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ESCRITO AL RASO

Adiós, 2019: la traca final

David Felipe Arranz
lunes 30 de diciembre de 2019, 20:11h

En España, país de covachuelistas desde que Larra y don Benito los “inventaron” en el siglo XIX y se los regalaron todos al funcionariado, los despachos de la Administración y el Hemiciclo, nuestra clase política ha vestido siempre muy bien en el tiempo navideño, y ha dado un salto de sus escondrijos a la vida doméstica a través de la pequeña pantalla. Así que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, ante la parálisis de las negociaciones con ERC, se han presentado a darnos el fin de año con un dossier que han bautizado como “Coalición progresista: un nuevo acuerdo para España”, se han hecho la foto en la Moncloa y han vuelto a sus quehaceres decembrinos con Begoña e Irene y demás familia. El documento tiene una pinta estupenda, pero las negociaciones para investir a Sánchez siguen sin cerrarse.

Los leoneses han puesto su grito “indepe” en el cielo autonómico y nos han felicitado las Pascuas con un christmas de Unión del Pueblo Leonés, en el que nos desean un buen año y nos proponen abandonar Castilla, con los apoyos de socialistas y morados. Favor que nos hacen, porque desde que Alfonso VI y los reyes leoneses impusieron el fuero juzgo a los castellanos, dados más a lo consuetudinario, no nos hemos entendido. Las cosas como son.

Y alguien en la Abogacía General del Estado ha filtrado su escrito sobre Oriol Junqueras a los independentistas antes que al Tribunal Supremo, cosa que ha irritado a los “peperos”, que se ven fuera del tablero de juego del pactismo con el trato que acaba de cerrar el PSOE con el PNV. La derechona no tiene nada que hacer en la España del desconcierto, la progresía y el puño y la rosa. Casado ha dado este lunes cuatro voces en Génova, ha pedido que comparezcan varios ministris y se vuelve ya a Palencia a brindar por Nochevieja, tras hacerse la foto con sus palafreneros navideños –Cayetanas, Marotos, Montesinos, Tejerinas, Dolors y demás– y seguir sin evaluar el batacazo electoral. Si en política lo que cuenta es el carisma, el retrato de la oposición parece de telefilme.

Las izquierdas, pues, han elaborado un “docu” que es la máxima expresión de la dialéctica del proletariado, algo que se agradecería mucho si fuese a cumplirse –aquí es cuando uno se pregunta por qué no se han puesto en marcha antes esas medidas–. Los dos de la comisión han salido al sol de diciembre, que pega fuerte según dónde, como en el porche del palacio monclovita, por ejemplo. Y nos anuncian que, de ser investido el presi en funciones, trabajarán duro para derogar parcialmente aspectos lesivos de la reforma laboral, subirán los impuestos a los ricos a lo Robin Hood style, derogarán la ley mordaza, subirán “fuertemente” el salario mínimo, actualizarán las pensiones conforme al IPC de forma permanente, crearán un Plan Nacional contra la Corrupción y reformarán el mercado eléctrico, entre otras promesas que nos han hecho, en esta felicitación de fin de año.

Y entonces es cuando el ciudadano, el “paganini” de los festejos, que está más quemado que la pipa de un indio de escucharlos a todos, empieza a echar humo por las orejas ante tanta oratoria de unos y de otros, porque a él no le pagan si no curra. Lo de las comparecencias es un hallazgo marketiniano: a los políticos se les deja hablar y se pasan de listos y de falsas promesas porque se creen que los demás somos tontos. Nada bueno se ha hecho en España en políticas sociales, que se sepa, en las últimas legislaturas. Mucho en laconismo, parálisis y envío de policías y guardiaciviles a Cataluña. Los “indepes” eran pocos y parió la abuela en Las Médulas y Sánchez, como solución, propone un Estado federal, pero no explica cómo lo piensa articular constitucionalmente ni a qué grandes “cerebros” va a recurrir. A España no se la remoza a golpe de ocurrencia, porque un diseño de Estado necesita la concurrencia de padres constitucionales, y a nosotros solo nos quedan dos, Herrero de Miñón y Miquel Roca, que no están para muchos trotes.

En 2019 nuestra clase política ha sido una hipótesis de trabajo, un plan improvisado, unas medidas y un calendario. Esta inopia se ha instalado en nuestro modo de vivir como nuestro elemento natural, o eso han tratado de hacernos. El rey Felipe VI dijo por la tele la pasada Nochebuena que esperaba esfuerzos heroicos y ejemplarizantes de los ciudadanos, y que había concedido 41 medallas al Mérito Civil a españoles ejemplarizantes. Ciudadanos y ciudadanas ejemplares hay muchos, y de ellos tenemos conocimiento cada día, incluso con largueza. Pero el político bueno, el que se entiende exactamente como el que ejerce como tal y el que vive para servir y pone en práctica su “buenez” para sacar al país de sus miserias, brilló por su ausencia en el año que se nos va como un suspiro.

En 2019 sus señorías nos fueron dejando a su paso una estela de incuria, egoísmo, narcisismo, afán presidencialista y ansia de Poder. Algo no funciona en una democracia cuando el país está en manos de los arribistas, pendientes de su culo; y de la mediocracia efebocrática hemos pasado, sin darnos cuenta, a la “parasitocracia” crónica. Por mucha inatención y negligencia política, siempre nos quedará El Quijote, Lope de Vega, Quevedo, Lorca, Velázquez, Goya, Falla, Picasso, el cocido, el ribera del Duero y la belleza de nuestras mujeres, que es la reserva espiritual patria. Y eso no depende de ningún fondo reservado. Afortunadamente, Amore.

Twitter: @dfarranz

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