Todo es mentira. También esto que estás leyendo. Yo solo pretendo que olvides lo que estabas haciendo o pensando justo antes de prestarme tu atención. Agradezco que me hagas caso, que me dediques tu tiempo cuando no he hecho nada para merecérmelo. Tampoco hacen nada los políticos y los tenemos todo el día en la boca, más concretamente en la punta del palillo que nos ayuda a quitarnos los restos de comida o excrecencias como ellos. Tengo la boca destrozada, infectada por completo. Resulta que me ha salido un “Pablo Iglesias” en uno de mis dientes, una “caries” de las jodidas.
Uno está cansado de justificarse, de decir que no se siente cómodo en ninguna de las ideologías existentes y que como mucho se me puede definir como ácrata español, como cantaban los Siniestro Total, grupo punk gallego que comenzó en la década de los ochenta. Dicen que el voto es secreto y por eso yo digo que no voto, porque no tengo nada que ocultar. Mis defectos son otros, mucho más humanos. Pero la democracia es el sistema existente donde más cómodo se encuentra un anarquista sentimental como yo.
Me sangra España y Larra corre por mis venas. Ser comunista o monárquico en el siglo veintiuno es absurdo. El “Ché” no está en Alicante ni se subió a una de sus palmeras para vender zapatos. Lo que sí que hizo fue zarandear una hasta que cayeron los peores “cocos”, que fueron los que le siguieron en su “involución”. Y qué decir de los Reyes de ahora, su poder simbólico, débil, pero en el que viven de puta madre. Sus antecesores por lo menos se lo ganaron por estar en primera línea del frente de batalla, eran los primeros en coger la espada y dar la cara. El poder simbólico es el que doy a mi sobrina de dos años para que entre en mi casa y pueda coger lo que quiera y jugar con ello hasta que la juerga acaba cuando quiere pintar en mis libros o tirar al suelo mis cedés de música. El Rey se parece a mi sobrina en que las dos son unas nenazas. Más el Rey, que mide casi dos metros. Mi sobrina es tan guapa como su hija mayor, la futura heredera, también sabrá leer un texto cuando tenga su misma edad, pero nadie le dirá que es muy lista y que está muy bien preparada. Que conste que Leonor me cae muy bien.
Progresismo o conservadurismo. Ninguno de los dos son buenos al cien por cien de sus preceptos, evidentemente. Pero tampoco lo son al cincuenta, ni al veinte, y darle la confianza de tu voto a algo que es más lo que te disgusta que lo que te llena para bien, es algo que nos ningunea como ser humano. Si ser “progre” es que te haga gracia las cosas que dice Dani Rovira, si ser “conservador” es que te parezca un intelectual gente de la catadura moral de Sánchez Dragó, no me veréis nunca al lado suyo defendiendo sus postulados. Parece que solo pudiéramos elegir entre ser un payaso “progre” o un viejo con gustos aniñados que huele a cerrado, y que cuando abre las ventanas para ventilar, la libertad y la democracia huyen despavoridas entre el viento. Ese mal escritor representa esa derecha que denigra lo público, hizo unas declaraciones en las que dijo que él privatizaría todo, incluso la sanidad y la educación. Un hombre que ha vivido de saquear la televisión pública nacional, la madrileña y la valenciana siempre que gobernaba en ellas el Partido Popular. Qué casualidad y que golfo hay que ser. En parte le entiendo, porque si tuviera que haber vivido de sus libros estaría viviendo junto a los méndigos, y éstos tienen una dignidad que no tiene precio.
Pero si me hicieran elegir, acabaría pegándome un tiro. Larra otra vez como solución, leerlo o imitarlo. Las dos cosas a la vez es imposible. Escribir a tiros puede ser otra opción, la más canallita y la más valiente. Posicionarse en el medio o a los lados no te hace estar más presente en un conflicto. Quedarse en fuera de juego tiene más mérito cuando el árbitro siempre lleva la camiseta del equipo rival.
Y todo esto tan largo que os cuento, tanta paja textual, para llegar al desenlace, el acto no sexual, aunque tampoco tenemos la seguridad, que ha ocurrido entre Pablo Iglesias y el Rey Felipe VI, donde el monarca ha hablado con cada líder de los partidos políticos para esta cosa de formar gobierno. Cuando ha terminado de hablar con Pablo, éste ha dado una rueda de prensa que ha sido de traca. No ha dicho nada relevante. Supongo que para ustedes esto no es noticiable. Hasta que ha llegado el momento en que se ha relajado, cosa mala para los políticos, que siempre están en tensión para que no se les note que les importamos una mierda tan grande como cualquier libro de Dragó. Se encontraba tan cómodo que ha reconocido que han estado hablando sobre series de televisión y de una en concreto que tampoco me apetece recordar ni hacer publicidad a su plataforma, por supuesto de pago. Y ahí quería llegar, un comunista que se le llena la boca de la lucha obrera, de las dificultades de la gente para llegar a fin de mes, de la pobreza energética, personas que no pueden encender la calefacción por su precio, que se alumbran con velas, hace alarde de todas las series que ve, y casi siempre de plataformas de pago, Netflix, HBO, Amazon prime, Sky, Filmin, Movistar plus, etc. La verdad es que no son caras y la media es de unos ocho euros al mes, pero si las tienes todas, es fácil gastarse unos cien euros al mes, y eso siendo un mileurista es todo un lujo que no se puede permitir. Y no estoy diciendo que un político de izquierdas o cualquier cantante, actor o persona pública que se manifieste de esta ideología y gane mucho dinero no pueda hacer lo que quiera con él y gastarlo como bien le dé la gana. No seré yo el típico tonto de derechas, que claro que los hay, que les niegue poder vivir lo mejor que quieran y puedan.
Pero a un político que se le ha llenado la boca de la palabra dignidad, de que los políticos tenían que servir a los ciudadanos primero y luego a ellos mismos, que no estaba bien que éstos estuvieran de comilonas, de grandes viajes, mientras mucha gente lo pasaba y lo pasa mal, por si no lo sabe Pablo, lo pongo en presente, pues hace tiempo que parece que ya no hay desahucios ni ha crecido el número de personas que viven en la calle. Que en la media hora que han hablado el comunista y el Rey, un tiempo haya ido dedicado a una serie de televisión, en una época de desgobierno, ante una inminente nueva crisis económica que se avecina, habla de la catadura moral de los dos, no sé quién de los dos habrá sacado el tema, pero sí que sé que el otro no le ha cambiado la conversación sino que ha continuado hablando de la serie en cuestión que sin duda le interesaba más que lo que pueda pasar con nosotros, con España.
Un comunista hablando de series con un Rey, explica de la mejor manera posible la frivolidad de nuestra clase política, de la inanidad de la Corona, en definitiva de la nula empatía de ambos con el pueblo y con el futuro de éste. Un comunista se supone que renegaría de una clase privilegiada porque sí, de los títulos nobiliarios, los condes, los duques, toda esa gente. Pero cuando el sistema contra el que luchas empieza a hacerte rico, empiezas a ver que tienes más que ver con el Rey, la Baronesa o el Duque de turno, que con el obrero de la construcción, el camarero, o el empleado de banca. La vida es una serie demasiado realista para el que no tiene tiempo de ficciones, pero sí que sueña con un futuro mejor donde no haya ni Pablos ni Felipes.