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Novela

Mary Karr: Iluminada

domingo 10 de noviembre de 2019, 20:12h
Mary Karr: Iluminada

Traducción de Regina López Muñoz. Periférica & Errata naturae. Cáceres/Madrid, 2019. 584 páginas. 24,50 €.

Por Luisa Martínez

Descender al infierno es fácil. En cuanto se baja la guardia se abren las puertas del averno, que puede adoptar múltiples rostros. Salir de él resulta mucho más complicado y se puede, o no, salir. Mary Karr (Texas, Estados Unidos, 1955), hoy escritora y profesora de la universidad neoyorquina de Siracusa, conoce muy bien ese proceso, ese viaje que puede ser solamente de ida, o de ida y vuelta. En el caso de la escritora norteamericana fue, afortunadamente, de esta segunda manera. Karr se internó por no pocas sendas del infierno -infancia muy dura, violación, divorcio traumático, depresión, destructivas adiciones…-, que consiguió abandonar, no sin esfuerzo y sacrificio: “Cuando has vivido mucho tiempo en la oscuridad y sale el sol, pasar al nuevo estado no es coser y cantar”. Y transitando unas vías que le sirvieron de ayuda, sobre todo la de la literatura y la de la fe en Dios (Karr se convirtió al catolicismo).

En el ámbito del memorialismo de autoficción, Mary Karr ha logrado despertar el interés y conmocionar a miles y miles de lectores. Lo hizo con El club de los mentirosos y con Cherry, y vuelve a hacerlo con Iluminada, la tercera parte -aunque se pueden leer de manera independiente-, de la trilogía sobre su compleja existencia. En El club de los mentirosos, Mary Karr se centraba sobre en su terrible niñez, jalonada por terribles episodios como cuando su madre intentó matarla con un gran cuchillo de carnicero en uno de los brotes psicóticos que padecía. Su madre, alcohólica, era una mujer muy desequilibrada, que se había casado siete veces. Su padre estaba en la misma línea, bebedor, camorrista y jugador empedernido, aunque, a la vez, no dejaba de ser encantador. En Cherry vuelve sus ojos especialmente a su adolescencia y juventud, y en Iluminada a su etapa de madurez, si bien los recuerdos se entremezclan a veces en los tres volúmenes: “Mi madre se caía y se meaba encima, mi padre se liaba a puñetazos y bebía hasta caer redondo. (¿Quién sino un borracho, me pregunto con la perspectiva del tiempo, podía estar solo en su porche y aun así meterse en brocas?), leemos, por ejemplo, en Iluminada.

Iluminada aborda su propio alcoholismo de bestiales borracheras, su paso por Alcohólicos Anónimos y por varios psicoterapeutas, su caída en la droga…, su finalmente fallido matrimonio con Warren, un poeta alumno de Robert Lowell en Harvard y perteneciente a una adinerada y distinguida familia, que, sin embargo, no ayudó en absoluto a la joven pareja, el nacimiento de su hijo Dev, a quien ama por encima de todo y al que le dirige la Carta abierta que encabeza Iluminada, su intento de suicidio, su búsqueda de regeneración, con sus triunfos y fracasos, su encuentro con Dios…

Mary Karr nos habla a corazón abierto y es inclemente consigo misma. Por ejemplo, sobre su divorcio apunta: “Quizá la agonía de nuestro final fue demasiado desgarradora para que mi mente pueda soportarla, o mi espíritu maternal esté protegiendo a mi hijo de las cosas desagradables. En todo caso, esos años vuelven inevitablemente filtrados a través de mi naturaleza de aquel momento, cuando, sin lugar a dudas yo era algo así como una loca”.

No hay justificaciones ni victimismo en este viaje de ida y vuelta al dolor, en el que no está ausente el humor, pese a la dureza de lo narrado, que le otorga un plus más a un libro iluminado.

Libro
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