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TRIBUNA

El Milagro del Vístula

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 29 de diciembre de 2019, 19:22h

El año 2020 se cumple el centenario de la Batalla de Varsovia o, como se la denomina a veces, el Milagro del Vístula. En algunas ocasiones, el destino de Europa se ha decidido en un único combate. Sucedió en julio de 1456 durante el asedio de Belgrado, que entonces se llamaba Nándorfehérvár, cuando las tropas húngaras y serbias derrotaron a los otomanos. Volvió a suceder en septiembre de 1683 a las puertas de Viena, donde las tropas del rey de Polonia Jan III Sobieski y del duque Carlos V de Lorena vencieron de nuevo a los ejércitos del sultán. Por supuesto, ha habido otras luchas y otras guerras, pero estas ocasiones no se dilucidaba sólo qué bando vencería en la contienda, sino el destino mismo de Europa: sobrevivir o sucumbir a los invasores.

Pues bien, el Milagro del Vístula fue uno de esos combates en los que Europa se salvó, por muy poco, de caer ante un enemigo que pretendía conquistarla: nada menos que el Ejército Rojo.

Entre 1918 y 1921, se libraron entre el Báltico y el Mar Negro seis guerras al mismo tiempo. en Ucrania, en el Lituania, en Silesia, en Checoslovaquia y en otros lugares, se combatía en medio el derrumbe de los grandes imperios y provechando el vacío de poder que ellos iban dejando. De todos esos conflictos, el que más amenazo a Europa Central y Occidental fue la Guerra Ruso-polaca (1919-1921). De un lado, estaba el formidable ejército de las Repúblicas Socialistas Federativas de Rusia y Ucrania, es decir, los bolcheviques. De otro lado, se desplegaban las tropas de la recién restaurada República de Polonia, que a su vez provenían de los polacos que habían venido sirviendo en los ejércitos de los zares, el káiser y el emperador de Austria-Hungría. Se trataba de sostener al Estado polaco frente a la acometida de los bolcheviques que trataban de ganar territorio después de haber alcanzado una paz con el Imperio alemán, el austrohúngaro y el otomano, así como con el Reino de Bulgaria. Otro contendiente en liza era la República Popular de Ucrania, que primero combatió contra Polonia y después se alió con ella frente a los bolcheviques. Los bolcheviques trataban de extender su poder a fuerzas de avances militares. Polonia era sólo el primer paso en la estrategia de exportar la revolución.

En agosto de 1920 las cosas pintaban realmente muy mal para los polacos. Después de algunas derrotas, el Ejército Rojo había avanzado sobre Polonia y Varsovia. Tomar la capital era importante tanto porque era el centro del poder político como por el valor simbólico de haber conquistado la que era capital histórica desde 1596, encrucijada de caminos entre Cracovia y Vilna, en Lituania, y próxima a la ciudad y puerto de Danzig. El Primer Ejército de Caballería al mando del célebre Budionni, a cuyas órdenes sirvió el gran escritor soviético Isaac Bábel, asolaba Galicia. Mijaíl Tujachevski, que terminaría siendo mariscal y moriría purgado en 1937, había dictado en julio una orden elocuente: «¡Al oeste!». A comienzos de agosto, cinco ejércitos enemigos se aproximaban a Varsovia. Salvo la embajada del Reino Unido y la de la Santa Sede, el cuerpo diplomático abandono la capital por temor a quedar atrapado. Ni los británicos ni los franceses habían logrado un alto el fuego. Movilizados por la propaganda comunista, los estibadores alemanes de Danzig y los operarios de los ferrocarriles checoslovacos en Brno habían demorado los suministros que llegaban a Polonia desde el exterior. El gobierno de Praga tampoco autorizó el paso a través del territorio checoslovaco de los 30 000 jinetes que Hungría había ofrecido enviar en auxilio de Polonia.

Sin embargo, contra todo pronóstico, el mariscal Piłsudski dirigió un contraataque que envolvió a los invasores y les impidió casi por completo la retirada. En cada bando combatían más de cien mil hombres. Los soldados polacos avanzaron a marchas forzadas desde el norte el sur mientras Varsovia resistía. Por el pueblo de Radzymin se combatió casi casa por casa. Primero lo defendieron los polacos, después lo tomaron los bolcheviques, después lo recuperaron los primeros. Sin posibilidades de seguir avanzando, con las líneas de comunicaciones cortadas, el frente de ataque se derrumbó. Cuarenta mil soldados invasores se retiraron a marchas forzadas, y en algunos casi en desbandada, a Prusia Oriental. Varsovia se había salvado. La guerra continuó hasta 1921, pero los bolcheviques no se repusieron de aquella derrota.

En realidad, a orillas del Vístula se salvó toda Europa Central y Occidental. La derrota frente a la capital polaca impidió a los bolcheviques extender el comunismo e imponer gobiernos bolcheviques por a fuerza de las armas. Hasta la II Guerra Mundial, los comunistas tuvieron que abandonar los planes de exportar la revolución a Europa más allá de las fronteras de lo que sería la URSS. La derrota sufrida en el Vístula detuvo su avance casi veinte años.

Fíjense si no es motivo de conmemoración y celebración para el año que comienza.

Feliz 2020.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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