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TRIBUNA

El éxito del Brexit

lunes 30 de diciembre de 2019, 20:15h

Si hubieras esperado me habrías entendido / Yo no te habría despertado de ese sueño: Ni lo pienses!

Ernest Dowson

Querida Unión,

Ya lo sé, no tenía que haberme ido, pero estoy contento, la verdad, casi todo lo que se puede estar. Y a la vez, también estoy triste, pero eso (lo de triste) me lo he traído conmigo porque allá en el continente está en el ambiente, o sea que tengo como una tristeza climática.

Cuando entré en la catedral de la capital europea para despedirme, me senté en un banco de los de atrás que están justo nada más entrar. En una catedral las bóvedas están tan altas y la oscuridad inicial es tan especial que es como entrar en un bosque de secoyas cuando afuera hace calor y el sol está venga a brillar.

Allí estaba yo dispuesto a meditar, cuando de repente empezó a sonar el órgano y me quedé absorto sentado sin nadie a mi lado, tan solo un japonés estaba al otro lado del banco igualmente paralizado. Sin atreverme a mover, vi como borrosamente una masa tenebrosa surgía en mitad de la oscuridad de la nave central: era el púlpito en el cual Adan y Eva, expulsados del Paraíso Original, marchaban contra una fiera tempestad con el viento de cara que alteraba sus caras y la vegetación virginal, la cual se inclinaba ante tanto furor natural. Grabada sobre madera oscura aquello era una viva escena de terror con la música sonando a todo fragor, pero la cosa era todavía peor porque un esqueleto con la guadaña preparada les esperaba (¡solo a Adán y Eva, espero! ) riéndose con saña, para indicarles dónde estaba la salida.

Yo había entrado porque para mi viaje solo tenía un billete de ida, pues cuando lo compré la vuelta no vendían. Si hubiera sido una rentrée como el artículo 50 del Tratado ahora prevé, puede que las cosas fueran diferentes (ahora me refiero, no entonces), pero mirándolo bien no lo creo, pues después de todo tampoco nos fue tan mal para pensar en repetir. El tiempo me ha dado más de lo que podía imaginar y si no fuimos totalmente sinceros el uno con el otro, hicimos buenos negocios ¿eh? El resto lo perdono. Puede que uno sacrifique demasiado para el éxito, pero tengo que reconocer que he prosperado, he asquerosamente prosperado.

Nuestra relación ahora ya es cosa del pasado, aunque no puedo evitar pensar que tú, Unión, actuabas como si tuvieras la clave de algo y eso tampoco me gustaba porque no es verdad. Es un error querer hacer normas sin cesar y sin escuchar a nadie, solo la música orgánica (del órgano, quiero decir) y supongo que pocas organizaciones soportarían el paso del tiempo así, con semejante acompasada actividad.

Sin embargo, Unión, no le encuentro explicación a nuestra separación ¿No era aquella unión un éxito tal aunque fuera de una manera tan poco convencional con esa innovación de soberanía por cesión? ¿Y si resulta que simplemente fue un maldito malentendido? Yo ya he pagado el pato en mi casa con mi propia unión. Yo y los que se metieron en el viaje conmigo, que fueron unos cuantos y que ahora empiezan a estar también desubicados.

No puedes haber abrigado contra mí, ningún rencor, ni tenemos nada que ajustar ¿porqué iba a haberlo? la idea es ridícula. Se me hace ahora raro pensar cuánto nos sentíamos atraídos el uno por el otro, nunca fuimos celosos, lo que pasó es que tú te negaste (a ti misma, se entiende) ante el mundo. Y yo, bueno, pues yo también me negué.

Ahora me parece haber estado más despistado que un pulpo en un garaje por aquella promesa que nos hicimos de no sacar ventaja el uno del otro. Me escribiste una carta y yo a ti otra, las echamos el mismo día. Me queda la curiosidad de sacarla del cajón y leerla otra vez. Leer escrito con tinta de bolígrafo y no a ordenador la palabra “finis”. “Me pides algo imposible”, te dije porque tú me dijiste “He escrito al resto y solo les puse ‘viens’ a cada uno de ellos, ¿tu irías a decírselo por mí?” Yo te respondí que no, “mejor entendernos sin palabras” te dije. Y así la cosa quedó.

Finalmente, siento no haber comprendido que la retirada fue una metedura de pata hasta el corvejón, pero ya no hay más discusión porque seguimos siendo socios, a nuestra manera, Unión, tu y yo, ahora que ya no somos estados unidos sino que ambos estamos más muertos que vivos, así que ¿qué te voy a reprochar cuando además es Navidad?

Juan Carlos Barros

Abogado, consultor europeo y periodista

JUAN CARLOS BARROS es abogado, consultor europeo y periodista

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