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Ensayo

Ricardo Marín de la Guardia: La caída del Muro de Berlín

domingo 10 de noviembre de 2019, 20:07h
Ricardo Marín de la Guardia: La caída del Muro de Berlín

La Esfera de los Libros. Madrid, 2019. 327 páginas. 18,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

La caída del Muro de Berlín supuso un acontecimiento simbólico, mediático e histórico de mayúsculas dimensiones del que ahora se cumplen 30 años. Nada más oportuno, por tanto, que leer esta obra en la que Ricardo Martín de la Guardia, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid, analiza con el rigor científico y solvencia intelectual que caracteriza su trayectoria académica el mencionado hecho, cuyas repercusiones se han proyectado en el tiempo.

Así, el autor nos acerca el comportamiento político y las agendas geopolíticas de personajes tan diferentes entre sí como Helmut Kohl, Mijail Gorbachov, Margaret Thatcher, François Mitterrand o George Bush. Todos ellos concibieron la reunificación alemana a modo de partida de ajedrez, con movimientos que generaron choques entre intereses nacionales contrapuestos, en particular cuando estuvieron en litigio cuestiones relacionadas con la seguridad y la defensa.

En este juego de equilibrios sobresalió la figura Helmut Kohl, un estadista cuya capacidad de negociación le permitió eliminar de manera gradual las objeciones procedentes de París, Londres y Moscú hacia la unidad alemana. En la estrategia del canciller alemán destacó un compromiso a ultranza con el proyecto de integración europea y con la OTAN, lo que se tradujo en apoyos incondicionales, como los mostrados por la Administración Bush y el Gobierno español encabezado por Felipe González.

Asimismo, aunque el autor reconoce el éxito de la recuperada unidad alemana, también insiste en los problemas que ésta generó en el interior del país, en particular durante los primeros años de funcionamiento de la “nueva” entidad estatal: La unidad recobrada puso de manifiesto una evidencia: la falacia de una República Democrática mucho más avanzada económica y socialmente que el resto de los países sovietizados en Europa. El socialismo de Estado sólo había servido para mantener en el poder a unas elites que a lo largo de los cuarenta años de existencia habían cooptado para fortalecer un régimen despótico” (p. 271).

En este sentido, la herencia del comunismo (deterioro medioambiental, obsolescencia de las infraestructuras, ausencia de modernización de las principales empresas de la RDA…) supusieron un coste económico muy elevado para el contribuyente alemán durante la década de los noventa: La transformación de las estructuras económicas de los Länder precisó, tras caer el Muro, de una inmensa aportación tanto financiera como de recursos humanos especializados cuya cuantía hubiera supuesto la quiebra de cualquier otro país que la hubiera intentado” (p. 256). Junto a ello, existían otros asuntos incómodos que afrontar, como la desclasificación de la documentación de la Stasi, la emergencia de un posible nacionalismo o los problemas que para las generaciones de más edad de la RDA implicaba asumir una mentalidad occidental basada en el consumismo y la competitividad.

Como se observa, el objeto de estudio abordado contiene numerosos matices y dimensiones, por lo cual Martín de la Guardia recurre a una adecuada distribución de la obra en 11 capítulos a los que deben añadirse dos más que completan y enriquecen el libro. En efecto, por un lado, hallamos un apartado de conclusiones finales en el que ordena las ideas expuestas en las páginas precedentes. Por otro lado, traza un epílogo en el cual diferencia el multilateralismo y la cooperación con la que se abordó la caída del Muro y sus consecuencias inmediatas, con el momento presente en el que una perniciosa dinámica populista y nacionalista domina el modus operandi de ciertos actores internacionales, introduciendo notables dosis de incertidumbre en el panorama global.

Además, el autor sigue un escrupuloso orden cronológico lo que facilita la comprensión del contenido. Al respecto, comienza señalando el rol fundamental que jugaron las autoridades de la RDA a la hora de diseñar el Muro para lo cual emplearon un discurso que identificaba su construcción y mantenimiento con el progreso y la estabilidad del país. Esta excusa se mantuvo inalterable durante las décadas posteriores hasta llegar a 1989. De hecho, conforme nos acercamos al momento de su demolición, Eric Honecker aún subrayaba que el Muro había servido para contener el imperialismo norteamericano y el militarismo de la OTAN.

Sin embargo, como refleja Ricardo Martín de la Guardia, la realidad era otra bien distinta. En efecto, el Muro había ayudado a consolidar un régimen comunista que despreciaba las libertades de los ciudadanos y perseguía cualquier tipo de disidencia (real o imaginaria) a través de una maquinaria de terror bien engrasada, vertebrada alrededor de la Stasi. En palabras del autor: “La estructura de poder en la RDA estaba fundamentada en el aparato represivo, cuyo fin era someter la sociedad a una estricta vigilancia para evitar cualquier disensión respecto a la irrenunciable marcha hacia el socialismo” (págs. pp. 49-50).

Este escenario comenzó a quebrar a partir de la segunda mitad de los años 80. En ese momento se produjo un choque crucial entre el reformismo de Gorbachov y el inmovilismo de Honecker para quien la cohesión y el notable desarrollo de la RDA no precisaban de cambios. Esto significaba una interpretación de la realidad cada vez menos aceptada por sus compatriotas, como corroboraron las numerosas manifestaciones (pacíficas) que en un primer momento no exigieron la demolición del régimen, sino su transformación en un socialismo democrático. Esta idea es fundamental y el autor la enfatiza a lo largo de la obra: “El elemento sorpresa en los acontecimientos desencadenados en 1989 constituye ya un tópico en los estudios especializados pero, realmente, existió. Ni los principales analistas ni los propios actores implicados pensaban que un proceso tan rápido de descomposición del bloque soviético en Europa del Este pudiera producirse así” (p. 93).

Al respecto, los cambios introducidos por Gorbachov a la hora de canalizar las relaciones de Moscú con los países del “telón de acero” y con el bloque occidental, sobresaliendo el final de la Doctrina de la Soberanía Limitada o su concepto de Casa Común Europea, habían conformado un escenario cada vez más alejado del que había sido característico durante los años de la Guerra Fría. En este sentido, Ricardo Martín de la Guardia sentencia que “(Gorbachov) no iba a decidir personalmente la caída del Muro, la cual, no obstante, fue sin duda alguna consecuencia directa de su política” (p. 31).

En definitiva, una obra sobresaliente y necesaria que nos permite conocer una etapa fundamental de la reciente historia europea. El profesor Ricardo Martín de la Guardia explica con precisión las causas que provocaron la caída del Muro del Berlín y analiza las consecuencias (económicas, sociales, culturales y geopolíticas) que en el corto, medio y largo plazo suscitó dicho acontecimiento.

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