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Crónica

Philippe Lançon: El colgajo

domingo 22 de diciembre de 2019, 19:10h
Philippe Lançon: El colgajo
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Traducción de Juan de Sola. Anagrama. Barcelona, 2019. 448 páginas 21,90 €. Libro electrónico: 15, 19 €. El periodista Philippe Lançon, superviviente del brutal atentado yihadista a la revista satírica francesa “Charlie Hebdo”, nos ofrece un emocionante testimonio, sin apelar al victimismo, de su calvario físico y psicológico después de que las balas de los terroristas le destrozaran el rostro. Por Adrián Sanmartín

El próximo 7 de enero se cumplen cinco años del atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo. En la mente de todos permanece el recuerdo de ese fatídico día en el que los hermanos Saïd y Chérif Kouachi, yihadistas radicales, entraron en la Redacción de la publicación y perpetraron una masacre al grito de “¡Alá es grande!”. El brutal y cobarde ataque despertó una gran solidaridad dentro y fuera de Francia y el 11 de ese mismo mes más de dos millones de personas, incluidos cerca de una cincuentena de jefes de Estado y de Gobierno, recorrieron las calles parisinas bajo el lema “Je suis Charlie” (“Yo soy Charlie”), a la que se unieron manifestaciones en otras ciudades francesas y de otros países. La revista estaba en el punto de mira del Islam radical y ya había sufrido ataques anteriores, aunque sin esa virulencia asesina, a raíz de lo que los yihadistas consideraban burlas a su religión, sobre todo la publicación de caricaturas satíricas de Mahoma. Charlie Hebdo no dejaba títere con cabeza en la tradición del más irreverente periodismo satírico. Pero solo el islamismo radical tuvo esa sangrienta reacción.

Philippe Lançon (Vanves, 1963), periodista del diario Liberation, y colaborador de Charlie Hebdo, fui ese 7 de enero de 2015 a la Redacción de la revista -había dudado si ir allí a Liberation-, y se encontró cara a cara con la barbarie y el horror más absolutos. Muchos de sus compañeros, con los que había comentado la novela de Michel Houllebecq Sumisión, que se había puesto a la venta el mismo día del atentado, murieron en la salvaje acometida. Los terroristas pensaron que Philippe Lançon también estaba muerto. Sin embargo, sobrevivió. Pero tuvo que enfrentarse a un calvario físico y psicológico, después de que los disparos de los rifles de asalto de los yihadistas le dejaran destrozada la parte inferior de la cara con la imposibilidad de poder hablar. Y no solo a eso. El recuerdo de sus compañeros a los que vio morir de manera tan brutal es otra herida acarreando ese sentimiento de culpa que tortura a muchos de los supervivientes de tragedias, como los que no perecieron en el infierno de los campos de exterminio nazis, al preguntarse constantemente por qué ellos y no otros sobrevivieron.

En El colgajo, Lançon da cuenta de ese calvario, donde transitó por hospitales -estuvo cerca de un año hospitalizado-, y sufrió una veintena de intervenciones quirúrgicas con el objetivo de reconstruirle el rostro -con el peroné de su pierna derecha le crean una nueva mandíbula-, y un muy largo proceso de rehabilitación. Y al lado de esa reconstrucción, conseguida afortunadamente con éxito, Lançon debe emprender otra, quizá más difícil: “¿Era yo, en aquel momento, un superviviente? ¿Un fantasma? ¿Dónde estaban la muerte y la vida? ¿Qué quedaba de mí?”. Su viejo yo se ha quedado en la sala de reuniones de Charlie Hebdo y ha de poner en pie otro nuevo.

En esa tarea le acompañan el personal sanitario, muy presente en el libro, amigos, familiares, literatura -lecturas sobre todo de Thomas Mann, Kafka, Proust y Shakespeare-, y música -Bach, Bill Evans, jazz...-, y va redescubriendo minucias cotidianas, pero que en esa circunstancia cobran otra dimensión, como tomar un zumo.

El colgajo está lleno de sufrimiento, pero no de amargura y mucho menos de bilis o rencor. Tampoco hay reflexiones sobre el islamismo o la política: “La cirugía no deja espacio para el rencor, el odio o las teorías política sobre el atentado. El odio está de moda, pero no sirve de nada. Los terroristas, no me interesan… Quien me enseñó más sobre terrorismo es Conrad que lo detesta. Nunca me convenció el escritor que se mete en la piel del terrorista”, confesó en una entrevista en la presentación de El colgajo en España. Estamos ante el testimonio de un ser humano que vio cómo su vida se derrumbaba en un instante. Y cómo luchó para recuperarla. Un emocionante y estremecedor testimonio, aunque Lançon no apela en ningún momento a nuestra compasión. Lançon no habría querido escribir este libro, a medio camino entre la crónica, las memorias y la confesión, ni nosotros leerlo. Pero convengamos con Antonio Muñoz Molina al señalar: “Hacía tiempo que no me subyugaba tanto un libro como el que escribió Philippe Lançon”.

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