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BURLA A LA CONSTITUCIÓN

lunes 09 de diciembre de 2019, 13:27h
“No sé si las frases que acompañaron a las promesas de algunos diputados al acatar...

“No sé si las frases que acompañaron a las promesas de algunos diputados al acatar la Constitución son anticonstitucionales. Tal vez, no. Lo que sí parecen es una burla pública de la Constitución”, me decía ayer un catedrático de Derecho Constitucional de muy consolidado prestigio.

El presidente socialista del Congreso de los Diputados, Félix Pons, les dijo a los diputados batasunos Itziar Aizpúrua, Jon Idígoras y Ángel Alcalde, que habían prometido “por imperativo legal”: “Al no haber usado la fórmula reglamentaria no han adquirido su condición plena de diputados. Les ruego que abandonen el hemiciclo”. Y ordenó a los dos diputados y a la diputada que salieran de forma inmediata del Congreso.

A Meritxell Batet le han dicho algunos diputados y diputadas frases anticonstitucionalistas al prometer sus cargos. Lo de “por imperativo legal” ha sido sustituido por una agresión, o mejor dicho, por una burla a la Constitución sin que se produjera la menor reacción por parte de la presidenta del Congreso, tal vez porque sabía que quien así se manifestaba disponía de un voto decisivo para que Pedro Sánchez continúe ocupando su poltrona monclovita.

El español medio, la española media, han asistido atónitos al espectáculo. Los secesionistas se permiten burlarse de la Constitución y ofender la dignidad de España sin que se produzca la firme reacción de quien preside el Congreso de los Diputados. Félix Pons está solo en el recuerdo. El PSOE de Pedro Sánchez poco tiene que ver con el de sus antecesores. Ahora no es un partido socialdemócrata y constitucionalista, sino un partido sanchista atento solo a la ambición de poder de su líder. Ni las exigencias constitucionales ni la dignidad de España importan al actual PSOE. La única meta es mantener a Pedro Sánchez sentado en la silla curul del palacio de la Moncloa. Algunos veteranos socialistas, los que engrandecieron el partido, están que braman. Pero su indignación le entra por un oído a Pedro Sánchez y le sale por el otro sin romper ni manchar el cerebro del líder socialista que permanece impávido. Nunca había llegado España a soportar tantas humillaciones, sobre todo porque, además de las anécdotas de los juramentos y promesas, el Gobierno de la nación negocia de tú a tú con el partido secesionista cuyo presidente está en prisión por condena unánime del Tribunal Supremo que le ha sentenciado por gravísimos delitos de sedición contra el orden constitucional.