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TRIBUNA

El Brexit y el camarote de los Hermanos Marx

Juan Carlos Barros
martes 17 de diciembre de 2019, 20:21h

Hay artículos jurídicos que son más grandes que capítulos y capítulos que no caben en los libros y libros que no entran por la puerta de un camarote. Pero hay también artículos comerciales que van de un lado a otro por los mares, errantes como cajas que llevan en su interior sorpresas interesantes, que lo mismo pueden ser cinematográficas que legales.

La adinerada viuda Mrs Claypool quería entrar en sociedad y contrató al taimado business manager Otis B. Driftwood que la propuso convertirse en mecenas de una compañía de ópera, para lo cual emprendieron viaje a New York a efectuar la representación.

En un camarote del enorme trasatlántico, Otis B. Driftwood porfía para meter su baúl que es tan grande como la pequeña habitación, como lo es el artículo 50º con respecto al tratado de la Unión, y tanto como lo está siendo el Brexit en Europa que está cargando con toda la atención como si no hubiera otra función.

Una vez dentro del minúsculo camarote y con apenas sitio para la circulación, Driftwood descubre que en el baúl en vez de camisas y pares de pantalones hay tres polizones.

Driftwood.- No recuerdo haber metido estos artículos. ¿Qué tal se viaja ahí dentro, chicos?

Chicolini.- Bastante estrechos. Por hacer un parangón, es como si fuera una proclamación de derechos.

Driftwood.- Pronto saldremos del abra, estaremos en alta mar y sitio habrá para ejercer los derechos con más libertad.

Como los polizones no se quieren ir sin cenar y Driftwood tiene una cita con Mrs. Claypool, pacta con ellos la manduca que encarga de la forma siguiente:

Driftwood.- ¡Steward!

Steward.- Servidor. ¿Qué desea el señor?

Driftwood.- ¿Qué hay para cenar?

Steward.- Tenemos zumos para bajar los humos.

Driftwood.- ¿Y algo medioambiental para que baje la marea no hay?

Steward.- Canutos rellenos de crema.

Driftwood.- ¡Jerjes! Prefiero algo más oriental. En total, tráeme dos huevos fritos, dos huevos escalfados, dos huevos revueltos y dos huevos cocidos. ¡Y échale un par de huevos!

Steward.- A la orden, Jefe.

( Se oye el “hunk” de una bocina)

Driftwood.- ¡Échale otro par de huevos!

Steward.- OK.

Driftwood.- ¿Hay pasteles a bordo?

Steward.- Si señor, pero el pasteleo lleva sobrecargo.

Driftwood.- ¿Tienes cambio de 50 euros?

Steward.- Si señor, de lo que Vd. quiera.

Driftwood.- Entonces no necesitas la propina que te iba a dar. Déjame pensar: tráeme un guisado con guisantes y un filete poco hecho, otro saignant, otro bien hecho y otro pasado. ¿Y échale un par de huevos!

( Se oye el "hunk“ de una bocina repetidamente)

No sé si hay niebla o que éste es un asunto de tres pares de huevos. Cuanto antes traigas el encargo, antes terminaremos la convención…. ¡Ah! y tráeme una botella de champagne que tengo un cita sentimental.

Steward.- Faltaría más, señor.

Al rato llaman a la puerta del camarote y sucesivamente entran las camareras de la limpieza (“podéis empezar por el techo que está vacío”, les dice Driftwood) y la manicura, los operarios de la calefacción, una pasajera buscando a su tía y el steward con la cena.

Driftwood.- ¿Esto está atestado o yo me lo he imaginado? No era así como yo suponía un viaje por el Atlántico noroccidental.

Mrs. Claypool llega finalmente puntual y llama a la puerta del camarote, la cual en ese momento revienta y salen en tromba todos sus ocupantes, de la misma manera que si fueran artículos sobrantes del Tratado de la Unión.

Juan Carlos Barros

Abogado, consultor europeo y periodista

JUAN CARLOS BARROS es abogado, consultor europeo y periodista

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