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TRIBUNA

Chubascos dispersos

martes 24 de diciembre de 2019, 20:22h

El chubasco, también conocido como aguacero o chaparrón, es un tipo de precipitación cuyas características principales son su gran intensidad y la facilidad con la que aparece y con la que finaliza. Estas facilidades pueden dejarnos “calados”. El advenimiento del milagro Internet está produciendo un verdadero terremoto, de intensidad diez, en las comunicaciones y su acoso a la prensa escrita la está poniendo en trance de desaparición. Pero, curiosamente, lo que en principio apuntaba a la casi extinción, con ella, de la profesión periodística se ha convertido en un auge impensable. Una vez más la realidad pone de manifiesto que la profesión de profeta, que tiene tantos admiradores, está ridículamente sobrevalorada.

Internet ha puesto al alcance de todos un medio de comunicación inmediato que prescinde de la presencia física, aunque no por ello es menos intenso. Y tiene lugar entre amigos, conocidos o el ancho mundo pues nos permite a todos ser periodistas y reporteros gráficos o verbales de nuestra propia vida y de cualquier otra cosa.

Esta fulminante inmediatez de lo digital, ha hecho proliferar, en el bosque de nuestra actualidad, infinitos hongos periodísticos y redes sociales. Este fenómeno ha excitado a los demás medios, televisiones, radios y periódicos, que no dan abasto a canalizar esa fiebre de vocaciones, en contra de lo que parecía ser un triste futuro de la profesión de periodista. Los antiguos medios y los nuevos digitales dan acogida a infinitos periodistas y reporteros, profesionales o aficionados. Y no se repara en que no hay cabezas suficientes, preparadas en las disciplinas que se debaten y se echa mano de personas llevadas, únicamente, por su afición, su ambición o su entrega al servicio de alguna causa, comunidad o agrupación política.

De pronto, se ha producido que las noticias, el comentario y análisis sobre ellas, sus alternativas, sus futuribles, sus causas, sus consecuencias, sus protagonistas y demás enredos y cotilleos, se han convertido en la dedicación nacional. Y lo relevante es que el tema de moda, en todos estos medios, no es el futbol, ni los personajes populares, es la política. El fenómeno de que la política, que, tradicionalmente, ha interesado poco a los españoles, sea, ahora, su comidilla, de la mañana a la noche, merecería algún estudio, que seguramente existe, pero que yo desconozco. ¿Es un fenómeno espontáneo? ¿Es provocado?

Desgraciadamente, tal como está el patio, es, ya, demasiado inocente pensar que un movimiento tal de conducción y seducción de la masa popular se produzca espontáneamente. ¿Y entonces, quien lo provoca? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Y por qué este movimiento tiene un carácter tan negativo y destructivo que se ha convertido en una picadora de carne por la que se hacen pasar ideas, memorias, biografías, hechos históricos y actuales, prestigios, tratado todo de forma irreverente, irrespetuosa y hasta llegando al cachondeo mas populachero?

Si, amigos, la característica común de demasiados de estos nuevos “periodistas” no es su sabiduría, su prudencia, el conocimiento de los temas que tratan, el rigor en su trabajo y el respeto a los personajes que involucran en su actividad, sino que parece que se les admite por su audacia, su arrogancia y su habilidad para presentar, a la gente, los acontecimientos con el tinte que conviene al medio que les acoge. Y como el uso intensivo lima cierres e impedimentos, van desaparecido las antiguas trabas que impedían a los profesionales ser meros propagandistas o propagadores de rumores e ideas distorsionadas que sirvan al interés oculto que persiguen.

Vemos como, esa plétora de noticias que, aunque sean de suma transcendencia, van apareciendo y desapareciendo, sustituidas por otras con una cadencia que no sabemos quién marca y que, como chubascos o chaparrones, aparecen y desaparecen dejándonos ateridos de pesimismo y calados de miedo hasta los huesos. Y a esa sospecha, de que alguien lleva la batuta, marcando el ritmo de relevo, llegan muchos que piensan que, quizá, ese movimiento de lo políticamente correcto, que nos avasalla, no está lejos de esta plétora.

Un movimiento que, cada día, parece menos espontáneo y que, además, tiene como denominador común de sus consignas y actividades, avalar ideas, ideologías o noticias que debiliten la civilización occidental, Y, si es así, cabe admitir que sea él quien se afane en colonizar los medios de comunicación públicos y privados y que, realmente, mande por encima de los que creen que mandan.

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