo para muchos horroroso. Toda la irreverencia y provocación de sus primeros años, sus insultos al público en el teatro, la letra por encima de la vida, en los últimos tiene mucho de estertor, vanguardia de retrete, todas esas profundidades que rechinan en una trama predecible, falta absoluta de originalidad, caricatura del existencialismo precisamente por su austeridad.

Alianza Editorial tiene casi toda la obra de Handke, libritos posavasos, un francés que siempre fue austríaco y nadie entiende cómo pudo soltar el moco en el funeral de un dictador. Cuando se pasa mucho tiempo en el cuarto de baño es lo que sucede, la razón también se va por el sumidero y se nos queda cara de lechuga con el gusano negro dando vueltas como un reloj de la nada. Cuentan que ahora su obsesión son los musulmanes, como antes los serbios, nuevas lucecitas navideñas para su eterna ceremonia de la confusión. Tal vez no se pueda hacer existencialismo, sin abaratarlo, después de Camus y Sartre, porque la caricatura general queda a brocha gorda.

La gente de los porros, de la hierba, de las sílabas muy espaciadas y la mirada ensoñada, sí, me hablaban de Handke como si fuera una religión, budismo zen, tila de la abuela, qué sé yo. ¿Cabe hoy un místico con teléfono móvil? Me suena a lo del monje zen con un Ferrari.Prosa afilada como un bisturí, sí, delgada y transparente, pero eso no fueron Fray Luis de León ni Teresa de Cepeda y Ahumada. Prefiero, lo dicho, los retretes de Miller, entre pinchotas y orina larga, con olor a cerveza y güisqui malo. Curiosamente, los místicos, los existencialistas, los profetas, sí, son los que se apartan de la vida para no mezclarse con ella cuando es justo al revés. Feliz Handke para todas y todos. Al fondo a la derecha, la biblioteca.

Diego Medrano

Escritor

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