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TRIBUNA

El clítoris de Silvia

miércoles 23 de octubre de 2019, 20:11h
Actualizado el: 24/10/2019 01:29h

Yo, yeyuno de mí mismo, a diferencia de muchos que informan sobre esta suite de hotel que es la vida política española -canturreo de un folclorismo burdo, estornudo e infancia en eterno peccado-, saco el noticiero, casi como un burdel, en la calle, en estas calles de nuestra España que en estos momentos en que los negocios de los hideputas de bailes ensangrentados continúan siendo, como siempre, los espejos de los cinemas putos. La putonería es toda masa corrupta que da y transforma, como valido, bandolera de la prensa que se escribe con las babas de cualquier leopardo con el falo empalmado, esta defecación que, como Oda Açoka, perfuma demasiadas tetas porno jurando bandera ante esta máquina que es el Gran Poder. Siempre el Poder. “Ser o no Ser”, vi el otro día en Lubitsch.

Siempre he pensado que el Estado es esa familia que nos abduce con su patología de las viejas familias de siempre, esto es, el eterno Consejo de Ancianos.

Nuestra España, que está sin Gobierno ni corteja -por una cuestión por lo menos de misticismo- a Budha, ni ensaya de manera ovoide una prefilosofía en la que se reencarne a favor de esta realidad misma que somos los individuos que paseamos -el paseo humilde- por Jonia, por Samos, por Elea, se ha convertido en la malvada nación de todas las naciones que fue o que sigue siendo. En esta nuestra patria de múltiples patriotismos ya únicamente se ha instalado el Gran Testículo, rubio como los insectos que llegaron con el Génesis, que es la incontestable alma española.

Digo, decía, que a diferencia de ustedes y ustedas, gentiles intelectuales -una intelectualidad comprada según se balance el carpe diem-, yo, triste, Pitios, etc., no me dejo manejar por esa selva deicida que se agranda en ridículo cambalache según noticien los grandes medios de comunicación.

España sólo es un titular de periódico, de todos los periódicos, revistillas atroces de espantosa incertidumbre. ¿Hay todavía Venecia en el mundo? Aquí todo cual, cada tal, “cada loco con su tema” -Serrat-, cada bachiller que únicamente se educa en esta Hispanic Society que es la Imprenta Real de lo ya conjurado -textos con olor a terrestre orín, frases estudiadas y manipuladas entre licenciados y clérigos de sonetes- alcanza toda la costra de un mundo -nuestro mundo español- que es la opinión o la escritura como verdad y virtud. ¿Virtud? ¿Verdad? ¿Cuál es el nombre verdadero?, me pregunto. Mi defecto es la pregunta de la otra pregunta que nunca marca la pregunta que busco.

Cada vez que habla un politólogo -todos los periodistas de medio alcance lo son- se engrandece toda completa gilipollez, ridículas pollas nacionales, anos de viernes en los que se celebra -ustedes lo escriben y lo filman- el Consejo de Ministros.

Lo digo con un par de cojones. Y al que le moleste íbamos dando vaya a las heces de estos españoles informados y ya sin semen macho y Polonia. Les aconsejo para condensar este semen intelectual que les falta a los informados que tomen maca, el tubérculo andino de un Perú indígena y en lucha. Porque resulta que la maca es afrodisiaca, y ustedes y ustedas necesitan esta follandería de la España neutra, de nadie, sola y todavía por nacer.

Sí, lo digo. Yo hablo con la gente en los bares. Beso a mujeres islámicas. Ayudo a los mendigos a vaciar los contenedores de una carne o botella de cognac que defenestra toda ética global. ¡Es el oficio¡ La verdadera política juega limpio en las mesas de dominó de los pueblos abandonados. Lo político -vulgar autodevoración- dolariza la estrofa en los viejos que tiran migas de pan a las palomas en los parques. ¡Es el oficio¡ ¡Mi periodismo tenista y Feüerbach¡

España es el problema -lo dijo Ortega, repito-. Créanme. Mi vicio es derrochar lágrimas sobre la santa miseria. ¡Qué triste siguen siendo esos festines suntuosos -falsos brindis- que no auguran esta alegría que puede y debe ser nuestra España tierna¡ Lo dijo Umbral: “La ironía es la ternura de la inteligencia.”

Sin embargo, España es el secreto de la otra España. Este país de interminables elecciones generales es -no me digan que vosotros, sabios de la hez hispánica, lo ignoráis- la codicia de lo mucho frente a lo poco. Yo. Sí, yo, por joder un poco, y cinco amigos más, únicamente necesitamos que lo poco sea mucho. Siempre lo he dicho. ¡El amor por lo débil es fe, nunca política¡ Swift dijo: “Los nobles son como las patatas: todo lo bueno lo tienen bajo tierra.”

Piénselo, ustedes, los que informan, los que hacen de la claridad galga oscuridad, los que cobran por poetizar cualquier tipo de ideología política. Que de eso da lo mismo que lo mismo da. De izquierda a derecha, de adverbio conservador a esa vía de tren del nuevo “bolchevismo” rojo. No hay nada constante en el mundo, salvo vuestra inconstancia.

Piénsenlo, vosotros y vosotras, los vendidos y vendidas a los grandes medios de comunicación. Recuerden que todas las cosas principian con el mal cuando el mal sale de sus palabras, de sus comentarios políticamente correctos -que asco me da la corrección-, al fin y al cabo, de lo que les dicen que digan. ¡Se acabo el origen y toda originalidad de pensamiento¡ Todo mal es la más cruel aldea de su crueles obsesiones. Toda obsesión ya es ancianidad. Retírense, les pido.

No sé si esto que escribo es fidelidad a mí mismo, pero hace ya mucho tiempo que me he dado cuenta de que el periodismo o usurpa la verdad borrando de este modo la verdad de la ciudadanía frágil y honesta o ya, como doctor honoris causa de la nada, continúa aclamando a las putas amenazadas. La putería, a mi entender, es el verdadero color de la bandera española.

Todo periodismo, todos los periodismos, se aferran a cualquier forma de Gobierno que derrote, bombardeando con toda droga que haga soñar a los perros vagabundos -miles y miles de hombres y mujeres y niños y ancianos de esta España nuestra-, por detrás y por delante, a los generalísimos coños que desde siempre han olido a toda una historia de las distintas patrias y, ante todo -hablo muy en serio- a esos culos -orto en argentino- veraniegos y borrachitos de un Madrid fascista y sentimental. “Toda forma de desprecio, si interviene en política, prepara o instaura al fascismo”, dijo Albert Camus.

Hete aquí que insinúo -profundamente- que a esta España herida y amarga y problema dentro del más extenso problema que ahora somos, le falta la belleza, la belleza, digo, sí decía, que la belleza, porque todo lo bellamente humano es nuestro, corazona, costilla de todas las cosas.

“Me muero de cansancio, Es la tumba, me voy hacia los gusanos, ¡horror del horror¡ Satanás, farsante, quieres disolverme con tus encantamientos. Exijo. ¡Exijo¡, un golpe de bieldo, una gota de fuego”, dijo un poeta que mi amo más allá del amor que pondero hacia mí mismo.

Ah, la trágica Castilla. Siempre lo infinito entre los muslos. Siempre. Digo siempre. Mis muslos y tus muslos, amor, Bárbara triangulación que es la patria de todas las palabras dichas y escritas para sajarle de un golpe severo el clítoris a Silvia. Silvia. Amor. Silvia. Revolución. ¿Lo están entendiendo? Dra. Dra. Dra. Dra. Es decir…

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