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Teatro

Henrik Ibsen: Teatro (1877-1890)

domingo 15 de diciembre de 2019, 19:06h
Henrik Ibsen: Teatro (1877-1890)

Traducción de Cristina Gómez-Baggethum. Nórdica. Madrid, 2019. 800 páginas. 29,50 €. Libro electrónico: 11,99 €. Se reúnen ocho piezas fundamentales del dramaturgo noruego -entre ellas “Un enemigo del pueblo” y su celebérrima “Casa de muñecas”- en una pulcra y fidedigna traducción directamente del idioma original, sin recurrirse, como suele ser habitual, a otras lenguas para su versión al español. Una excelente oportunidad para acercarse al Ibsen más puro. Por Adrián Sanmartín

Es evidente que el destino natural de una pieza de teatro es el escenario. Pero esto no debe hacernos olvidar que el teatro también y se lee y que esto nos puede proporcionar un gran placer. Máxime cuando se trata de dramaturgos de primera que han marcado el universo escénico. Es el caso del noruego Henrik Ibsen (Skien, 1828-Cristinía,1906), considerado el creador del drama realista moderno, y del que se da la circunstancia de que destinaba sus obras no solo a la representación sino también a la lectura, publicándolas siempre antes que que subieran a las tablas. Ibsen es suficientemente conocido, pero no siempre sus textos nos han llegado con absoluta fidelidad y pulcritud, pues en la mayoría de las ocasiones se han traducido no del idioma original sino del francés, el inglés y el alemán con todo lo que implica que se pierda en el camino.

Para paliar esto, el Centro de Estudios Ibseanianos de la Universidad de Oslo, junto al centro NORLA, que promueve la literatura noruega en el mundo, y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Noruega impulsó hace una década un magno proyecto, Iben in Translation (Ibsen en Traducción) liderado por el profesor Frode Helland y la traductora Ellinor Kolstad, con el objetivo de traducir directamente del noruego sus doce principales obras a ocho lenguas: árabe clásico, egipcio, hindi, japonés, chino, ruso, iraní y español. Ahora nos llega, de la mano de la editorial Nórdica, referente en las letras de los países nórdicos -aunque su catálogo no se nutre solo de autores de estas latitudes- el primer volumen que incluye: Los pilares de la sociedad (1877), Casa de muñecas (1879), Espectros (1881), Un enemigo del pueblo (1882), El pato silvestre (1884), La Casa Rosmer (1886), La Dama del Mar (1888) y Hedda Gabler (1890). Está previsto que en 2020 aparezca un segundo volumen con cuatro títulos más.

La traducción corre a cargo de Cristina Gómez-Baggethum, que ha contado con el asesoramiento de un “panel de expertos” que la ha revisado: el dramaturgo y director de escena Ignacio García May, versado en el autor y admirador suyo; el también director escénico Alberto Castrillo; la traductora del noruego al español Kirsti Baggethum, y el catedrático de Literatura e historiador e investigador de teatro Javier Huerta Calvo. La propia Cristina Gómez Baggethum en un muy interesante prólogo explica cómo ha realizado su trabajo y reflexiona sobre la cuestión de las múltiples interpretaciones que ha propiciado la obra de Ibsen, repasando algunos de los montajes realizados en España.

Entre otras aclaraciones, Gómez-Baggethum expone que ha tratado de reproducir mediante el lenguaje las diferencias de clase que subyacen en el habla de los personajes ibsenianos y se ha esforzado por mantener el frecuente empleo de tacos y maldiciones por parte de algunas de las criaturas de Ibsen, algo que no es habitual en las traducciones del autor de Casa de muñecas.

Precisamente Casa de muñecas es una de sus piezas más célebres, vista no pocas veces como una obra emblemática del feminismo, pese a que Ibsen manifestó que ese no era su propósito, y cuyo estreno en 1879 causó escándalo. El portazo de Nora ha seguido resonando hasta nuestros días, y se ha hecho remake, como el del norteamericano Lucas Hnath con su La vuelta de Nora.

Pero no solo esta obra revela la categoría de su autor. Este volumen, con sus ocho destacados títulos en fiel traducción, es una espléndida oportunidad para leer -o releer- a un Ibsen que, como todos los grandes, está por encima de etiquetas y sus personajes no son en blanco y negro. Los seres humanos son complejos y los grandes escritores saben ahondar en ello. Razón tiene Harold Bloom cuando recalca: Al igual que Shakespeare, Ibsen poseyó el misterioso don del verdadero dramaturgo, que es capaz de prodigar a un personaje más vida de la que él mismo posee”.

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