Toreros “mediáticos” y del “colorín”
domingo 10 de agosto de 2008, 21:31h
Desde el “Puerta, Camino y el Viti – o Mondeño-“, por poner un ejemplo relativamente próximo, como punto referencial de partida, varios han sido los carteles que por su armonía o su monotema han configurado épocas de la historia del toreo en cuanto a su consolidación como carteles con tirón, con poder de convocatoria; capaces de llenar las plazas, como clásicos de feria, y salvar muchos abonos.
Sin menospreciar las corridas de rejones, baratas de costo y de llenos habituales en los tendidos, e incluso el espectáculo cómico – hasta hace pocos años- que eran el oxígeno de muchos empresarios con los que enjugar los déficits de taquilla de carteles con figuras de relumbrón, han sido los carteles de toreros banderilleros el resorte de seguridad a activar para la rentabilidad media de un ciclo.
El de “Teruel, Paquirri y Alcalde” superaba la mera condición de toreros banderilleros. Luego llegó una terna más pura del segundo tercio pero con carencias muleteriles, y muy internacional, vistosa, alegre y festiva; colorista también –con perdón-: “Morenito de Maracay, Nimeño II y Esplá”, cuyo relevo natural del venezolano y el francés vino con el portugués Víctor Mendes y el valenciano “El Soro”, trío muy maltratado por los empresarios en cuanto a moneda se refiere y corridas de pocas garantías –por económicas- para matar pero que gozaron del fervor y la pasión del público.
El nivel subió -¡fuera banderillas!- con los Rincón, Ponce Joselito (los tres tenores) en un inicio de competitividad y rivalidad, en plazas serias, y con compromiso de hierros, que hizo vislumbrar una nueva edad de oro del toreo; pero del uso se pasó al abuso matando becerros y sin escrúpulos para hacer bolos por cualquier gache. A pesar de ello “el invento” funcionó de tal manera que a la retirada de Rincón y sin solución de continuidad se incorporó un Rivera Ordóñez espléndido –de todo- en esa primera fase de ilusión.
Y así, hasta matar la gallina de los huevos de oro.
Los tiempos cambian y la sociedad también. Y desde hace tiempo al relance de la fuerza de la televisión se han “armonizado” carteles populistas que han funcionado espléndidamente: -por hacerlo corto- “Jesulín, El Cordobés, Rivera”, con repuesto de garantías con toreros como Finito y ,tras la retirada del de Ubrique, mestizándolo con El Fandi, o ,de muy poco a hoy, con la incorporación de Cayetano que aporta otros pluses..
Es, en cualquiera de sus variantes, el cartel que han dado en denominar como “mediático”, y, hasta ahí, parte de razón tienen las lumbreras que oficiaron tal bautismo. Si no fuera por que tal “tacha” implica componente peyorativo para gran parte de la crítica y el despotismo ilustrado de la créme del autotitulado “afisionao”.
Sin embargo su contribución a la Fiesta, no reconocida –y antes bien al contrario- consiste en llenar plazas generalmente en depresión, de afición corta y reciente o nostálgica en fase menguante.
Los “toreros mediáticos” han sido capaces de casi llenar la plaza el pasado viernes en La Coruña, hecho casi histórico, y dejar poso para que algún despistado que acudió al rebufo del glamour de Cayetano, de la apostura de Rivera y de la empatía de El Cordobés se iniciara en, al menos, la curiosidad por la corrida y su intención –aunque en precario- de asistir a más festejos. Y, como ocurrió en la capital gallega, repetir con los mismos toreros –o escasas variantes- de un año para otro, puesto que ya, el año pasado, con Jesulín por Cayetano, la perspectiva que dejaron fue de futuro prometedor.
Ha ocurrido en Vitoria, emergiendo de una crisis al borde de desaparecer el espectáculo en las fiestas de “La Blanca”. Pasó, hace días, en Pontevedra –al nivel de ambiente de la tarde de José Tomás- con El Fandi como revulsivo, y ha sucedido en plazas tan asoleradas como Valencia poniendo el no hay billetes en fecha habitual inhóspita como es el domingo de inicio de una larga feria. Y así un largo listado de ejemplos. Recientemente en Barcelona “los mediáticos”, le pegaron un pequeño repaso en taquilla a los “Cid, Manzanares, Perera”.
Cartel mediático o los toreros del “colorín”, llegan a acuñar, chistosos, eruditos de la pluma y charlatanes del micrófono. Tales aseveraciones tienen, sin duda, matiz descalificador, por lo cual lo esgrimen los puristas para devaluarlo Craso error
Cuando este espectáculo, caro y generalmente aburrido, se resiente de falta de público, salvo en fechas señaladas, lo conveniente sería poner en valor, en positivo, el poder de convocatoria de las diferentes ternas aludidas sobre la base “mediática” que además, de forma más liviana o superficial, si se quiere, lo que sí que aseguran es el espectáculo y su disfrute; diversión.
Pero además, detrás de unos personajes carismáticos vestidos de calle, hay tres, cuatro, o cinco o seis, currículos de profesionalidad y honradez acreditadas con “el chispeante”.Por lo tanto, respeto; al menos.
Respeto y agradecimiento.
La admiración es algo personal e intransferible. La mía la tienen.
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Crítico taurino y Periodista
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