Sueño: subo por una especie de escalones que emergen entre unos arbustos de tres metros de alto y llego a una casa de madera. La soledad me está prohibida en sueños, y me encuentro sin preparativos, con la voz potente y cálida de Stephen King. Con una ropa y un aire festivos, King me comenta mientras me fijo en su palidez refinada, que formó parte de un grupo de rock de escritores: los Rock Bottom Remainders. Parecía que iba a ser flor de un día porque tocaban por amor a la música y a la amistad. Me aconseja que no tenga falta de confianza en mis artículos, que crea en mis motivaciones. “Tus artículos son como una interpretación al piano, como una subasta de tus pertenencias. A mí no me valoran como un DeLillo, un Updike, un Styron. No dejes que no valoren el oficio con el que te ganas la vida.”
Stephen King se toca la pierna porque sufre de repente un tremendo calambre. Me recomienda The Elements of Style, de William Strunk Jr. Y E. B. White. “Haces artículos hermosos y virulentos que impresionan por su totalidad”, me dice para pasar a hablarme de su infancia: paisajes de niebla, recuerdos aislados como árboles solitarios. El artículo, como la escritura de terror, es un proceso inconexo de crecimiento donde interviene la ambición, saco en claro en la tela de araña de nuestra conversación. Al principio, Stephen King comprendió el inglés que chapurreo. A medida que navegaba en la conversación, me entendía, esto último lo recuerdo muy nítidamente.
“Mi primer recuerdo soy yo imaginándome como otra persona ni más ni menos que el forzudo del circo de los hermanos Ringling”, dice King y lo escucho incrédulo. Quiero que me hable de monstruos surgidos de pesadillas, de payasos en el asilo de huérfanos, de ojos de fuego nada mojados ni chamuscados. Con Stephen King aprendo que no existe un lugar de la Confianza Invencible ni un Depósito de Ideas, o una Central de Relatos o Isla de los Best-sellers Enterrados. El trabajo del articulista o del buen narrador es reconocer esas buenas ideas cuando se nos aparecen, razonables y lógicas. Me insta a que siga sin desanimarme con las cartas de rechazo. Me enseña -tras brindar unos segundos, sin expresión vacía- la suya, escrita a mano y sin firmar: “No grapen los originales. El envío correcto es en páginas sueltas en clip”.
Quién pudiera ser tú, Stephen, para ver las “películas de Poe”. Edgar Allan Poe, demasiado brillante, demasiado traslúcido o demasiado enigmático. Mi parte loca, mi Mr. Hyde no quiere vivir sacrificado a un género. Mi ingenio penetrante siente un temblor de miedo y tiene que librarse de esa invasión de ideas que me tienen con el corazón en un puño. Stephen King, papel amarillo para escribir a mano las crónicas que primero concebía para él y luego salían para afuera. “Hice turnos dobles en una fábrica, dormía una o dos horas en mi Ford Galaxy del 60 (heredado de Dave) antes de las clases y, después de comer, me pasaba la quinta y la sexta hora durmiendo en la enfermería”.
Henos aquí sin agujeros en el suelo ni sumidero en el desierto. Nuestro corazón no recoge rumores ni conjeturas ni promesas sin cumplir, más viejas que el abeto gigantesco. Pájaros cantores están llenos de humor. Gozas si lees. Media tinta tiene árboles y aprende botánica y medicina. Las flores llaman a la puerta y al escuchar te erizan las raíces del pelo. Como una electricidad. ¡Un viaje suave como la seda! Oh flor que me devora, pedazo a pedazo. El viento está diciendo, a medias sonriendo y a medias llorando. Más simple que quemarse la boca. Todo es cuestión de saberse un truco que no sea anotado en el registro del hotel. El Doctor del Sueño tiene sed o está cansado por no ser someramente instruido (¡siempre sucede!) Los líderes supongo que ya están riñendo en cada fracción de segundo. Stephen King, aparece y sopesamos mis problemas, trae viejos libros de biblioteca de aspecto clásico, tomos. ¡Muy bien! ¡H. P. Lovecraft con un arco y una flecha! ¡J. R. R. Tolkien entregándonos un gran garrote! ¡Ray Bradbury batiendo todos los récords del futuro! ¡Bram Stoker llegando y abriendo la puerta suave y cautelosamente simulando que examina el horario de los trenes! ¡Shirley Jackson tirándonos de la mano! En el centro de esperar, la esencia va sin afeitar, sintiendo rencor. Las gotas de sudor tiene un estado de ánimo diferente. Soy una carabela de justicia y belleza. Todos se angustian y tratan de vivir con lo que tienen. La llama está muy silenciosa si no es remunerada, es como una ladrona con una sonrisa desdichada. ¿Saciaré mi hambre con mi buena y viaje cabeza ? ¿Mis manos, que han prestado servicios, confundirán pulposas mi mente? ¿Sacudirán mis artículos el polvo de los pies, sin que un sonido nos hiele la sangre? Stephen King me comenta que hay una elección que tomar, me lo dice con las ropas desgarradas y la cara salpicada de barro y sangre. Luz o sombra. Ángeles que andan con celeridad o demonios en edificios lúgubres y abandonados.
Ven hasta esta bahía atestada de navíos de ademanes impetuosos. Las gaviotas no quieren que un párrafo contradiga o anule a otro. Lo real a la mano y el cielo desea el éxito. Los gestos meramente frívolos no saben de dónde vengo. Mi habitación de trofeos tiene una atmósfera luminosa que me rodea. División de imperios en una visión llena de fuerza, Césares siempre en buen estado, siempre en disposición de luchar. ¡El corazón es un puñado de tristezas chorreando y parloteando! ¡Los curanderos no salvan a los que van en desbandada! ¡La escritura siente la necesidad de dar comida de verdad! Hay noches en que cualquier cosa que toque Stephen King se halla en desorden. Stephen King y nuestra charla y sentirnos alegres por estar solos. Con él estoy en el estado de ánimo adecuado para escribir novelas.