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Novela

Pedro Sorela: Quién crea la noche

domingo 27 de octubre de 2019, 21:24h
Pedro Sorela: Quién crea la noche

Alfaguara. Barcelona, 2019. 272 páginas. 18,90 €.

Por Francisco Estévez

Pedro Sorela (Bogotá 1951-2018) fue autor bregado en narrativa, respetado en el gremio periodístico, admirado por no pocos escritores, críticos y con cierto respaldo del público más general, ligero en cualquier caso para su valía y, por tanto, de futuro hoy incierto. Así las cosas, la aparición de Quién crea la noche ha sido recibida como su testamento literario por varios prescriptores -la manía contemporánea de epatar al consumidor, ya saben- sin embargo, esta novela resulta inmejorable puerta de acceso a una narrativa que puede devolver el gusto lector al estragado por la consabida autoficción literaria. Vale decir de otra manera que en esta última novela encontramos la esencia del estilo del autor, donde podemos destacar, a bote pronto, la fragmentariedad textual versus la unión vital de personajes, el viaje como nexo vital, la sugerencia omnisciente del narrador con su mirada chisporroteante entre lúdica y lúcida, el trazo rápido pero fino de ambientes, paisajes, situaciones y personajes, la imagen vívida, la palabra escrita como revelación, y una sorprendente muñeca para dar coherencia y verosimilitud a la narración, que siendo mucho es poco para perfilar la escritura de nuestro autor; siempre viajero impenitente fue siempre más allá de la narración acomodaticia.

Por destacar de entre su producción, Aire de Mar en Gádor (1992), una de sus obras más simbólicas con cierta proyección en la confrontación social desmenuzada en Viajes de Niebla (1997), los cuentos de Historia de las despedidas (2009) o la sensible e imaginativa Ya verás (2017). Por otro lado, sus textos ensayísticos de exégesis en clave biográfica -como en la propia obra creativa de Sorela es igualmente clave su biografía- desde su tesis “El otro García Marquéz. Los años difíciles” a Dibujando la tormenta (Alianza, 2006), centrado en Faulkner, Borges, Stendhal, Shakespeare y Saint-Exupéry como fundadores de escritura moderna gracias al placer radical de su lectura y, finalmente, La entrevista como seducción (2017) donde muestra toda su experiencia como buen periodista cultural con prólogos reflexivos de sus mejores entrevistas a escritores.

La escritura viajera pero no errabunda, fijada en la observación más inquisitiva de la realidad por parte de Sorela es una escritura diferente, lejana a los varios patrones al uso, incluso las supuestamente fuera de sistema, que a la postre, para qué engañarnos con adolescente ingenuidad, son las más integradas al sistema en su predecible asistematicidad. Esa radicalidad proveniente del logos de la palabra, del hechizo narrativo, como puede ser, por ejemplo, la radicalidad de algunos textos umbralianos, versa sobre la profunda contingencia humana. De tal manera, el preludio de la novela presente pudiera ser el conjunto de relatos Lo que miran los vagos (2015), un libro de relatos sobre personajes apasionados por los viajes y llenos de sequedades y vacíos. En Quién crea la noche más de una treintena de personajes en una intensa, veloz y desternillante charada, relatan un episodio crucial de su vida. El enlace entre uno y otro personaje, propio de la carambola más osada, plantea, en definitiva, un tratado sobre la ausencia visto a través de los eslabones que forman la cadena que arrastran sus protagonistas. El propio autor denominó a ésta “mi novela rara sobre viajes” donde practica la literatura como un acto de seducción cortés. Pero ¿con qué extraña dicción puede empeñarse Sorela en llamar “novela” al libro que tenemos delante? Solo con la fe inquebrantable de la lucidez.

En efecto, una fina estructura teje la armazón toda de estas páginas más allá de los débiles lazos que estrechan casi por causalidad que no por casualidad- la ristra de personajes que fulguran esa noche total que es la inabarcable soledad. La suma de todas las restas, el resultante de todas las pérdidas es, en definitiva, el motor primero de esta novela. Entendemos así el exacto título que corona el sordo dolor Quién crea la noche. Un curioso elenco que enlaza personajes a través de sus oquedades. Y la presencia furtiva pero contundente del desierto, del frío e inclemente desierto, al que los resignados personajes de un modo u otro terminan llegando cual símbolo mayor o epítome total de soledad, cruel reflejo de esa otra soledad interior que se estremece y desborda de dentro afuera por todas las páginas, con festivo humor a pesar de todo. El pensamiento del autor, traspasando la frontera que lo separa del narrador, se cuela entre las páginas, en pocas ocasiones previsible, otras, las más, atrevido o cuando menos mordaz de los usos y abusos de esta sociedad nuestra. Esta demasía presencia autorial podría ser defecto claro en otros escritores y aquí resulta, a la postre, deseable marca de la casa que deviene en característica intrínseca como una voz más, acaso la más solitaria de entre todas.

El autor de origen colombiano estableció un paralelismo entre sus personajes, siempre compartiendo un breve encuentro para después separarse, y el relato visto éste como un “encuentro entre un autor y un lector y su inevitable rápida despedida”. Como aquel poema de Lope de Vega “Ir y quedarse, y con quedar partirse,”, los personajes de Quién crea la noche siempre parten y nunca llegan, el viaje aquí es un constante inicio, nunca un final, siempre un destino como lo fue para Pedro Sorela, a quien deseamos feliz viaje.

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