La sensacional estrategia de Mercedes entregó el triunfo al británico, que se acerca a la consecución del Mundial.
No hay piloto en la actualidad como Lewis Hamilton. El británico fue capaz de tirar por tierra la doble estrategia de Ferrari y se impuso en el Gran Premio de México, dejando el Mundial de pilotos visto para sentencia. Tendrá la oportunidad de certificar su sexto entorchado, y quedar a uno de la plusmarca de Michael Schumacher, en Austin (Texas), el próximo fin de semana. Este domingo hizo todo lo necesario para sorprender a propios y extraños y recoger la cosecha del arriesgado plan de Mercedes.
El Autódromo Hermanos Rodríguez vio al inglés firmar su décima victoria de la temporada -83ª de su trayectoria deportiva en Fórmula Uno-. Los méritos que va amontonando en el asfalto le han colocado ya a ocho triunfos del 'Kaiser'. "Ha sido una de las carreras más difíciles que he tenido en mi vida", declararía el campeón de Stevenage. Y no mentía, pues no partía como favorito y la clasificación le colocó en la tercera plaza -cuando en realidad fue cuarto y se benefició por la sanción impuesta a Max Verstappen-.
Le acompañaron en el podio de este evento un impotente Sebastian Vettel y el finlandés Valtteri Bottas, que es segundo en la general y quedó a 74 puntos del británico. Se quedó cuatro puntos Hamilton de descorchar el champán, mas lo aplazó en una jornada en la que el 'poleman' Charles Leclerc tuvo que lidiar con problemas y finalizaría en la cuarta plaza. Todo ello en una de las carreras más ajustadas, en su parte alta, que se recuerdan. En las últimas vueltas los cuatro primeros rodaban en un intervalo de seis segundos.
Así las cosas, con el mexicano Sergio Pérez (Racing Point) jaleado por al afición y séptimo, y con Carlos Sainz sufriendo (su McLaren no le dejó acabar más arriba del decimotercer lugar), Hamilton acumula 363 puntos, frente a los 289 de su compañero Bottas. Sólo el otro Mercedes podría arrebatarle el título del Mundial. Todo apunta que el inglés se coronará séxtuple campeón en el Circuito de las Américas, con los Ferrari todavía pensando cómo se les pudo escapar la carrera de Ciudad de México.
La escudería italiana había sido capaz de copar la primera fila de la parrilla de salida y se enfrentó al mal que arrastran: las prestaciones del sábado no les acompañan los domingos. Bien es cierto que Leclerc -séptima 'pole' del curso- salió muy bien y que un enrabietado Verstappen y Hamilton se tocaron, cumpliendo los pronósticos. Y Carlos Sainz, que partía séptimo, se descubrió en el cuarto peldaño, a las primeras de cambio. El madrileño se pegó a Albon (Red Bull).
Sin embargo, la lógica no tardaría en imponerse y tanto Hamilton como Bottas recobraron posiciones con celeridad. Todavía tendría la mala cabeza del talentoso Verstappen un episodio explícito más: se tocó con el finlandés y perdió su rueda trasera derecha, quedando en el fondo de la clasificación de repente. Las escaramuzas que protagonizaron el arranque de carrera parecía que beneficiarían a unos Ferrari que volaban en la cabeza, sin complicaciones. Por detrás, Lewis presionaba a Albon, que todavía era tercero.
Y en la vuelta 16 se inauguraría la rueda de paradas de los favoritos. El primero en cambiar ruedas fue Leclerc, al que sacrificó Ferrari en favor de Vettel -el monegasco fue el único de los cuatro primeros en ir a dos paradas-. Carlos Sainz pagaba el peaje de tener que entrar una vuelta más tare de lo previsto y McLaren completaría su terrible Gran Premio saboteando a Lando Norris. Pararía otra vez el español, para quitar las gomas duras y colocar las medias. Se fue a casa sin poder sumar puntos, algo que nunca había ocurrido en su trayectoria en el circuito azteca.
Hamilton pasó por boxes en el giro 25º, para pasar de neumáticos medios a duros. Se la jugaría a una parada con muchas vueltas por delante. Se vería constreñido a ejecutar una gestión de las gomas sobresaliente. Pero su categoría le daría de sobra para sobrellevar este hándicap. La hoja de ruta que le trazó Mercedes explotó todo su potencial y arrancó a Ferrari el favoritismo. En la vuelta 36ª paró un Vettel que rodaba con sólo tres segundos y medio sobre Bottas. Y Leclerc quedaría en el primer puesto, sabiendo que debía parar otra vez.
El ‘undercut’ que Bottas quiso hacer a Vettel no funcionaría, pero cuando el monegasco paró -en el giro 44º, tardando más de la cuenta en fijarle una de sus ruedas- Hamilton asumió un liderato que ya no soltaría. Verstappen, presa de su carácter, remontaría al galope de su Red Bull hasta pasar la bandera de cuatros en la sexta plaza. Pudo haber ganado si no hubiera concatenado tantos errores groseros. En un día en el Vettel volvió a lucir impotencia ante el que será campeón -salvo cataclismo- en Texas.