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POR LIBRE

Tan ilegales son las banderas franquistas como las esteladas

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 27 de octubre de 2019, 19:11h

Al margen de la familia y cuatro nostálgicos, nadie se acordaba de Franco hasta que Pedro Sánchez lo ha resucitado con la pretensión de pasar a la Historia y convertirse en el líder de la izquierda ante el 10-N. La exhumación del dictador se ha convertido en el cartel electoral que exhibirá el PSOE durante la entera campaña. De momento, la hazaña de trasladar sus restos del Valle de los Caídos es el argumento central de los mítines y de las incontables entrevistas del presidente en funciones. No habla de otra cosa. Los altercados de Cataluña y la recesión económica no le interesan.

Para a los españoles, sin embargo, tanto el desafío secesionista como la desaceleración les inquieta más que nada. Están indignados por la pasividad del Gobierno ante las algaradas en Barcelona y las continuadas e impunes burlas de Quim Torra a la Constitución. O de los infames homenajes en el País Vasco a los asesinos etarras cuando salen de la cárcel. El PSOE puede pagarlo caro. De momento, todas las encuestas reflejan una caída de la intención del voto socialista, mientras el PP sube vertiginosamente.

Pero el Gobierno pretende prolongar el espectáculo hasta el final. Ahora, ha tenido la ocurrencia de proponer castigar la apología del franquismo reformando el Código Penal. Si a algún nostálgico de los pocos que quedan se le ocurre ondear la bandera preconstitucional tendrá que pagar por ello, mientras cientos de miles de independentistas exhiben orgullosos la estelada. Ocurre que ambas enseñas son igual de ilegales. Pero Sánchez se alarma porque un grupúsculo de franquistas cante el “Cara al sol”, mientras contempla sin inmutarse las algaradas de los CDR. Para él, parece ser una mera expresión de la libertad de expresión. La Constitución, sin embargo, admite defender cualquier ideología. Se puede ser franquista o independentista, mientras no se incumpla la ley. La Carta Magna permite tanto una manifestación secesionista como otra de los nostálgicos del viejo régimen. Sánchez, no. El presidente entiende que unos son unos simpáticos demócratas y los otros están a punto de tomar el Alcázar de Toledo.

Así, en Cataluña, los terroristas callejeros bloquean las carreteras y las vías del tren, arruinando la vida de sus conciudadanos, arrasan las ciudades y apedrean a la Policía con la complacencia del Gobierno. Pero Pedro Sánchez ha sido y puede seguir siendo socio de los que exhiben la enseña secesionista. Mientras, jalea a la ultraderecha para dar protagonismo a Vox y que así arañe votos al PP, al que intenta debilitar ante el pavor de que supere al PSOE el 10-N.

El Gobierno está protagonizando la más infame campaña electoral de la democracia. Después de exhumar a Franco como su principal éxito en el Gobierno, con la euforia de TVE, que lo retransmitió durante interminables horas y desde todos los ángulos. Resulta una aberración que Cataluña esté forrada de esteladas con el consentimiento del Gobierno, mientras se propone castigar a un grupito de franquistas que, durante media hora, han salido del anonimato. Y han salido, porque Pedro Sánchez los ha convocado. Si no, seguirían en las catacumbas celebrando misas el 20-N y cantando el insoportable “Cara al sol”. Y Sánchez, permitiendo que los dirigentes de la Generalidad se burlen del Estado, después de haber intentado dar un golpe de Estado. Pero han sido, y pueden volver a ser, socios de su Gobierno.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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