www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ELECTORALISMO

viernes 25 de octubre de 2019, 14:16h
Prometió una exhumación discreta. Protagonizó una exhumación espectáculo, sin otra libertad de expresión...

Prometió una exhumación discreta. Protagonizó una exhumación espectáculo, sin otra libertad de expresión en directo que la suya. Pedro Sánchez desplegó durante cinco horas un copioso aparato de la Televisión por él controlada. Alentó a medio millar de periodistas a que propagaran el acto. Y él mismo se lanzó al más ardiente mitin electoralista desde la pequeña pantalla. Todo preparado, todo dispuesto, todo organizado para atraer votos en la más descarada acción electoralista que se recuerda desde hace mucho tiempo.

Tezanos había confirmado que, en las nuevas elecciones, Pedro Sánchez pasaría de sus 123 diputados a más de 140. Sondeos rigurosos certificaron en las últimas semanas el retroceso de Sánchez hasta los 120 escaños, tal vez menos. Así es que el presidente en funciones decidió proyectar la momia de Franco en la campaña electoral con el mayor descaro. El despliegue ha sido gigantesco y además muy dilatado en el tiempo. Jugada maestra del electoralismo, en fin, que ha dejado a sus rivales con la palabra impotencia en la boca.

Pablo Iglesias ha sido el más claro y contundente. Exhumación sí, pero después de las elecciones. En otro caso, puro electoralismo. Pedro Sánchez, en buena práctica democrática, debió anunciar el traslado del dictador para el 14 de noviembre. O para el 21. Engañó a todos y montó el circo mediático en plena campaña electoral ordenando un colosal despliegue de medios.

Tuvo además suerte. No llovió. No hubo niebla. No golpeó ni el frío ni el calor. Y todos los participantes ideológicamente cercanos al presidente en funciones, aislaron a la familia del dictador, y trabajaron coordinadamente y con eficacia.

Finalmente, para redondear su maniobra electoralista se fue a la tumba de las 13 Rosas a depositar unas flores, acompañado por las cámaras de televisión. Fue la guinda de su manipuladora jugada electoralista que ha dejado con un palmo de narices a Pablo Casado, a Albert Rivera y a Pablo Iglesias. El presidente en funciones arranca, en fin, la campaña electoral con ventaja. No le importa otra cosa que consolidar su sillón monclovita y permanecer en el poder.