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Ensayo

Santos Juliá: Demasiados retrocesos

domingo 27 de octubre de 2019, 21:35h
Santos Juliá: Demasiados retrocesos

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2019. 380 páginas. 21,90 €. El último libro publicado este mismo año por el gran historiador recientemente fallecido recoge una serie de ensayos que arroja luz sobre lo acontecido en España desde 1898 hasta nuestros días. Por Miguel Suárez

Con la desaparición de Santos Juliá este 23 de octubre de 2019 nos quedamos huérfanos de una de las figuras imprescindibles de la historiografía española. Juliá, nacido en El Ferrol en 1940), era catedrático emérito de Historia Social y del Pensamiento Político en la UNED, y a lo largo de su dilatada carrera docente y de investigación se hizo acreedor de numerosos galardones, entre otras el Premio Nacional de Historia 2005 por su obra Historias de las dos Españas, un brillante trabajo al que se suman otros títulos como su monumental biografía Vida y tiempo de Manuel Azaña -de quien ha sido el editor de sus Obras completas-, Hoy no es ayer; Nosotros, los abajo firmantes y Transición.

Trabajador incansable y minucioso, hasta casi el último momento no cejó en investigar y escribir, y así este año dio a la imprenta La Guerra Civil y Demasiados retrocesos. España 1898-2018, una colección de ensayos que arroja luz sobre lo acontecido en nuestro país desde la fatídica fecha de 1898, en la que España pierde sus últimas colonias en ultramar, hasta prácticamente nuestros días. El tan sugerente como en cierta forma enigmático título de la recopilación proviene, como nos explica el propio Santos Juliá, de la visión que tenía el gran historiador y economista Ramón Carande, punto de referencia de Juliá. Al hablar de la reciente historia española, Carande siempre decía “Demasiados retrocesos”. Es decir, España ha acarreado una serie de impedimentos para su desarrollo como país europeo, una suerte de, en palabras de Juan Valera, “continuo tejer y desteje, pronunciamientos y contrapronunciamientos; constituciones que nacen y mueren; leyes orgánicas que se mudan apenas ensayadas”.

Así, en su variedad de asuntos, el libro de Santos Juliá que da pie a este comentario viene a terciar en una cuestión debatida y polémica como es la supuesta anomalía de nuestra historia que nos alejaría del discurrir de naciones europeas de nuestro entorno. La respuesta de Santos Juliá combate esa supuesta anomalía que parece condenarnos a ese “continuo tejer y destejer” que impide cualquier progreso y a ser vistos como poseedores de una extraña personalidad colectiva, donde el ruido y la furia han estado muy presentes.

En verdad, no han dejado de haber momentos trágicos en nuestra historia, con la Guerra Civil -mejor “incivil” como la denominaba Unamuno- a la cabeza, etapa a la Juliá dedica varios capítulos de la obra. En ellos, cabe destacar los que abordan la represión desatada en los dos bandos, algo que parecen ignorar torticeramente los impulsores de la llamada Memoria Histórica, que solo se fijan en la realizada por el bando franquista. Y no era precisamente Santos Juliá sospechoso de la menor aquiescencia con él, sino más bien lo contrario. Pero eso no le llevaba a dejarse arrastrar por sectarismos, siempre tan nefastos. Ni mucho menos a pensar que pesa sobre una especie de condena y querencia hacia el cainismo. La Transición, por mucho que hoy algunos se empeñen en atacarla, es un claro ejemplo.

Demasiados retrocesos trata sobre problemas del presente volviendo sus ojos al ayer. Sabido es que la historia es maestra de la vida. Quizá uno de los más acuciantes, si no el que más, sea el del desafío del nacionalismo radical catalán. Algo que no es de ahora: “Desde que irrumpió en escena, allá por la última década del siglo XIX, una constante del catalanismo político ha sido su propensión a dar un paso adelante cada vez que percibía una debilidad, una crisis, en el Estado español. Ocasiones no han faltado, tratándose de un Estado más o menos liberal, caracterizado por sus imprevisiones, lentitud, pobreza y timidez, como lo definió Manuel Azaña en su primer texto sobre “la cuestión catalana”, publicado en 1918. Ha transcurrido un siglo desde entonces, pero el catalanismo nunca ha renunciado a su idea de que cualquier avance en la autonomía de Cataluña era una concesión arrancada a un Estado débil”. Y sentencia que hoy los nacionalistas catalanes se alzaron “no ya contra el Gobierno, sino contra el Estado cuyo poder ostentaban. Lo ocurrido en Cataluña nunca habría sucedido si los nacionalistas no hubieran dispuesto durante décadas de un poder de Estado y de abundantes recursos públicos para organizar la sedición y alzarse contra el mismo Estado al que debían su poder y su lealtad”.

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