Me viene estupendo presentar esta entrega justo ahora que se conmemora el día de Acción de Gracias en los Estados Unidos (y Canadá, dicho sea), que sin ánimo de arruinarle la fiesta a nadie ni de mancillar el pavo o el pay de calabaza, nos conduce a abordar el tema borrascoso de Trump y su rocambolesca idea de declarar como terroristas a los cárteles mexicanos, mientras cariacontecido ofrece ayuda a México para combatirlos. ¡Tendrá cara! Si EE.UU. no ha podido con los suyos, menos con otros.
Como sea, el día de Acción de Gracias es una celebración que muchos indios americanos francamente no secundan por ser el origen de su exterminio.
La postura asaz hipócrita de Trump merece desenmascararse. Menudo embozo que ni puede mover a aplauso ni mucho menos dejarnos boquiabiertos. Y no puede ser porque es insultante la incoherencia yanqui. Por un lado, se consumen la droga que llega del sur y mientras culpan México y demás países por tal, ofrecen combatir lo que tanto recurren y propician y bien que emplean. No hay manera de entenderlo, sino como un negocio millonario de consumidores, productores, más de armas y dinero para préstamos con que adquirirlas y gobiernos cómplices. Lo demás es postureo y del malo.
Porque tenemos por un lado la atrabancada idea de buscar que se declare como terroristas a esos cárteles ensañados con la población civil, mas no se cuestiona a los drogadictos estadounidenses que los han hecho crecer desde Estados Unidos ni a los cárteles que allí operan con pasaporte de ese país. No se cuestiona el mercado de armas que los equipa y arma –con las que mataron a unos ciudadanos mexico-americanos en México, si nos tragamos una cuestionable versión de los hechos– y en verdad que si pone de terroristas a unos, bien que lo serán los otros, armadores, exaltadores del poder de los cárteles, que no lo tendrían sin ellos como consumidores y su irrefrenable ansia de drogas accesibles.
La trampa llega cuando Trump dice que la frontera con México es insegura. ¡Por Dios! Es compartida. Lo olvida y que si la droga llega de México, pasa a Estados Unidos porque la corrupción también habla inglés y está impune en su país y bajo sus leyes. Claro que sí. Mucho muro y mucha alharaca, pero es la misma frontera. Ya lo dije antes: esa que frena migrantes pobres, en tanto permite el paso de drogas millonarias. La misma. No es un “México tiene un problema”, es un “tenemos un problema”. Y EE.UU. es su causa primera.
Al mandatario yanqui ya se ve que le queda tiempo para andar ideando ocurrencias. Estar indiciado y seguírsele un proceso que lo puede llevar a juicio y hasta a deponerlo, no impide que se entretenga inventando culpables de aquello a lo que no pone remedio. Creyendo que puede aplicar sus leyes invasoras a todo el mundo. Ofrecer ayuda a México por culpa de esos cárteles es verdaderamente un embuste, siendo el país causante del poderío de tales. Por armarlos, por comprarles la droga, por impulsarlos en consecuencia. Una doble moral que chirria con su fariseísmo e impostura al contribuir a empoderar cárteles mexicanos.
Es la clásica y deplorable doble moral yanqui. Esa que hunde sus orígenes en su puritanismo más retrogrado y oscuro, que lo delineó como país. Aquel que se manifestaba lo mismo diciendo que los antiguos colonos no mataban cheroquis, pero podían contratar a los cheyenes para matarlos, que igual sostenía la peregrina idea novoinglesa de ser los elegidos, a santo de vaya usted a saber qué, pues dudosamente lo fueron asesinando nativos.
Y es que resulta ser que mientras el embajador yanqui en México, el conspicuo e inexperto señor Landau –hispanohablante, que se mal piensa que ha de recibir aplausos fáciles solo por visitar la basílica de la virgen de Guadalupe– afirma que en México hay provincias narcas –narcoestados las ha llamado– y admite que su país puede ofrecer ayuda a México para combatir ese flagelo, no oculta su hipocresía y el cinismo del diplomático y de su gobierno, empezando por Trump, al omitir decirnos cómo opera la complicidad en su país. ¿Cuántos estados allá también están coludidos en la venta, distribución y consumo de drogas, para que crezcan, imparables?
¿Qué hacen para impedir que siga creciendo el problema de drogadictos? Se lo he preguntado a algún residente. ¿Qué se hace para frenar la drogadicción en ese país? no hubo respuesta clara. Vaguedades. Entre libertades mal interpretadas, el millonario negocio que representa y una sociedad que acusa valores decadentes e irresponsables conductas permisivas, inmersa en su individualismo y la indiferencia colectiva paradójicamente manifiesta en múltiples loables apoyos a otros múltiples asuntos, es que la droga campea allí y llega del sur. ¿Y que se hace? Los defensores proyanquis siempre encandilados con ellos dicen, asegurar, lo juran que hacen mucho. Que se detiene a uno que otro delincuencillo de nada. No se recuerdan capos yanquis apresados ni la intervención directa del sistema financiero estadounidense, lavador de dinero y empoderador de cárteles, cuyos montos al descubierto en jaque evidenciarían su putrefacción.
Así que es mejor culpar a México y si se puede, más todavía usar el tema con fines electorales. Pero cuidado con la valoración de esto último: esto último ya me aburre, me despierta un profundo tedio porque es el hilo argumentativo simplón que todo lo justifica cuando injustificable, no se sabe explicar el fenómeno, cosa harto frecuente. Lo dicen los analistas porque arguyen que EE.UU. está siempre en vísperas o en elecciones. Y no. No siempre lo están por mucho que el golpeteo político exista allí como en todas partes y por mucho que cada dos años acudan a las urnas. Me explico: en el inter, entre elección y elección, se golpea también por la irresponsabilidad de no asumir su responsabilidad, por sostener mentiras y medias verdades que no son verdades. Los yanquis podrán tragarse sus mentiras, lo que no obliga a hacerlo a los demás. La hipócrita oferta a México nos recuerda que abre opciones de invasión y que allí a donde se han plantado invasores, la droga no se acabó. Afganistán y Sudamérica lo saben bien. Lo difícil es dejarlos entrar. Sacarlos, no hay manera. Y aquí lo he expresado, no hallan cómo meterse a México con o sin permiso de aquel y tanto el comercio como las drogas son el pretexto vil.
Por eso no me dejan boquiabierto sus ofrecimientos escuálidos. Por eso es tramposa la declaratoria de Trump afirmando que buscará declarar como terroristas a esos cárteles mexicanos, un pretexto para invadir México, Declararlos en nada ayuda, es una postura unilateral y es obviar completamente que si los cárteles son terroristas por la saña y la pobredumbre con la que actúan, sus drogadictos estadounidenses son su destino y su causa final, equiparables a terroristas, sin más y si a esas vamos. Tiene mucho qué combatir en su propio país antes que dar lecciones a otros. Sus tropas deberían de estar en sus calles haciendo los desmanes que hacen en otros sitios.
Viviré para ver a México invadido por los yanquis. Para ver a políticos mexicanos no evitándolo. Es cuestión de tiempo. Y al final la droga campeará en EE.UU. y sus drogadictos serán más, mientras resuelven sus intereses geopolíticos, los verdaderamente importantes haciendo su cerco con Canadá, para enfrentar las adversidades frente a otras potencias. Al tiempo. Lo que sí le digo es que es intolerable la chapuza de Trump y que vaya de ciego a conveniencia.