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ESCRITO AL RASO

Pactos, besos y abrazos

lunes 18 de noviembre de 2019, 20:03h

En España de las panaderías hemos hecho un chino; de la pluma de Larra hemos hecho el chéster de Risto Mejide; de las librerías hemos hecho una tienda de telefonía y llamadas al extranjero; del amor hemos hecho un putiferio capitalino de cuernos normalizados; de la pareja hemos hecho un pago de hipoteca; de la poesía y del 27 hemos hecho unos “tuitpoemas” de educación primaria; de Gila y Tip y Coll hemos hecho un Broncano; de don Manuel Azaña hemos hecho un Zapatero; de Josep Tarradellas hemos hecho un Torra; del CDS de Suárez hemos hecho un Ciudadanos y, después, como con aquél, lo desarbolamos. Del centrismo, pues, hicimos un extremismo. Cela ya lo dijo: “somos un país excesivo”: de ahí los excesos verbales de VOX, que son de la España pre-republicana. Porque lo que nos va de verdad es contrarreformarlo todo, pero a peor.

Inés Arrimadas ha dado un paso al frente y toma hoy las riendas del naranjal, que está hecho unos zorros, pero todavía con algunos zorros agazapados en el naranjal. Ay, Inés, hazte unas pieles con esos vulpejos o te hincarán el comillo. Y los barones socialistas, Lambanes y Emilianos, el socialismo sereno, quieren bailar con ella y no con Iglesias, que es comunista. El vicesecretario de comunicación del PP Jaime de Olano –cuántos vices de cuántas áreas, como setas en otoño– les manda un mensaje de amor a los socialistas “sensatos” y Sánchez les escribe una epístola conmilitona a los militantes: solo con el virreinato de Unidas Podemos. Alberto Garzón, en su inanidad perpetua y traición a la auténtica izquierda española, que aún sangra por la herida, está que no se lo cree y anda a la rebatiña, a ver si le cae alguna cartera. Como todos.

Para sacar adelante el país y que no caiga en la melancolía del Gobierno en (dis)funciones, Sánchez ha montado un equipo de negociación, encabezado por la vicesecretaria general, Adriana Lastra, y la vicepresidenta Carmen Calvo, las escuderas del presidente: cuántas “vices”, como golondrinas en verano. Ellas ya toman el té con Gabriel Rufián, que todavía anda con el susto que le metieron los CDR en el cuerpo frente al Palacio de Justicia de Barcelona, y el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonés, el que corta ahora el bacalao en ERC. Los de Esquerra necesitan cariño y las Sánchez “girls” se lo van dar.

En España quisimos hacer una Transición modélica y votamos primero centrismo y moderación, después progresismo socialista; en el siglo XXI tenemos que elegir entre los que más se quieren, al margen del futuro del país. Porque sin conocer sus planes de gobierno, los ministrables ya se están repartiendo los sillones. Tal y como nos lo habían anunciado. Tras la liturgia de las papeletas, los pactos, los besos y los abrazos quedan las virutas de las promesas de la campaña, las voces a lo Pimpinela y las pesadillas del presidente con Iglesias en la Moncloa. Por lo menos nos queda el consuelo del wéstern, con el sheriff caminando como Henry Fonda o Richard Widmark mientras a las afueras rondan los comanches. Pero las cifras y las pensiones siguen siendo esa gran incógnita: Nadia Calviño cree que lo solucionarán desde el BCE –que inventen ellos–, pero Macrón ya ha dicho que la macroeconomía europea va a ser un sindiós. Como en el lejano Oeste, vamos. Por eso vemos tanto cine: para prepararnos para la que se nos viene encima, Amore.

Twitter: @dfarranz

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