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COLEGIO DE PERIODISTAS

viernes 15 de noviembre de 2019, 13:14h
En los años sesenta del siglo pasado un grupo de profesionales del periodismo hicimos una campaña...

En los años sesenta del siglo pasado un grupo de profesionales del periodismo hicimos una campaña en favor de convertir la Escuela de Periodismo en Facultad de Ciencias de la Información, trasvasando los estudios periodísticos a la Universidad. Tras sortear centenares de obstáculos y de cerriles posiciones, conseguimos nuestro propósito. Hoy varias docenas de Facultades en toda España demuestran el acierto de aquel empeño tan decisivo para nuestra profesión. Sería injusto si no recordase a Enrique de Aguinaga que tan estrechamente colaboró conmigo en la estrategia de la operación, con un recuerdo también a Emilio Romero que ayudó con generosidad.

Siendo yo presidente de la Asociación de la Prensa, y consolidadas las Facultades de Ciencias de la Información o de Comunicación, propuse a la Junta Directiva y luego a la Asamblea General, la creación del Colegio de Periodistas de Madrid, con idéntica estructura al de abogados o al de médicos. La propuesta se sometió a referéndum entre los periodistas madrileños, aprobándose por abrumadora mayoría. En la fachada del nuevo edificio de la Asociación de la Prensa figuró el rótulo de Colegio de Periodistas.

Por una serie de razones se fue demorando la cristalización de lo aprobado en referéndum. Me complace comprobar ahora que la candidatura de José Antonio Vera a la presidencia de la Asociación de la Prensa propugna la definitiva creación del Colegio de Periodistas que nos equipara a las otras grandes profesiones como la abogacía, la medicina o la arquitectura.

La Universidad es antes que nada la continuidad de la Ciencia. Vale la pena subrayar los millares de libros publicados durante los últimos años en todo el mundo que investigan y profundizan en las ciencias de la Información, en las ciencias de la Comunicación. Todo ese complejísimo mundo de los mercados informativos, de los espacios sociológicos periodísticos, de la valoración de las noticias, de los efectos profundos que éstas producen en los tejidos más íntimos de la opinión pública, de la alteración social que se puede desencadenar con el lanzamiento de campañas subliminales de uno u otro signo, todo eso constituye la médula del conocimiento periodístico, de ser o no ser periodista. Todo eso, en fin, no hace sino subrayar la gravísima responsabilidad del profesional que tiene en sus manos las más peligrosas armas para la calumnia, la agitación, las medias verdades, el atentado contra la intimidad, las fake news, pero que, a la vez, dispone de libertad para defender hasta el heroísmo su independencia, contribuyendo a tornear una opinión pública recta y plenamente informada de los hechos, cuyo relato debe ser sagrado en su objetividad, como sagrada debe ser la libertad para el comentario y la opinión del más vario pelaje ideológico.

Desde el periodismo impreso, hablado, audiovisual y digital, desde las agencias de noticias, el periodista profesional es el hombre que, sabiendo extraer el máximo partido de las nuevas y complejas técnicas, conoce a fondo todo el entramado profundo de cómo se puede alterar, manipular o distorsionar a la opinión pública y se pone, sin embargo, a su servicio para hacerle llegar, de forma independiente y objetiva, la verdad de los hechos. Si el médico cuida o debe cuidar de que la sociedad disponga, frente a los que negocian con el dolor, de una Medicina rigurosa y eficaz, al periodista le corresponde la altísima misión en las sociedades libres de servir a sus conciudadanos una información completa, plural y objetiva que le permita tomar actitudes políticas, sociales, religiosas, laborales o culturales según el libre criterio de cada cual.

El progreso de las profesiones es una realidad en beneficio de la sociedad entera. La Universidad y los títulos universitarios han surgido con el desarrollo de la sociedad a través de los siglos, con muy varios objetivos y, entre ellos, como garantía de conocimiento y responsabilidad en el ejercicio de las distintas profesiones. Que el mundo camina hacia la especialización profesional es una cuestión de hecho que no admite discusión. Por fortuna para la sociedad se ha pasado del barbero sacamuelas al médico especialista, al odontólogo; del charlatán picapleitos, al abogado en ejercicio colegiado; del mago en alquimia, al doctor en Ciencias Químicas; del maestro de obras, al arquitecto; del chico de la Prensa, al doctor en Ciencias de la Información.