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TRIBUNA

Colesterol

Juan José Vijuesca
miércoles 25 de diciembre de 2019, 18:57h

Ya sé que hablar del colesterol en estos días navideños es de mal gusto. Viene a ser como mencionar la soga en casa del ahorcado. Mi gran amigo Agustín Hidalgo, avilesino de pro, gran señor y sobresaliente en elegancia por su refinado gusto y donosura, se emplea a fondo en una más que filantrópica tarea dedicando parte de su tiempo en acunar consejos para que los mortales sepamos la manera de alcanzar el tan deseado colesterol bueno, también conocido como HDL. Una especie de Santo Grial oculto en algún lugar de nuestro propio organismo.

No crean que mi amigo es uno de esos alquimistas venido del oscurantismo medieval, ni siquiera vende fórmulas magistrales para el buen fin de nuestra salud; pero eso sí, forma parte de La Cofradía del Colesterol Bueno fundada el 24 de noviembre de 1996 en Avilés por un grupo de inquietas personas que a buen seguro tendrán firmado un pacto similar al de los caballeros de la Orden de los Templarios, que como ustedes saben su principal misión era la de proteger a los peregrinos que acudían a los Santos Lugares. Nueve siglos después lo mismo, solo que en versión Cofradía del Colesterol Bueno HDL; eso sí, ahora dedicados en apadrinar nuestra salud cardiovascular a todos los niveles.

A pesar de ser todo un equipo de cofrades los implicados y aguerridos perseguidores por igual, me voy a permitir el poner como primer espada de la terna a don Sabino González, actual Presidente de la Cofradía, quién dicho sea, me ha prestado en gentileza detalles del devenir de esta ilustre Hermandad. Y aquí les vengo a decir que si Hugo de Payns, fundador de la Orden de los Templarios, levantara la cabeza y lo hiciera en Avilés, a buen seguro que nombraría a todos, tanto mujeres como hombres, avilesinos de honor por su infatigable labor en defensa de la alimentación cardiosaludable.

Ya que estamos metidos en la Edad Media me congratula saber que tanto mi querido amigo Agustín como el resto de miembros y miembras (con perdón) llevan a cabo una de esas cruzadas tan caballerescas que nada tiene que envidiar a la época de los referidos caballeros Templarios. Resulta curioso cómo gracias a una dieta sana y equilibrada convirtió a los templarios en longevos guerreros implacables.

En el siglo XII alcanzar la edad de los 70 años dice mucho en favor de lo extraordinario que resulta una buena nutrición y una buena higiene cuando la esperanza de vida en el medievo estaba entre los 25 y 40.

En la Edad Media la alimentación era rica en grasas y calorías, sobre todo en las clases más altas, las cuales podían permitirse el lujo de consumir mucha carne. Enfermedades como la gota y la obesidad eran símbolo de fortuna y opulencia. Claro que según parece, los niveles de colesterol y triglicéridos eran exagerados. Frente a semejantes excesos, la dieta de los Templarios era muy moderada resultando inimaginable ver a un caballero aquejado de sobrepeso luchando contra las ágiles tropas musulmanas.

La estricta alimentación y forma de vida de los miembros de la Orden del Temple es considerada por ciertos investigadores como la «antesala de la dieta mediterránea»: poca carne (dos veces por semana), muchas legumbres, pescado y fruta fresca. La explicación reside en «el efecto positivo ejercitado en la flora intestinal», según aseguraban. Esto les permitía, además, poseer la capacidad de luchar contra las enfermedades cardiovasculares habituales de la época. Otro alimento presente era el aceite de oliva, un producto muy ligado a la actual cultura del Mediterráneo. El agua la solían beber con zumo de naranja «para enriquecer la carga antibacteriana» y al vino le añadían la pulpa de aloe, que era una planta «dotada de acciones antisépticas».

Llegado a este punto yo me cuestiono la cantidad de coincidencias que tiene la labor que desempeñan los miembros de La Cofradía del Colesterol Bueno, de Avilés, con lo referido a los Templarios. No es para menos porque estos avilesinos enfundados en sus capas que les identifican dentro y fuera de su ciudad, entronizan la infatigable tarea de promocionar las dietas alimenticias para la prevención del colesterol y las enfermedades cardiovasculares a través de coloquios y toda clase de actos culturales; sin olvidar una principal labor docente impartida en colegios de enseñanza, tanto públicos como privados, mediante los denominados “desayunos cardiosaludables” por los que han pasado hasta la fecha 32.000 alumnos de centros escolares tanto de Avilés como de otras poblaciones de Asturias, Galicia, Cantabria y León.

Me parece que estamos ante una de esas Cofradías gastronómicas que peregrina por el camino de la salud del prójimo haciéndolo sin ánimo de lucro y dando pábulo saludable a diestro y siniestro. Muy meritorio dicho encomio no solo para prevenir, sino también para aleccionar a cuantos infringimos la ley natural de los peligros existentes entre la cordura y los malos hábitos alimenticios. Para mí que esta Cofradía tiene dispensa papal o algo parecido, porque mi amigo Agustín representa unos diez años menos de los que tiene y el resto de los cofrades se me antoja que andan por un igual. Mucho de Templarios si no fuera porque estos juiciosos asturianos saben comer bien y aconsejar mejor. En fin, de vez en cuando saquemos brillo al colesterol, pero con moderación. No olvidemos el consejo de Cervantes: “La salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago". A mis queridos lectores, Feliz Año por el bien de todos.

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